“Siempre tuve buen comportamiento, nunca tuve nada que revisar”

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Dijo Federico Secco después de la tercera audiencia en el juicio que lo imputa por abuso sexual gravemente ultrajante por un hecho ocurrido en febrero de 2017 en una fiesta en el barrio privado Los Ceibos, en La Plata. La denuncia, hecha por una joven que participó de la fiesta, involucró a tres rugbiers del Club San Luis. Los alegatos se escucharán el lunes 26 de octubre 

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En la madrugada del 19 de febrero de 2017, un grupo de amigos, pertenecientes a la división ‘98 y ‘00 del Club San Luis organizó una fiesta -una previa-  en una casa del barrio privado Los Ceibos, en City Bell. C. tenía 17 años, iba al Colegio Estrada y fue a la fiesta con una amiga.

Ocho años después, C. es la primera en declarar ante el Tribunal Oral Criminal I de La Plata. Está denunciando a Federico Secco por abuso sexual gravemente ultrajante.

Pese a que la denuncia también incluye a dos personas más, solo uno de los implicados fue juzgado en esta instancia, ya que otro de ellos era menor de edad al momento del hecho y ya recibió su sentencia en el Fuero Penal Juvenil y el tercer implicado nunca fue identificado. 

La declaración de C. 

Pidió hacerlo sin ver al imputado pero no hay una sala contigua donde él pueda esperar. Por eso, el Tribunal le propone al imputado que se siente detrás de unos pizarrones que hacen de biombo, en un rincón de la sala, junto a una ventana. Desde el lugar donde C. tiene que declarar, todavía puede ver su reflejo. Una de las abogadas debe colgar su piloto sobre el pizarrón para evitarlo.

Antes de empezar, C. se larga a llorar.

—Estoy muy nerviosa.

Cuando le preguntan por qué, responde:

—Porque sufrí un abuso sexual.

La jueza intenta tranquilizarla y le explica que puede tomarse su tiempo. C. escucha y dice:

—Quiero que se termine.

—¿Qué? —pregunta la jueza.

—Este proceso. Quiero seguir con mi vida. Perdón.

—No pidas perdón —le responde la jueza.

Entonces, C. empieza a contar lo que pasó.

La agresión en la fiesta de Los Ceibos

El quincho de “la familia  Piatti”, donde sucedió la fiesta, estaba en el lote 108 del barrio privado Los Ceibos (en la calle 453, entre 133 y 138) en City Bell, La Plata. Esa noche el grupo de amigos del San Luis había organizado una previa e invitaron a “unas chicas para pasarla bien”. 

Según las descripciones de quienes declararon en el juicio, en el quincho no había mucho más que una mesa, una barra llena de bebidas y unos sillones. Durante la noche, jugaron juegos de cartas y, quienes perdían, debían tomar alcohol. “Una previa común y corriente”, dijo Secco. Según relató C., ese contexto de consumo y vulnerabilidad fue seguido por situaciones de contacto físico no consentido: “Era un juego de cartas donde si perdías tenías la prenda de tomar”, recordó. Y explicó cómo cambiaron las cosas a medida que avanzaba la noche: “Al ver que ya estaba vulnerable, me tocaban, el cuerpo, una teta, recuerdo que alguien me filmó o tomó fotos, cosas así, muy abruptas donde, de repente, yo no podía hacer nada”.

En ese contexto, C. empezó a hablar con Secco. Se besaron en el quincho, y ella le dejó claro que no quería tener relaciones sexuales con él. Secco insistió en ir a otro lugar y, pese a que se negó, accedió a acompañarlo. “Por cansancio le dije: ‘bueno, pero no va a pasar nada’. Para que no saque conclusiones, para que no piense que vamos a ir a hacer algo más’”.

Secco la llevó hasta lo que C. identificó como un lavadero, que estaba ubicado fuera del quincho, donde sucedía la fiesta. Había un catre, una suerte de cama. Ella se sentó ahí, él la besó estando de pie. C. recuerda que él habló por teléfono con alguien. 

De repente, dos jóvenes entraron al lavadero. Según la reconstrucción de la causa, uno de ellos era menor de edad. La identidad del tercero no pudo establecerse durante la investigación.

C. contó ante el tribunal cómo la atacaron: “Entraron dos personas de golpe, sabían a lo que iban. Se me tiraron encima, me tiraron para atrás y me empezaron a manosear entre los tres”. C. describió las consecuencias de aquella situación como una pérdida de control sobre su propio cuerpo: “Fue una situación en la que perdí la soberanía sobre mi cuerpo. Después de eso sentí que era un pedazo de carne, porque lo que yo dijese no importaba; aunque yo hubiese dicho que no, a él no le importó porque para él era una mujer sumisa, alguien que no era una persona”, dijo. 

Una de las testigas que declaró en el juicio dijo que vio a C. entrar al lavadero con Secco y que se preocupó por el estado de embriaguez en el que estaba y le avisaron a uno de los dueños de la casa. 

“Siempre tuve buen comportamiento, nunca tuve nada que revisar”

En 2018, un año después de la agresión y, en parte, por la visibilidad que tomó la denuncia de Thelma Fardín contra Juan Darthés, muchas chicas del país se animaron a hablar, a contar escenas de acoso similares a las que había denunciado la actriz. 

A Federico Secco -y a varios de sus amigos- lo escracharon por redes sociales más de tres veces:

–¿En esos escraches te nombraban sólo a vos? –le preguntó la abogada de la particular damnificada. 

