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viernes 27-05-2022

¿Por qué reclaman los cooperativistas?

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Redaccion Pulso
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Somos un medio de comunicación cooperativo que se conformó luego de los despidos ilegales en el diario Hoy y en la radio Red 92 de La Plata, sucedidos a principios de 2018. Sin laburo y con la intención de mantener nuestros puestos de trabajo, un grupo de periodistas, correctorxs, fotógrafes, locutorxs, productorxs audiovisuales y diseñadorxs decidimos organizarnos de forma colectiva.

“¡Otra vez están cortando, quieren ser mantenidos por el Estado! ¡Vagos!”, grita un hombre desde el Peugeot 306 que apenas se lo ve desde sus vidrios polarizados. ¿Qué es un cooperativista? ¿Qué es un movimiento social? ¿Cómo se vive con seis mil pesos por mes? Las cooperativistas de los movimientos sociales plantaron carpa en el municipio y consiguieron nuevos puestos laborales y un aumento salarial

Por Ramiro Laterza

Este jueves a las 15.30 finalmente funcionarios municipales convocaron a los referentes de los movimientos sociales, que estaban junto a unos 500 vecinos acampando en la puerta del palacio, y acordaron la apertura de nuevos puestos laborales (aunque posiblemente sean la mitad de los que habían prometido en diciembre) y un aumento salarial del que todavía se desconoce el porcentaje (pero deberá ser mayor al 5% ofrecido previamente). Pero ¿qué es un cooperativista? ¿Por qué están con banderas de agrupaciones políticas?

Los movimientos sociales de nuestro país tienen una historia marcada por sus distintas relaciones con los gobiernos de turno. Se trata de organizaciones que nacen directamente desde los barrios, asentamientos o “villas”, donde el sector que se organiza es el del desempleado.

Así fue que durante el menemismo en los 90´, de privatizaciones, neoliberalismo, cierres de fábricas, miles de personas quedaron en la más absoluta miseria debiendo organizarse para poder sobrevivir: así nacieron los piquetes que, con algunos años de experiencia y crecimiento de estas organizaciones barriales (por necesidad y por militancia política), comenzaron a generar sus propios espacios de trabajo autogestionado.

Asambleas de vecinas y vecinos para debatir qué camino tomar, comedores populares, merenderos, apoyo escolar, talleres, luego cooperativas de construcción, de barrido, de zanjeo, herrería, cocina, jardines de compañeras para sus hijos, etc.

Así los movimientos fueron creciendo en todo el país, cada uno con sus perspectivas políticas respecto a la independencia o no de los gobiernos. Barrios enteros con construcción gestionada por las agrupaciones, casas de la mujer, escuelas primarias y secundarias, formación política, entre otras construcciones.

En La Plata, durante el gobierno de Pablo Bruera comenzó una apertura -de la mano de una política nacional a cargo de Alicia Kirchner- de generar cooperativas de trabajo dependientes del municipio, pero con posibilidad de que los movimientos gestionen qué tipo de trabajos realizar: mejoras en sus barrios, por ejemplo.

En la actualidad, la ciudadanía (o por lo menos la clase media urbana) reconoce a los cooperativistas sobretodo por la limpieza de las calles: muchachos y mujeres de chaleco amarillo, barriendo las veredas todas las madrugadas, charlando y escuchando música en auriculares.

Sin embargo, ante una grave crisis económica y de inflación galopante, los movimientos sociales comenzaron a recibir decenas y centenas de vecinos que se acercaron a los espacios para poder tener un plato de comida, conseguir un trabajo en alguna cooperativa, o terminar el colegio con la esperanza de un futuro mejor. Por eso, las organizaciones y sus militantes vecinales se ven en la necesidad de pedir al municipio que se aumenten la cantidad de cupos que otorga el Estado para trabajos cooperativos. Además la disputa que dan con el gobierno local es por un aumento en el sueldo, que en promedio es de $5.700 y que “nos obliga a vivir por abajo de la indigencia”, argumentan respecto a los valores del Indec de la canasta familiar y la pobreza. Por su parte, el municipio expresó que pone 160 millones de pesos al año en obras y servicios y que en diciembre ya dio una suba del 16%.

Una reacción ante la miseria

Alicia tiene 60 años y vive en el barrio “La Bajada” de Tolosa por 526 y 121. Junto a otra vecina armó un comedor hace casi tres años atrás: “se empezó a pulmón, porque la gente estaba muy necesitada, se armaban muchas casillas, muchos nenes en la calle”; así es que empezó a hacer una copa de leche y la gente se empezó a acercar, contó a Pulso Noticias.

Lo de Alicia fue una reacción, una cuestión de solidaridad: “veíamos a muchos chiquitos que solo tenían un sanguchito de la escuela para comer, entonces venían a la copa y se ponían contentos y empezaron a haber cada vez más”, explicó Alicia que además agregó que hay unas 10 personas que participan del comedor que están en espera a que les llegue un cupo para trabajar en alguna cooperativa del barrio. Para Alicia la pobreza en el barrio se nota mucho: “la gente vive juntando cartones en los carros”.

Así es la historia de esta mujer, nacida en Berazategui. “Vine a parar a una villa en Tolosa en el 2004 y ahí me quedé sin el plan, entonces veía que la gente salía con una bicicleta a pedir así que hice lo mismo, después juntando cartones y fierro en un carrito, junto a mis hijos que iban a la escuela…. yo soy viuda”, comenzó a recordar uno de los tantos momentos tristes de su vida, de los que siempre saldrá a fuerza de garra y organización.

“Iba casa por casa pidiendo, y a nosotros nos ayudaban porque eramos limpios y nos ofrecieron trabajo: limpiabamos veredas por mercadería, después cuidando abuelos”, ahí -relata- conoció el “Bachillerato del Galpón de Tolosa” y finalizó el colegio secundario: “Dejé el carrito, trabajaba y estudiaba hasta que terminé el colegio y seguí haciendo cursos… pero no me querían poner en blanco en los trabajos, entonces dejaba”.

Respecto a su presencia como referenta del barrio, Alicia explicó: “Queremos más puestos de trabajo y aumento, porque con $6.000 no les alcanza a los vecinos, así que salen con los carritos a cartonear y a buscar comida en los comedores”.

Huerta orgánica

Shirley tiene 22 años y vino de Paraguay en el 2010. Trabaja en una Cooperativa Ambiental: “Cuidamos el ambiente del barrio, recolectamos botellas de las casas y hacemos la tierra orgánica por la contaminación”, explicó. Con las botellas y basura orgánica que tira la gente, hacen macetas y un compost, así estas cooperativistas generaron una huerta con la que cosechan verduras para los vecinos y para la comida del comedor popular al que acuden las familias.  

Todo ese trabajo es lo que hacen las mujeres (además de estudiar) para ganar ese Plan. “No alcanza del todo pero se sustenta”. Además hay cooperativa de barrido, que también limpia las zanjas, y otra de guardería que cuida los chicos de las compañeras.

Es en Altos de San Lorenzo, en la zona de 17 y 90. Se llama “Expropiemos el Futuro” y Shirley vive a dos cuadras.  Hace un año y medio que participa ahí. “Falta mucho trabajo en el barrio, cada vez viene más gente a pedir entrar en alguna cooperativa en el centro comunitario”, explica; “pero no están los cupos, no salen las tarjetas”.

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