“Me puso la pistola en el cuello y gatilló”: tenía 10 años cuando la CNU irrumpió en su casa

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Walter Fabián Martini puso en palabras, 50 años después, la noche que lo marcó para siempre en su casa de Villa Elisa. En el segundo tramo del juicio a la CNU, relató ante el tribunal cómo fue el secuestro y asesinato de su hermana Graciela

La memoria de Walter Fabián Martini conserva imágenes que ningún niño debería recordar. Tenía apenas 10 años cuando, durante la noche del 3 al 4 de abril de 1976, un grupo armado irrumpió en la casa familiar de Villa Elisa donde se encontraba solo junto a su madre. Casi cincuenta años después, volvió a declarar ante el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata en el juicio que investiga los crímenes cometidos por la Concentración Nacional Universitaria (CNU).

Walter ya había brindado testimonio en el juicio realizado en 2017. Esta vez, interrogado por la auxiliar fiscal Ana Oberlín, reconstruyó con notable precisión una de las noches más traumáticas de su vida: el operativo que precedió al secuestro y asesinato de su hermana, Graciela Herminia Martini, y de su compañero Néstor Hugo Dinoto.

“Yo tenía 10 años”, repitió varias veces durante su declaración. Esa edad atraviesa todo su relato. La mirada infantil con la que observó los hechos permite dimensionar la violencia desplegada por el grupo parapolicial. Podés ver el testimonio completo acá.

Aquella noche, Graciela, de 25 años, había salido a cenar a La Plata junto a Néstor, quien estudiaba medicina, y otra pareja amiga. En la casa quedaron Walter y su madre, que atravesaba problemas de salud mental. Cerca de las 11 de la noche comenzaron los gritos y los golpes contra la puerta.

Desde una ventana, el niño observó vehículos apostados en las esquinas y hombres armados. Cuando intentó llamar por teléfono, escuchó una amenaza desde el otro lado de la puerta: “No llames a nadie porque el que va a venir es boleta. Y la policía tampoco va a venir”.

Los atacantes comenzaron a destrozar la puerta con un hacha. Ante el temor de que la derribaran, Walter decidió abrir. Ingresaron cinco hombres armados. Uno de ellos, de mayor edad, llevaba el rostro parcialmente cubierto. Los otros vestían borceguíes, pantalones camuflados y portaban armas largas.

Durante horas sometieron a la familia a interrogatorios sobre la militancia de Graciela, la existencia de armas, panfletos o escondites dentro de la vivienda. Como su madre casi no hablaba, era el niño quien respondía las preguntas.

En uno de los momentos más estremecedores del relato, Walter recordó cómo los atacantes comenzaron a golpear a su madre.

“Me paré para ir hacia donde estaba ella y el hombre mayor me agarró del cuello, me puso la pistola acá y gatilló. Me dijo: ‘Quedate quieto porque te mato'”.

La escena fue relatada por quien entonces era apenas un alumno de cuarto grado de la Escuela N°14 de Villa Elisa.

Los integrantes de la patota recorrieron toda la casa. Rompieron pisos con un hacha buscando supuestos escondites, revolvieron habitaciones y quemaron libros, fotografías y pertenencias de la familia. Mientras tanto, uno de ellos intentó justificar el operativo ante el niño.

“Tu hermana milita en un partido”, le dijo. Y agregó una frase que Walter nunca olvidó: “Agradecé que sos hermano y no hijo, porque si no no la contabas”.

Con el paso de las horas, los hombres se mostraban cada vez más nerviosos. Incluso se llevaron a su madre para intentar obtener información sobre el paradero de Graciela y sus compañeras. Finalmente, encerraron a Walter y a ella en un pequeño espacio bajo la escalera.

Desde allí escuchó corridas, vehículos acelerando y una intensa ráfaga de disparos.

Al día siguiente, un tío encontró la puerta destrozada y logró liberarlos. Poco después comenzaron las gestiones desesperadas para encontrar a Graciela y Néstor. La denuncia fue presentada en la comisaría de Villa Elisa, aunque, según recordó Walter, “todavía estoy esperando que vengan”, en referencia a la ausencia de cualquier investigación policial.

Asesinato de la pareja y seguir la adolescencia

Los cuerpos aparecieron horas después en las afueras de La Plata. Walter recordó haber visto a su hermana durante el velorio. “Tenía marcas de cigarrillo en la piel”, declaró ante el tribunal.

La violencia no terminó con el asesinato. Walter también relató las secuelas que atravesó la familia. Su madre se encerró en sí misma y profundizó su cuadro de salud mental. Su padre y su hermano continuaron trabajando fuera de la ciudad. Él quedó prácticamente solo al cuidado de su madre.

“Yo salía para la escuela y dejaba cosas trabando las puertas para saber si alguien había entrado. Tenía miedo de volver y encontrar que había pasado algo”, recordó.

Durante su declaración también contó que, antes del secuestro, había advertido que un automóvil seguía a su hermana cuando ella realizaba actividades militantes en Villa Elisa. “Era siempre el mismo Peugeot color claro”, recordó. Y a la hora de recordar a su papá, recordó cómo desde principio de los 70`ya le decía a su hija: “si seguis militando un día te voy a encontrar en una zanja… y así sucedió”.

Nazis accionando en La Plata

Casi medio siglo después, el relato de Walter Martini sigue reconstruyendo una verdad fundamental para el juicio: detrás de los expedientes y las cifras del terrorismo paraestatal hubo hijos e hijas que crecieron marcados por el horror.

Su testimonio no sólo reconstruye el accionar de la CNU; también devuelve la dimensión humana de una violencia que irrumpió en una casa familiar y transformó para siempre la vida de un chico de 10 años.

Un juicio que relata el horror

El testimonio de Walter Martini también permite dimensionar una de las particularidades más oscuras del terrorismo de Estado en La Plata: la actuación de la CNU como una estructura parapolicial que operaba con los mismos métodos —e incluso con niveles extremos de violencia— que las fuerzas represivas.

Los hombres que irrumpieron en su casa no se identificaron como policías ni actuaron bajo ninguna legalidad. Sin embargo, realizaron allanamientos ilegales, secuestraron personas, torturaron, amenazaron a una familia y terminaron participando de un crimen político.

Esa es precisamente la importancia de este segundo tramo del juicio, que tiene en el banquillo a Carlos Ernesto “El Indio” Castillo, Juan José “Pipi” Pomares y Antonio Agustín De Jesús: establecer las responsabilidades de quienes integraron una organización que, antes y durante el golpe de Estado, sembró el terror en La Plata actuando en coordinación con el aparato represivo y contribuyendo a la persecución y eliminación de militantes políticos y sociales.

Podés ver todas las audiencias acá, en el canal de La Retaguardia, de esta transmisión conjunta entre Pulso y La Retaguardia. La próxima audiencia es el 6 de julio a las 09.30 am, en Tribunales Federales de 8 y 50, donde se puede acudir a observar el juicio.

“Indio” Castillo, preso por formar parte de la CNU Foto: Télam
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