El 76% del trabajo doméstico no remunerado lo realizan las mujeres

Se trata del sector con mayor precarización y maltrato laboral. La Organización Internacional del Trabajo alertó sobre la insuficiencia de respuestas políticas a la creciente demanda y cuantificación de la extensión de la carga de cuidados que recae sobre las mujeres

Por Estefanía Velo

En el imaginario social está presente que quien debe realizar las tareas del hogar es la mujer. Ese estereotipo se reproduce en los diferentes ámbitos de la vida, desde los juguetes para las niñas, que en algunos casos son utensilios y elementos de cocina y limpieza que contribuyen a formar un determinado comportamiento en “la familia”, hasta las publicidades en los medios de comunicación que ubican a la mujer en un rol categórico.

Por otro lado, el trabajo doméstico es definido por la filósofa feminista Silvia Federici como “trabajo reproductivo”, ya que son tareas para garantizar la reproducción humana, siendo los menos pagos y más informales. Según informó la organización Economía Feminista, “el 76 % del trabajo no remunerado es realizado por mujeres”, que en la mayoría de los casos tienen otro trabajo remunerado y precarizado. Mientras tanto, el sueldo de aquellas empleadas domésticas que lo perciben se ubica por debajo de la canasta básica: por jornada completa de 32 a 48 horas semanales cobran $8.837, según indica su reciente convenio colectivo.

A principio de año se viralizó un audio de WhatsApp del ministro de Trabajo de la Nación, Jorge Triaca, en el cual maltrataba y despedía a su empleada, quien había sido blanqueada quince días antes de que el funcionario asumiera en su cargo, habiendo mantenido una relación laboral no registrada por más de tres años. Esa situación se repite de manera constante, “tan solo una de cada cuatro trabajadoras domésticas está registrada, pero la precarización va más allá de su condición en materia de seguridad social”, afirmó Candelaria Botto integrante de Economía Feminista. Y agregó: “De esta forma, el empleo doméstico se configura como un sector sin expectativas de crecimiento profesional, atravesado por innumerables maltratos, abusos y una delimitación poco precisa de sus tareas”. 

Las tareas a realizar son muy amplias: cocina y limpieza, planificaciones y compras, pasear a la mascota, cuidados de hijos u otros familiares ancianos o discapacitado. Recién en 2013 se estableció el Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el personal de casas particulares, aunque es un convenio impreciso en cuanto a las funciones concretas que deben cumplir y muchas empleadas siguen permaneciendo por fuera, ya que según el informe de Economía Feminista el 72% del empleo doméstico es informal.

“En la Argentina, las horas que las mujeres dedican a las tareas del hogar y el cuidado de menores y ancianos no disminuyeron. Esto implica una doble jornada laboral para la mayoría de las mujeres trabajadoras, por lo tanto menos horas para descansar, estudiar y disfrutar del tiempo libre”, aseguraron desde Economía Feminista.

A su vez, Silvia Federici manifestó que una de las razones por las que las mujeres tienen salarios más bajos que los varones “es porque cuando salimos a trabajar los empleadores saben que estamos desesperadas, que estamos acostumbradas a trabajar por nada. No es coincidencia que los trabajos femeninos, aún de mujeres que no tienen hijos, que no tienen familia, son sistemáticamente peor pagos”.

Crisis, ajuste y cuidado de personas

En tanto, la OIT insta a que se adopten medidas urgentes para prevenir la inminente crisis mundial de los cuidados a la persona. Según el informe de la OIT, “los cambios radicales en las políticas deberían hacer frente a la creciente necesidad de cuidados y abordar la enorme disparidad entre mujeres y hombres en las responsabilidades familiares y de atención. Las cifras muestran que las mujeres dedican más de tres cuartas partes del tiempo empleado en el trabajo de cuidado no remunerado”. Además, el informe señala que alrededor de 269 millones de nuevos empleos, en el mundo, podrían ser creados si se duplicasen las inversiones en educación, salud y trabajo social de aquí a 2030.

Cabe mencionar que en las épocas de crisis y ajuste, las mujeres son las que en mayor medida sufren las consecuencias, ya que muchas veces son las primeras en abandonar sus trabajos, precarizados, para realizar las tareas del hogar, porque es el primer recorte que realizan las familias de clase media (guardería, limpieza, etc) o bien son las primeras despedidas en los ajustes empresariales ya que creen que son las que más gastos le generan o podrían generarle.

Sin embargo, ¿cuál es el rol del Estado para afrontar estas problemáticas y abordarlo con una perspectiva de género? Por un lado, en el Congreso hay varios proyectos de ley que apuntan a darle un abordaje integral. Por ejemplo, el año pasado la presidenta del bloque de Diputados del Partido Socialista, Alicia Ciciliani, presentó un proyecto de ley sobre Creación del Sistema Federal de Cuidados (Expte. 2350-D-2017). Por su parte, Ciciliani señaló que esa iniciativa busca construir una herramienta donde el cuidado deje de ser una cuestión individual principalmente de las mujeres, para pasar a ser un derecho de los ciudadanos provisto corresponsablemente entre el Estado, las empresas, las personas y las organizaciones de la sociedad civil.

Por otro, Melina Deledicque en representación de la Cátedra Libre Virginia Bolten de la UNLP, expresó a Pulso Noticias que una de las dimensiones esenciales que debe integrarse en el diseño de las políticas públicas con enfoque de género es el reparto equitativo de responsabilidades de cuidado y su conciliación con la vida laboral.

“El ajuste en el Estado reduce el alcance de las políticas sociales, disminuyendo los ingresos de los hogares y aumentando la carga de trabajo no remunerado (doméstico y de cuidados) que en general realizan las mujeres, en particular en los hogares más pobres”, aseguró. A modo de ejemplo, señaló: “Desaparecen muchos programas de capacitación, becas, pensiones por discapacidad, etc; el programa Progresar se desarma y la Asignación Universal por Hijo se ve desvalorizada por el aumento de la inflación; la desarticulación de los programas Ellas Hacen y Argentina Trabaja (que son integrados en el nuevo programa Hacemos Futuro) fractura procesos de trabajo colectivo en los barrios que eran liderados por las mujeres.

En suma, los datos del Indec señalan que en el primer trimestre de 2018, más mujeres buscan empleo, por lo que aumenta la tasa de actividad, y no lo consiguen, con el consecuente incremento en la desocupación femenina, que alcanzó el 10,6% de la población económicamente activa. Esta tendencia es acrecentada en el caso de las mujeres jóvenes: la tasa de desocupación específica llegó al 20,9% para las jóvenes de 14 a 29 años.

Por último, en sintonía con el informe de la OIT, si no se abordan de manera adecuada los déficits actuales en el trabajo doméstico y la prestación de cuidados, “se generará una crisis del cuidado global insostenible” y aumentarán aún más las desigualdades de género en el mundo laboral, generando hasta una mayor conflictividad social promovida por el movimiento feminista que viene siendo el sector más dinámico de la sociedad.

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