El allanamiento ocurrido el pasado 26 de septiembre constituye un ataque político y simbólico a la lucha por los Derechos Humanos en la región, en medio de una reedición del revisionismo de la derecha peronista
Un caníbal desdentado
El 26 de septiembre, el portal 0221.com.ar publicó una nota titulada “Allanaron por maltrato animal una casa en pleno centro de La Plata que pertenece al Ministerio de Salud”. Con un sentimentalismo baitero que prescinde de todo profesionalismo periodístico, el texto apela a la imagen de un “perrito rescatado” de una “casa abandonada” para fabricar un escándalo moral. Detrás de la supuesta noticia de maltrato animal se escondía, sin embargo, un simulacro mediático con objetivos políticos cantados.
El artículo no está firmado, se sostiene en fuentes anónimas (“vecinos”, “veterinarios”, “personal de la fiscalía”) y acumula imprecisiones: afirma que la casa “fue usurpada”, que “no tiene actividad hace años” y que “se desconoce su futuro”, ocultando deliberadamente que allí funciona desde hace más de dos décadas el Centro de Derechos Humanos Hermanos Zaragoza, un espacio histórico de la ciudad que, entre otras luchas, ha protagonizado el reclamo por la aparición de Jorge Julio López. Por supuesto, la omisión de nombres propios no es ingenua: el anonimato encubre responsabilidades y diluye la violencia institucional detrás de una fachada de compasión por los animales.
Lo que 0221 presenta como “rescate” fue en realidad un allanamiento violento ordenado por la fiscal María Eugenia Di Lorenzo —la misma que intervino en la causa del intento de homicidio de Juan Ignacio Buzali, esposo de Carolina Píparo— y ejecutado por la infame policía bonaerense, que ya tiene todo un prontuario de acoso sobre la Casa Hermanos Zaragoza; no solo estuvo el intento de desalojo en 2015, sino también en plena lucha por López, la policía grababa las reuniones y les mandaba los archivos a lxs compañerxs, en claro hostigamiento.
En el procedimiento se amedrentó a una compañera del espacio, se negó durante varios minutos la exhibición de la orden judicial y se secuestró al perro “Negro”, viejo y querido compañero del centro. La escena fue cubierta en simultáneo por el portal, con una velocidad y una falta a la verdad que revelan, por lo menos, una complicidad pasiva con los aparatos represivos. Detrás de la sensibilidad impostada por el “perrito abandonado”, la nota cumple la función de instalar un relato de abandono y usurpación, que termina preparando el terreno para virtuales intentos de desalojo en una zona codiciada por el mercado inmobiliario.
Historia y presente del Centro Hermanos Zaragoza
Recuperado en 2001 como otras trincheras militantes de la región, y cedido por la Justicia para su funcionamiento, el Centro por los Derechos Humanos Hermanos Zaragoza se erige como uno de los bastiones más antiguos de la resistencia popular en La Plata. Desde su origen fue casa de la Multisectorial de Derechos Humanos de La Plata, Berisso y Ensenada, espacio articulador de las campañas por la aparición con vida de Jorge Julio López, desaparecido en democracia en 2006.
Por sus salas pasaron el Bachillerato Popular Zaragoza, la FLIA (Feria del Libro Independiente y Autogestiva), talleres de oficio y arte, colectivos feministas y de disidencias, ciclos de cine, teatro y música popular. Desde hace casi un cuarto de siglo, la Casa Zaragoza funciona como una trinchera cultural y política, sostenida con trabajo militante y autogestivo, y es un faro de educación popular, solidaridad y memoria activa. Como mencionan lxs responsables del espacio en su comunicado tras el ataque, “es una casa que representa la lucha contra el abuso de poder y la impunidad, un bastión que ha visto generaciones de militantes comprometidos con la justicia social, la defensa de los humildes, los derechos de las mujeres, la comunidad LGBTQI+, las infancias, los pueblos originarios, los territorios en disputa, la memoria por las víctimas del terrorismo de Estado y los desaparecidos y asesinados en democracia”.
