La fiscal María Claudia Cendoya desistió de sostener la acusación tras tres jornadas de juicio sobre tres hechos de violencia de género denunciados por su ex pareja Melina Cruz. Aún así, hay otras causas penales que siguen su curso, por otras agresiones graves denunciadas
El jueves pasado comenzó el juicio a Lucas Grippo, por tres hechos de violencia de género denunciados por su ex pareja Melina Cruz, sucedidos en 2016. En ese marco, se celebraron tres audiencias en la que declararon la víctima, testigos, peritos y el acusado. Ayer al mediodía la fiscal María Claudia Cendoya, a la hora de formular los alegatos, desistió de la acusación, por lo que el denunciado quedó automáticamente absuelto.
De todas formas, Grippo sigue estando denunciado en otras causas, y continúa teniendo una medida de restricción perimetral, por la que lleva puesta una tobillera electrónica. Son al menos 13 las denuncias por violencia de género que formuló Cruz en los últimos siete años. La última de ellas, derivó en que el acusado estuviera privado de su libertad por más de 60 días, hasta que el juzgado de Garantías decidiera morigerarle la pena y cambiar de carátula del hecho que se le imputa: pasó de “tentativa de femicidio” a “lesiones leves”.
Los hechos que se analizaron en este juicio que finalizó ayer se situaban entre mayo y julio de 2016, y se trataba de amenazas, un intento de arrebatarle de las manos a la hija que tienen en común (Pilar) y un intento de atropellarla con el auto.
Para la fiscal Cendoya, en el caso de las amenazas realizadas telefónicamente, no se pudo constatar que las mismas provinieran del acusado. De todas formas, esto no significa -o al menos no se pudo argumentar en el proceso judicial- que las mismas no hubieran existido. De hecho, Cruz continuó a lo largo de los años recibiendo mensajes amenazantes e intimidatorios, y también los recibe en la actualidad, sin que la Justicia pueda determinar de dónde vienen los mismos.
En cuanto al hecho que joven denunciaba que había sucedido en la puerta del jardín San Bernardo, ubicado en barrio Hipódromo, en el cual el acusado habría querido arrebatarle a su hija, la funcionaria consideró inconsistentes las declaraciones de la denunciante, así como también de los testigos (teniendo en cuenta que ninguno había presenciado el hecho).
Por último, en lo referente al episodio con el auto, la representante del Ministerio Público Fiscal consideró que la descripción del hecho cuadraba más como un “incidente de tránsito”, que un intento o amenaza de atropellarla. También en este caso hizo referencia a inconsistencias en la declaración de Cruz.

Pero además, la fiscal valoró como elemento fundamental para tomar su decisión, la declaración de una de las peritos, Verónica Acevedo, que había intervenido en primera instancia hace dos años en la causa que se tramita en el Juzgado de Familia, que Grippo entabló contra su ex pareja por “impedimento de contacto” con su hija. La especialista diagnosticó que Cruz tiene “un trastorno borderline de la personalidad” que podría derivar en “alteraciones de la interpretación de la realidad”.
Otra perito del Juzgado de Familia Nº3 y una psicóloga que intervino en los intentos de revinculación parental de Grippo con su hija, también hicieron referencias “trastornos de la personalidad” de Cruz, aunque vinculadas a “la circulación de la hija”, o la posibilidad de contacto con su progenitor.
En estas tres declaraciones, lo que estaba ausente era situar los análisis en el marco de la denuncia de un caso de violencia de género. Se hacía hincapié en la situación de “impedimento de contacto” pero se soslayaba que en el medio había, al menos, una posible situación de violencia, con las consecuencias que la misma puede tener para cualquier tipo de vínculo.
Además, hubo otro perito, José Capurro, que contradijo esos diagnósticos y afirmó que la denunciante podía mantener “un juicio crítico de la realidad”. Este profesional había entrevistado a Cruz dos veces, una en 2017 y otra este año. En ambos casos sus conclusiones fueron similares, aunque recomendó que la joven debía retomar los tratamientos psicológicos. Cendoya basó sus conclusiones en las primeras tres pericias, no en esta última.
