Gastronómicos reclaman aperturas, pero: ¿qué pasa con los laburantes?

La llegada del coronavirus profundizó la precarización laboral en bares y restaurantes de la ciudad, muchos de los cuales tuvieron que cerrar. En medio de esta crisis, el sindicato del sector solo respondió a los empresarios. Y la ayuda del Estado, también los benefició a ellos. La voz de los trabajadores, en esta nota

Por Facundo Diorio

La semana pasada hubo movilizaciones en la ciudad para exigir la apertura de bares y restaurantes, en sintonía con la intención ya manifiesta del municipio platense. Fueron organizadas por las cámaras empresarias del sector y por la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (UTHGRA) seccional La Plata, el sindicato que debería representar a los trabajadores y trabajadoras.

¿Por qué “debería”? Porque según sostienen los propios empleados gastronómicos, el gremio está lejos de responder a los intereses de sus representados. Primero, porque no hay ningún trabajador del sector que esté cobrando según las escalas salariales establecidas para la actividad. No lo cumplen las empresas, y tampoco las obligan a hacerlo. Segundo, porque en este reclamo puntual de la pandemia, no hubo un acompañamiento concreto a las luchas que se han librado para defender puestos de trabajo.

Uno de los casos más emblemáticos es el del Resto Bar Malvinas, ubicado en la plaza del mismo nombre, y cuyos trabajadores quedaron sin nada tras varios meses de reclamos. Ese caso no estuvo planteado en esta última marcha, por ejemplo. Y de eso se quejan los empleados. Según explican, tanto los empresarios como el sindicato siguen permitiendo esos niveles de precariedad.

“El Ministerio de Trabajo no hizo nada, el sindicato de gastronómicos tampoco, solamente se comunicaron en un momento pero después no me respondieron más. Quedó la situación en la nada”, expresó a Pulso Noticias Evelyn, una de las chicas que perdió el trabajo al igual que muchas de sus compañeras.

“El Resto Bar volvió a abrir con nuevos dueños, entre comillas, porque en realidad siguen siendo los mismos, con la diferencia que no figuran en los papeles. El nuevo dueño era el encargado del Pasaje Dardo Rocha”, agregó sobre cómo se las ingenian para sortear las responsabilidades legales. “Respecto a lo laboral no hay novedad de nada”, lamentó.

Pero el de 19 y 51 no es el único caso que expresa la adversa situación a la que se exponen los gastronómicos. Sucede hasta en las cadenas más grandes y reconocidas, que emplean a más cantidad de trabajadores, y que ni siquiera respetan todo lo que deberían respetar.

Pandemia y un panorama más negro

Cuando se decretó el Aislamiento Social y Obligatorio por coronavirus el 20 de marzo, todos los bares y restaurantes de la ciudad cerraron obligados por el contexto sanitario. Al menos por 15 días. Después de eso, comenzaron a funcionar bajo la modalidad delivery y el “take away” (clientes que retiran en el local lo que pidieron previamente).

Eso hizo que los empleados vuelvan a trabajar. Pero, ¿quiénes? Solamente los que tienen la suerte de estar en blanco. Completa o parcialmente. “Es un rubro donde la norma es la informalidad”, contó a Pulso Noticias uno de los trabajadores de una reconocida cadena de cervecerías que comienza con “A”. Su apodo es Cletus, y prefirió resguardar su identidad para esta nota.

El joven, que trabaja hace tres años en una de las sucursales de la firma, es además delegado gremial de sus compañeros y dio detalles de lo que generó el Aislamiento en el ámbito de trabajo. “Después de los primeros 15 días tuvimos que reinventar el laburo porque es como una empresa de reparto. Tuvimos que aprender a usar moto para repartir, recibir llamados, organizar pedidos”, contó sobre cómo debieron adaptarse.

Pero ojalá esa multiplicidad de tareas fuera el único problema. “Nosotros por ejemplo estamos con cuatro horas en blanco y el resto nos la pagan en negro”, ejemplificó Cletus. Y agregó: “Son pibes jóvenes, que están en un momento pasajero y después se van, eso hace que los puedan precarizar”, detalló sobre las condiciones a las que se exponen quienes incursionan en la gastronomía en La Plata.

