Raverta es Villa San Carlos

Mauro comenzó una nueva temporada ligado al Celeste de Berisso. Con más de quince años en el club, esta vez lo hará desde otro lugar: “me crié acá, este club me dio todo”, le dijo a Pulso Noticias

Por Lucas Mazzuca

El apellido Raverta está directamente ligado al club Villa San Carlos de Berisso. Tanto por Mauro como así también por su hermano Gonzalo e incluso por el padre de ambos, que es el hincha número uno de sus hijos.

Mauro, quien durante más de quince años se calzó la camiseta del Celeste para defender tanto el lateral derecho como el izquierdo, ayer dio su primer paso como ayudante de campo de Miguel Restelli, a quien conoce desde hace varios años, cuando Restelli acompañaba a Ricardo Rezza.

El “Pollo” se hizo un momento para recibir a Pulso Noticias nada menos que en el Genacio Sálice mientras junto al cuerpo técnico y la dirigencia rearman el plantel para lo que será una nueva temporada en la Primera C, un torneo del que no partipa desde 2009 cuando ascendió a la B Metropolitana.

A sus casi 37 años, con la humildad y la seriedad de siempre, el ahora exjugador se siente parte del club. Durante la entrevista eso quedó muy claro. Mientras respondía preguntas, charlaba con el encargado de cuidar el estadio sobre distintas cosas que se pueden mejorar, tanto de la tribuna y los vestuarios como del campo de juego. Desde siempre, y a pesar de que ya lleva quince años en el club, manifiesta su agradecimiento para la institución que le abrió las puertas cuando le tocó quedar libre en Estudiantes, lo cual no fue fácil. Tanto fue lo que Villa San Carlos le dio que recién el último día como jugador y tras recibir el cariño de los hinchas sintió que le había devuelto una parte.

-¿Qué significa Villa San Carlos para vos?
-Es mi segunda casa. Me crié acá, este club me dio todo. He conocido muchísima gente humilde y de gran corazón. Es mi segunda familia. Salgo de mi casa y vengo acá. Para mí este club es grandísimo, lo siento y lo valoro así. No puedo dejar de fijarme en todos los detalles de sentirme parte de todo, por ahí es algo que debería cambiar, pero no puedo. Acá los recursos no sobran, los que trabajan lo hacen a puro corazón. Todo lo que hay, hay que cuidarlo.

-¿Cómo sentís esto de pasar de jugador a ser parte del cuerpo técnico?
-Me está pasando que por ahí todavía no dejé de ser jugador. Días atrás me hicieron un reconocimiento y se me vinieron muchos recuerdos a la cabeza porque fueron quince años jugando con esta camiseta. Pero quiero agradecerle a Miguel Restelli que me dio la oportunidad de trabajar con él. Me fui preparando de a poco: hice el curso de entrenador hace unos años y tenía en mente empezar a trabajar con divisiones inferiores, pero llegó el llamado de Miguel y me gustó la idea y la confianza que depositó en mí. Lo conozco, lo tuve junto con Rezza y tanto de él como de Ricardo aprendí mucho y sigo aprendiendo.

-¿En qué situación está el club?
-Se sostuvo como institución y fue creciendo sostenidamente con el paso del tiempo, pero le costó en lo futbolístico: después haber jugado en la B Nacional nos agarró un bajón del que no nos pudimos reponer nunca. Fue un golpe duro producto de varios errores consecutivos. Pero obviamente hay que hacerse cargo entre todos y sacarlo otra vez adelante. Siempre digo que en Villa San Carlos nada es imposible, pudimos pasar de pelear por no descender a la D, a jugar contra Independiente, Banfield y Huracán en pocos años. Con compromiso y humildad se pueden conseguir grandes cosas.

-¿Qué objetivos se plantean en lo futbolístico?
-El primer objetivo es rearmar el plantel. Como todo equipo que desciende de categoría sufrimos un recambio, pero estamos trabajando en eso. Estamos buscando jugadores y ya vamos de a poco acomodándonos. Hay que formar un buen grupo, eso es lo más importante.

-¿Cómo fue tu despedida como jugador?
-Triste, porque no quería que descienda San Carlos. La verdad que fue fea, pero ya hay que pensar en la reconstrucción, hay que seguir y mirar para adelante. Me quedo con todos los momentos vividos y con el cariño que me brindó la gente en el último partido que jugamos en Berisso, a pesar de que el equipo se estaba jugando el descenso.

-¿Tu familia cómo vive esta nueva etapa de tu vida?
-Mi familia estaba acostumbrada a vernos jugar juntos a Gonzalo y a mí, siempre defendiendo la misma camiseta y a veces hasta por el mismo sector. Ahora es algo distinto: mi viejo ya está sufriendo, tiene miedo de que lo saque a mi hermano (risas). Pero están contentos de que siga en la institución. Mi familia y yo somos unos agradecidos a este club, que me abrió las puertas cuando me tocó irme de Estudiantes. Y no solo me recibió a mí, sino también a mi hermano.

-¿Qué sabés de la Primera C?
-Me tocó jugarla varias veces ya. Siete años estuve. Fue cambiando mucho y para mejor. Hay muchos rivales de mucha jerarquía, pero bien sabemos que con los nombres no alcanza para ganar partidos y también sabemos que ya no somos el mismo Villa San Carlos de hace diez años, atrás cuando nos fuimos de la C. Ahora nos ganamos un respeto, nos miran de otra manera.

En las buenas y en las malas…

Mauro Raverta estuvo más de quince años vistiendo los colores de Villa San Carlos. Cuando arribó, parecía una utopía ascender a la B Metropolitana, lugar al cual el Celeste nunca en su historia había llegado. Tan imposible era que el propio Pollo recuerda: “En este club no había nada. Ni siquiera juntábamos 22 jugadores para hacer una práctica de fútbol”. Sin embargo, el Cele se consagró campeón de la C en mayo de 2009, tras empatar nada menos que con Cambaceres en el estadio de Gimnasia y en 2013 se consagró campeón de la B Metropolitana con lo cual obtuvo el pasaje a la segunda categoría del fútbol argentino, algo histórico e impensado. Es por esto que el “Pollo” sí puede hacerse eco de esa famosa frase futbolera: “En las buenas y en las malas”, porque las vivió todas con la casaca Celeste.

Fotos: Nicolás Braicovich

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