Cabe recordar además, que las pericias psiquiátricas ventiladas, tenían que ver con las causas tramitadas en el tribunal de familia por la tenencia de la hija que tienen en común, y precisamente el Juzgado Nº3, a cargo de Graciela Barcos, fue el que pidió que Grippo llevara una tobillera electrónica y que le negó la posibilidad de que continuara realizando presentaciones con intención de revincularse con su hija. Esto no fue mencionado en el juicio.
La palabra de Grippo
En la última audiencia, previa al momento de los alegatos, el acusado tuvo la posibilidad de dar su testimonio. Definió su relación con Cruz como “breve e informal”, a pesar de que ambos habían conocido a sus respectivas familias en el lapso en el cual la relación se sostuvo. Esa caracterización del vínculo distaba de la forma en la que su ex pareja había definido la misma.
Aseguró no entender el por qué de las denuncias, desconociendo los hechos que se le imputan, y las atribuyó al momento en el cuál decidió hacerse el análisis de ADN para asegurarse que era el padre biológico de la niña. Afirmó estar viviendo un “calvario judicial” y una “condena social”. También calificó como “nefasto” que su madre, con quien está distanciado, tenga vínculos con Cruz, y la hubiera apoyado en sus denuncias.
Señaló además, que quería seguir manteniendo la tobillera electrónica, ya que afirmó que eso evitaría que le iniciaran falsas denuncias por violar la restricción perimetral. Mencionó también la causa judicial por la que su ex pareja está siendo investigada por falsa denuncia y falsificación de instrumento público, que tiene fecha de juicio para febrero del año que viene.
En ese sentido, su abogado Ricardo Callabá, una vez que la fiscal dio a conocer su decisión de no proseguir con la acusación, pidió que Cruz sea investigada por falsa denuncia, y que su hermana -que atestiguó el primer día- sea investigada por falso testimonio, al igual que una amiga de la denunciante que también fue testigo en el proceso. El juez Eduardo Eskenazi, afirmó que acompañará los dos primeros pedidos, pero se negó hacer lo mismo con el último.

“El juicio fue de terror”
Este juicio tuvo otra particularidad. La acusación quedó totalmente en manos de la Fiscalía, que en todo momento pareció indagar más en el estado psíquico de la denunciante y la posibilidad de que estuviera mintiendo en su declaración, que en considerar la posible existencia de una situación de violencia de larga data.
Cruz no tuvo representación legal, por lo que no hubo nadie que de su parte interrogara a los testigos, ni formulara una estrategia para abordar el proceso judicial, lo que significó a lo largo del mismo, una marcada asimetría. Es decir, si bien no estaba sola, ya que estuvo acompañada por organizaciones feministas y familiares de víctimas de violencia de género, sí estuvo desamparada en términos judiciales.
“El juicio fue de terror, hubo irregularidades”, afirmó la joven tras conocerse el desenlace del juicio, en un mensaje que envió a los medios de comunicación. Entre los puntos que remarcó, hizo hincapié en el momento en que dio su extensa declaración en la primera audiencia: “Tuve que ver a mi agresor cuando declaraba, haciendo señas de que iba a ir presa. El agresor riendo en la cara de su madre, también diciéndole que iba a ir presa”.
“En todo momento me sentí atacada por la fiscal”, agregó, haciendo referencia a las insistentes preguntas de la funcionaria durante su testimonio, que llegó a interrogarla sobre por qué no había formulado denuncias previas ante los primeros síntomas de violencia, sin tener en cuenta el estado de indefención en el que suelen producirse las agresiones de pareja.
“A pesar del dolor que yo hoy siento, porque soy víctima de violencia de género y porque pasé por todo eso, todavía queda un proceso muy largo”, concluyó, en relación al resto de las causas judiciales que involucran a Grippo y que todavía están en etapa de instrucción.
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