–No, fue una ola masiva donde se escracharon a muchas personas del San Luis, –dijo. 

–¿Por qué pensás que tantas personas te escracharon?, –insistió. 

–Por que, pienso, los escraches fueron después del boom de Thelma Fardin y Darthés, un cambio de paradigma, cambio cultural, hubo infinidad de escraches en todo el país. Era la cresta de la ola. No necesito saber por qué sucedió. Nunca lo pregunté, –respondió él.  

–¿Ese cambio de paradigma te hizo revisar alguna de tus prácticas de ese momento bisagra? 

–No, siempre tuve buen comportamiento, nunca tuve nada que revisar, –finalizó Secco. 

“El juicio de C. reaviva una discusión que, en ciertos espacios, no tiene aún lugar para la reflexión. Mientras que entre los grupos de mujeres circula la advertencia, el cuidado, la reflexión sobre prácticas propias y ajenas que hoy ya reconocemos como abusivas, en ciertos grupos de varones, la revisión sobre las conductas propias y de su entorno no parecen tener lugar. En la mayoría de los testimonios de esta causa -y en aquellos que fueron aportados en privado o a través de sus redes sociales- se repitieron frases como: ‘Se sabía que estas cosas pasaban’, ‘yo no iba porque había vivido una situación de abuso y sabía que corría peligro’; ‘Yo decidí dejar de ir a fiestas de esta camada del San Luis porque había vivido una situación similar’”, dijo Sofía Caravelos, la abogada que representa a C. 

Los chats del Club San Luis y la aparición de otros testimonios

La decisión de denunciar estuvo vinculada también con lo que ocurrió después de la agresión. En noviembre de 2018, la difusión del caso permitió conocer mensajes de un grupo de WhatsApp de jugadores del Club San Luis en los que se burlaban de las jóvenes y las describían como inferiores. 

“Lo que me llevó a denunciar fue que ellos se reían. Se difundieron capturas de sus chats del grupo de WhatsApp de rugby donde se reían, decían que éramos sumisas e inferiores”. También se conoció un audio con un cántico que celebraba y naturalizaba la violencia sexual. C. recordó una de sus frases: “Sí, las cogemos a todas, las violamos a todas”.

La exposición pública de lo ocurrido hizo que otras jóvenes se animaran a contar sus experiencias. Según relató C., aparecieron alrededor de 16 testimonios que involucraban a distintos jugadores de San Luis, entre ellos varios vinculados a Secco. “Cuando yo digo lo que me pasó, a muchas chicas les tocó y sintieron decir lo que les había pasado. Me sirvió mucho saber que no había sido la única”, dijo. 

“Una chica que me escribió iba a la facultad con Seco, compartían una cursada y se sentía muy incómoda porque Seco se le reía en la cara. Se sentía muy impune y a mí eso me daba mucha bronca porque no podía entender que no tuviese vergüenza de lo que había hecho”.

*

Después de la agresión, C. intentó seguir con su vida sin hablar de lo que había ocurrido. “No quería decirle a mi mamá que había sido abusada. Quería seguir como si nada. Lo tapé, lo puse en algún lugar de mi cabeza. Me desconecté completamente de mis emociones. Por mucho tiempo logré hacerlo porque era más doloroso enfrentarlo o ponerle un nombre”, dijo. 

El sufrimiento se profundizó con el tiempo. En mayo de 2018, atravesó un cuadro de depresión severa, se autolesionó e intentó suicidarse. Días más tarde C. tuvo una cita con un psiquiatra que la derivó a una psicóloga y la diagnosticó con depresión. En el consultorio pudo contar lo que le había pasado. 

“Eso de que el trauma se saca con terapia es mentira. Una aprende a repensar, a vivir, a distraerse, a trabajar 12 horas, a dormir con un ventilador prendido para no pensar aunque haga frío. Tuve que dejar mi carrera de Psicología. Hace tres años me mudé a Austria y encontré un lugar donde tal vez me siento más segura, donde no tengo el miedo constante como acá de cruzarme, de que me vuelva a pasar algo”.

En Austria pudo reorganizar su vida, construir nuevos proyectos y desarrollarse laboralmente en el rubro gastronómico. Trabajó en pastelería y llegó a ser jefa de cocina: “En los últimos años pude crear un futuro para mí”, dijo. 

Pero la convocatoria al juicio oral volvió a ponerla frente a una experiencia que había intentado dejar atrás. Después de años de espera, la noticia de que debía declarar reabrió el temor a atravesar nuevamente una crisis.

“Hace tres meses me avisaron que empezaba el juicio y abrí una puerta muy dolorosa. Tuve mucho miedo de volver a ser esa persona, de tirar a la basura todo el esfuerzo que hice por estar bien… Tuve pánico de caer de nuevo en la depresión y perder los tres años de avance que logré allá”.

“Es muy duro para mí estar acá hoy y que haya pasado tanto tiempo. Si pudiese volver el tiempo atrás no hubiese denunciado, por lo difícil y desgastante que es el proceso judicial”.

Aun así, decidió presentarse ante el tribunal. Su objetivo, explicó, era que los hechos no quedaran sin consecuencias: “Vine simplemente para que se sepa que no podés abusar y seguir impune como si nada porque sos un niño rico de San Luis y tus papás te van a tapar. Vine para que entiendan que hay consecuencias en los actos y que no queden libres para que lo puedan seguir haciendo”.

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