El propio Carlos Zaidman, ex detenido-desaparecido y referente por los DDHH en la región, recuerda en la conferencia de prensa que se hizo el pasado viernes 17 de octubre: “El espacio era una ruina cuando se lo recuperó desde abajo en 2001. Solo el trabajo material y político de los compañeros, con Oscar ‘Pato’ Yomha a la cabeza, le devolvió la vida. Se convirtió en una trinchera por López, por los derechos humanos, y por todos los que siguen desapareciendo en democracia.”
Hoy, el centro continúa con talleres de rap, teatro, artesanías, proyecciones, educación popular y acciones solidarias, manteniendo viva la tradición que lo convirtió en emblema de lucha contra la impunidad y la represión estatal.

Fantasmas detrás de escena
Este ataque político a la Zaragoza, con tamaña coordinación, no se explica por el azar ni por una denuncia de maltrato animal. Ocurre en el marco de un proceso de especulación y gentrificación del casco urbano platense, donde el intendente Julio Alak y el gobernador Axel Kicillof promueven el “embellecimiento” del microcentro —rebautizado como “La Plata Soho”— para atraer inversiones gastronómicas y turísticas, como da cuenta Juan Bonatto en Periodismo de Izquierda. En la medida en que el centro de la ciudad se valoriza, el mercado impone su propia cultura desértica y los espacios de organización popular le resultan un obstáculo.
El inmueble de 53 entre 3 y 4, donde funciona la Zaragoza, se encuentra en una zona codiciada por el sector inmobiliario. La avanzada judicial y mediática sobre la casa coincide con el interés de “desalojar la cultura popular” para liberar el terreno a los nuevos emprendimientos. A esta agenda económica se suma un vector político: el resurgir de la derecha peronista, que hoy pone en revisión los consensos sobre los 70s que había establecido el progresismo a comienzos del siglo.
En los mismos días en que se ejecutaba el operativo contra la Zaragoza, sectores del peronismo bonaerense fuerzan un homenaje a José Ignacio Rucci, ex secretario general de la CGT y uno de los cuadros sindicales que ampararon a la CNU (Concentración Nacional Universitaria), banda fascista parapolicial que en 1975 asesinó a uno de los hermanos Zaragoza. En los mismos días, la seccional platense de la CGT acuerda con el intendente Julio Alak y el gobernador Axel Kicillof un acto para re-bautizar una calle de la capital provincial con el nombre de quien fuera titular de dicha central obrera.
En su libro La CNU. El terrorismo de Estado antes del golpe, Daniel Cecchini y Alberto Elizalde confirman la existencia de vínculos entre Rucci y los grupos paraestatales que empiezan a operar en el marco de la vuelta de Perón al país en junio de 1973. La tapa del libro se ilustra con una imagen de Rucci abrazado a Patricio Fernández Rivero y Juan Carlos Gómez, referentes de la CNU que en La Plata asesinó a casi 100 personas. Entre ellas, como recuerda Carlos Zaidman, a Juan Ramón “Chilo” Zaragoza, militante universitario de La Fede (la Juventud Comunista) en los 70s.
Hoy, medio siglo después, la reivindicación oficial de Rucci por parte de dirigentes que se autodenominan “peronistas de Perón” marca un retorno ideológico siniestro: una reconfiguración del peronismo por la derecha, cada vez más arrimado a Victoria Villarruel, que combina nostalgia industrialista, verticalismo punitivo y represión de la disidencia social. En ese contexto, los ataques a espacios como la Zaragoza no son hechos aislados, sino que se inscriben como hitos sintomáticos de un proyecto posdemocrático, donde la gestión del territorio y la cultura responde a los intereses de los negocios y al disciplinamiento político.Defender la Casa Zaragoza hoy —su memoria, su práctica y su comunidad— es defender la continuidad de las luchas populares contra las viejas y nuevas formas del fascismo local. La historia vuelve pero también resiste, en cada actividad, en cada lucha y coordinación militante que desde esa casa vuelve a gritar que la memoria no se abandona.



