Psicólogas, sociólogas y médicas de la UNLP analizaron las causas del agotamiento que atraviesa a millones de personas. La hiperconectividad, la intensificación del trabajo, la crisis económica y la dificultad para desconectarse aparecen entre las principales explicaciones de un fenómeno que ya no puede entenderse sólo como un problema individual
Dormir ocho horas y despertarse agotado. Revisar el celular antes incluso de levantarse de la cama. Responder mensajes del trabajo durante la cena o mientras se intenta descansar. Sentir que el día nunca alcanza. Para muchas personas, estas situaciones forman parte de la rutina. Pero ¿por qué el cansancio parece haberse convertido en una marca de nuestra época?
Esa pregunta motivó a especialistas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) a analizar un fenómeno que atraviesa a trabajadores, estudiantes, madres, padres y jóvenes. Desde la psicología, la sociología y la psiquiatría, coinciden en que el agotamiento contemporáneo es mucho más que una sensación personal: es el resultado de profundas transformaciones en el trabajo, los vínculos sociales, la tecnología y la salud mental. Lo analizaron en una nota de la sección de la UNLP “Ciencias en acción”, acá.
Cansancio y agotamiento no son lo mismo
Para Julieta De Battista, doctora en Psicopatología, profesora de la Facultad de Psicología de la UNLP e investigadora de la Comisión de Investigaciones Científicas bonaerense, el primer paso es distinguir dos conceptos que suelen confundirse.
El cansancio, explica, forma parte de la condición humana. Es una señal del cuerpo que marca un límite y habilita el descanso. El agotamiento, en cambio, responde a una lógica diferente: la de una exigencia permanente que nunca parece terminar.
“Siempre se podría hacer algo más o algo mejor”, resume la investigadora. Esa sensación de no llegar nunca alcanza hoy a personas de todas las edades y se expresa en frases cada vez más frecuentes como “estoy quemado” o “no doy más”.
Además, advierte que esa presión ya no se limita al ámbito laboral. También aparece en la crianza, el cuidado de familiares, el tiempo libre e incluso en las actividades destinadas al disfrute, que muchas veces terminan convirtiéndose en una obligación más.
El trabajo invade el tiempo de descanso
Desde la sociología, Mariana Busso, profesora de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP e investigadora del CONICET, sostiene que el cansancio actual no puede analizarse únicamente desde las decisiones individuales.
La intensificación del trabajo, la necesidad de combinar varios empleos para sostener los ingresos y la disponibilidad permanente que permiten los teléfonos celulares y las plataformas digitales fueron borrando los límites entre el trabajo y la vida personal.
Los correos electrónicos, los mensajes de WhatsApp y las reuniones virtuales ya no terminan cuando finaliza la jornada laboral. El trabajo invade los tiempos destinados al descanso, la familia y el ocio.
Busso señala que este escenario afecta especialmente a las mujeres, quienes además de sus empleos suelen asumir la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado, reduciendo todavía más los espacios para recuperarse física y mentalmente.
Cuando el cuerpo empieza a pasar factura
Para Silvana Pujol, médica psiquiatra y profesora titular de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP, el cansancio se ha convertido en uno de los motivos de consulta más frecuentes.
Detrás de esa sensación persistente suelen aparecer dificultades para manejar el estrés, trastornos del sueño, ansiedad, cuadros depresivos o consumo de sustancias.
La especialista advierte que muchas personas buscan soluciones rápidas mediante energizantes, suplementos o automedicación, cuando el verdadero desafío pasa por revisar los hábitos cotidianos.
Uno de los principales problemas es la exposición constante a las pantallas. El uso del celular antes de dormir altera la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, deteriorando la calidad del descanso aunque se cumplan las horas recomendadas para dormir.
La paradoja de estar siempre conectados
Las tres especialistas coinciden en señalar que la hiperconectividad constituye uno de los rasgos centrales del agotamiento contemporáneo.
Para De Battista, el tiempo que hoy se dedica a los dispositivos digitales muchas veces reemplaza los encuentros cara a cara y debilita los vínculos sociales. Incluso propone invertir una pregunta habitual: más que pensar qué consumimos en las redes sociales, preguntarnos cuánto tiempo y energía consumen ellas de nosotros.
Pujol agrega que el uso intensivo de pantallas también impacta directamente sobre el sueño y la salud mental, mientras que Busso observa que la disponibilidad permanente ya forma parte de las nuevas formas de organización del trabajo.
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