Una protesta de los patrones

La manifestación que se realizó el 4 de septiembre para pedir la reapertura de bares y restaurantes fue impulsada por la Cámara de Empresarios Gastronómicos de La Plata (PULPA) y tuvo una amplia cobertura mediática. Comenzó en 12 y 51 y terminó frente a Gobernación, donde elevaron un petitorio a la administración provincial.

Los representantes de PULPA también tuvieron reuniones previas con autoridades municipales y con el propio intendente Julio Garro, quien realizó hace algunas semanas el pedido formal al gobierno de la Provincia para avanzar en aperturas escalonadas para el sector. Algo que, en los hechos, ya se está dando sin estar permitido.

Incluso, no han tenido tapujos en reconocerlo. “Pensamos abrir el próximo lunes, más allá de tener la habilitación o no. Pondremos mesas en las veredas y terrazas”, declaró Carlos Leuzzi, titular de la Cámara Empresaria, en relación a esta semana.

La ATP, un beneficio para esos dueños

Uno de las ayudas más importantes que comenzó a brindar el gobierno para paliar los efectos de la actual crisis económica fue la Ayuda al Trabajo y la Producción (ATP), un subsidio destinado a cubrir un porcentaje del sueldo de los trabajadores. Pero claro, de los que están en blanco.

En la ciudad, fueron muchas las empresas que accedieron a este beneficio, lo que les permitió cubrir la mayor parte del salario de sus empleados en actividad. Y como los sueldos en la gastronomía local apenas rondan un salario mínimo, con esos 16.500 pesos garantizan casi la totalidad de algunos de los sueldos. En el caso de “A”, en un promedio del 70%.

“En nuestro caso se hizo el arreglo de recibir el ATP más el resto del sueldo de parte de nuestro patrón. Cobramos el 100%. Pero hay algunos bares que solo les dan lo del ATP”, explicó Cletus. “Pero es más una ayuda para los empresarios que para los trabajadores”, reforzó sobre ese aporte del Estado.

“La movilización de ´queremos trabajar´ no responde a los intereses de los gastronómicos”, dijo y detalló que en los grupos de delegados lo que ellos plantearon fue que “agreguemos consignas. Que vuelvan los compañeros que siguen echados. Que haya aumento salarial”.

“Ya antes de la pandemia hicimos reclamos salariales. Y la respuesta fue ´bueno ustedes tienen la suerte de estar en blanco´. La discusión está ahí”, consideró. “No le veo lógica al reclamo que se hace de parte de la patronal y del gremio. En qué momento nos va a ir bien a nosotros como trabajadores. Un poco ahí se cae este reclamo”, sintetizó.

El IFE, un salvavidas a la precarización

El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de 10.000 pesos -que se cobró al menos en tres oportunidades- sirvió para que aquellos empleados que no están formalizados puedan afrontar las adversidades de estos meses sin trabajo. Ayudantes de cocina, mozas y bacheros aún esperan el retorno a sus puestos. Pero mientras tanto, se las rebuscan para solventar sus gastos.

Si bien es un aporte importante para los que no tienen nada, lejos está de significar una solución a su condición laboral precaria. “Reconozco que hay compañeros que la están pasando muy mal, porque hay familias que con el IFE no les alcanza”, explicó el trabajador consultado. “No te queda otra que organizarte aparte o por tus propios medios”, consideró, “la precarización sigue existiendo”.

¿Alguien puede pensar en los mozos?

Alejandro Aguirre, vicepresidente de PULPA, sostuvo a Pulso Noticias el día de la movilización que se reclama “la apertura inmediata del exterior de los restaurantes” y agregó que “necesitamos abrir o abrir”. Incluso sostuvo que “es mucho más sano ir a comer a un restaurante con protocolo a que la gente se junte en casas particulares”.

Pero claro, en ningún momento de su declaración mostró empatía con el trabajador, sin siquiera considerar la exposición al contagio que tendría un mozo o una moza en estas circunstancias. Sin dudas será un riesgo importante para ellos, con varias personas rotando por las mesas. Y así lo advirtió Cletus: “Por más protocolo que vos tengas, está demostrado que hay gente contagiada de todas formas”, aclaró.

Lo cierto es que por el momento no hay nada de esto habilitado. Algo que parece no importarle demasiado a algunos empresarios. Quieran o no, es el gobierno bonaerense el que tiene que dar el visto bueno final a la propuesta de los municipios. Y por ahora, los contagios no se detienen. 

Ver además: Gastronomía en negro: el detrás de la cocina en La Plata

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