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sábado 24-02-2024

Terminar la secundaria: cómo es la organización de un Bachillerato Popular en La Plata

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Las calles se llenan de estudiantes que finalizan sus carreras universitarias y de fiestas de egresades del secundario. En Tolosa existe “El Llamador”, un proyecto de educación popular, reconocido por el Estado, donde estudiantes y docentes debaten los programas y las clases en asambleas

Diciembre es el último mes del año y en la ciudad se observa el fin de etapas educativas: egresados y egresadas de la universidad recorriendo el centro a bocinazos y empapados en espuma, o fiestas de secundarios y secundarias. Fotos con boletines y sonrisas. 

En este caso, desde Pulso Noticias en la producción radial del programa “La Primera Maraña”, en Radionauta, quisimos volver a conectar con los Bachilleratos Populares. En este complejo año de crisis económica y una elección histórica, quisimos saber cómo se mantiene este tipo de educación secundaria para adultes, basada en asambleas entre docentes y estudiantes, con una visión crítica de la realidad. 

Solana de la Torre es parte del equipo del Bachillerato “El Llamador”, que funciona en el histórico Galpón de Tolosa, en 3 y 526. La docente del equipo de Artes recorrió la história del proyecto, que comenzó en 2010, apenas dos años después el nacimiento del espacio: cuando un grupo de jóvenes ocuparon uno de los viejos galpones abandonados del ferrocarril y construyeron lo que primero fue un centro cultural y ahora un espacio de trabajo, herrería, huerta y bachillerato popular. Siempre existe una confusión de este lugar con el espacio vecino, llamado actualmente “Comunidad Ferroviaria”, que queda un poco más cerca de las vías, donde se realizan fiestas, recitales trabajos y está en relación política con parte de lo que era el partido Quebracho y su acercamiento durante los últimos años de Alberto Fernández, con Victoria Tolosa Paz. 

Por su parte, el Galpón de Tolosa está vinculado al Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), movimiento social que forma parte de la Unidad Piquetera. 

También se organiza el Carnaval en febrero

Volviendo al Bachi, Solana nos contó que “en aquellos primeros años los compañeros pensaron lo cultural en relación a la educación popular, y después de un mapeo por el barrio y una identificación de esas necesidades de muchos vecinos de poder terminar el secundario es que empiezan a cranear la escuela”, recordó.  La mayoría de esos activistas que encabezaron el proyecto eran estudiantes y graduades de facultades de la UNLP.

Así fueron pasando los primeros años, con una lista de estudiantes muy pequeña, y con un proceso de discusión interna y de poder lograr reconocimiento del barrio como una escuela: “Imagínate que el galpón hasta ese momento era un lugar donde no se sabía muy bien qué pasaba, y había sido un lugar abandonado por décadas”. 

Con años de construcción y militancia ahora las cosas cambiaron: el sábado 2 de diciembre se realizó el festejo de la 11° camada de egresados del bachi, que incluyó una fiesta con karaoke en el mismísimo galpón. 

“Fueron muchos años, debates, luchas y modificaciones a lo largo de los años en términos de dónde encarar la pedagogía, pero siempre con las mismas convicciones”, resalta Solana en relación a la lucha que llevaron adelante distintos bachilleratos de la región con el objetivo de la legalización y el reconocimiento. “Ahora somos reconocidos por el Estado y eso sirve para que les pibes y les adultes que estudian puedan tener su título”, adelanta respecto a lo conseguido en 2020.

La Coordinadora de Bachilleratos Populares en Lucha articuló los reclamos de los diferentes bachilleratos populares de la provincia de Buenos Aires desde que comenzaron a abrirse en 2003 y 2004. A traves de esa herramienta de coordinación se fueron logrando los distintos reconocimientos. Pero ¿Qué implica esa oficialización?

“Implica por un lado el reconocimiento del Estado en términos de lo económico, desde becas hasta sueldos para los docentes, que estuvimos 10 años sin cobrar; también legitimidad de un proyecto que muchas veces se leía como una cuestión como solamente alternativa”, relata la profesora. Explica que es una experiencia educativa tan válida como la escuela pública formal pero con otra forma organizativa, desde elegir la propia planta docente, no tener directivos sino organizarse de forma asamblearia para poder debatir los contenidos que se van a dar, incluso con los estudiantes. También la posibilidad de tener pareja pedagógica.

La historia de este tipo de proyectos también se remonta a la crisis del 2001 y el trabajo de las organizaciones sociales y fábricas recuperadas. “Que esto sea validado y ese título sea oficial te sirva para después conseguir un laburo un poco mejor o arrancar una carrera, para nosotros era lo fundamental”. 

Entrando por 526 y 3, se observa el inmenso Galpón de Tolosa
Se estudia y se lucha

Dinámica de clase del Bachi y el rol de las asambleas 

Durante años el bachillerato ha discutido qué formas particulares de organizarse se generan hacia el interior del espacio. En un momento se dividieron en áreas. Si bien todas se organizan a través de lineamientos generales, de la educación popular. 

Solana forma parte del Área de Arte, desde donde se intenta construir el conocimiento de manera interdisciplinar. Allí hay profes de fotografía, de pintura, de muralismo, cerámica y música. Todas esas disciplinas pensando el área en conjunto. En otra área hay personas de la Facultad de Periodismo y de Letras. “Esa mezcla te permite enriquecer los contenidos y sobre todo generar debate”, asegura. 

Otra particularidad que señala es que a medida que pasa el año les estudiantes entran cada vez más en confianza y hay mucha más participación, intervención; “incluso pueden hablar mucho de cómo les atraviesa tal tema o como vincularlo con su vida personal”. 

Respecto a las asambleas, para Solana esa es la diferencia principal entre un bachi popular y una escuela pública común, o de “educación bancaria”. Tiene que ver con la forma organizativa: “acá ellos y ellas tienen capacidad de poder decidir, de tomar decisiones en conjunto con los profes. La asamblea es el lugar de toma de decisiones horizontales y ahí me parece que es donde cambia el juego, cuando ellos no van a un espacio donde ya está todo decidido y no tienen voz ni voto para determinados cambios o para opinar ciertas cosas, sino que tienen que ser parte activa del espacio”.  

Luego durante el año la actitud participativa, aseguran, se vuelve parte de la cotidianeidad. Finalmente quienes transitan el secundario esperan o piden una asamblea para hacer un cuestionamiento, para proponer ideas. 

Nuevos viejos tiempos

Imposible era despedir la comunicación con Solana sin consultarle sobre qué vienen pensando respecto a un gobierno que promete cortar todo lo que tiene que ver con este tipo de ideas. Sin embargo, la profesora señala primeramente que la educación de adultos “tiene un nivel de vaciamiento gobierno tras gobierno, no es que hubo un momento histórico donde alguien le importó que la gente que no había terminado el secundario en tiempo y forma lo pueda terminar después; es un sector que está ahí a la deriva y que siempre ha sido particularmente desfinanciado”. 

De todos modos reconoció que todas las propuestas del presidente electo para con la educación pública y el sistema de vouchers son “barbaridades”, pero que en particular este tipo de proyectos de educación popular es donde las personas están organizadas. La coordinación entre bachilleratos ha logrado las oficializaciones y han resistido avances  donde pretendía que retrocedan. “No tengo particular miedo porque estuvimos 10 años funcionando como escuela sin oficializarnos, entonces si hay algo de lo que sabemos es de autogestión, ¿no?”. 

Finalmente Solana llamó a que de posibles ataques, es importante la lucha en unidad y resistir “defendiendo primero todo lo que hemos logrado e ir construyendo nuevos horizontes”.

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