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jueves 20-06-2024

La valentía de ser colimba y declarar por la Memoria, la Verdad y la Justicia 

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Cuando Néstor Del Vigo tenía 18 años, durante la dictadura, hizo el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento 7 de Infantería de La Plata, en 19 y 51, lo que ahora es la Plaza Islas Malvinas. En la última audiencia del Juicio 1 y 60- Comisaría Octava, contó todo lo que vivió allí dentro. Contó que, cuando era soldado, lo bautizó Monseñor Plaza, le entregó la nómina de integrantes del Regimiento 7 a la Justicia y fue contundente: “los soldados éramos poco menos que esclavos”

*Nota producida en conjunto entre Pulso Noticias y La Retaguardia

Durante el Servicio Militar Obligatorio, Del Vigo fue fusilero, estafeta y radio operador en el Regimiento 7 de Infantería. Con el tiempo, ascendió: pasó a ser asistente del suboficial sargento 1° Jorge Lázaro Moreno: comenzó a trabajar con él, a hacerle el mate, a lustrarle los zapatos. Lázaro Moreno tenía un cargo alto: estaba a cargo del Casino de Oficiales junto con Raimondi.  

El jueves, Del Vigo fue a declarar a la audiencia 33 del Juicio que está investigando lo que sucedió durante la dictadura cívico militar en el Regimiento 7, lo que ahora es el Centro Cultural Islas Malvinas, la comisaría 8va y el edificio de 1 y 60, en La Plata. En su declaración Néstor contó cómo era ser soldado, el último escalafón de la cadena de mandos durante la dictadura. Contó que se  sorprendía cuando veía a los militares sin los uniformes: “A veces llegaban de noche y venían de civil. Cosa que yo nunca los veía de civil. Yo siempre los veía uniformados. Y a mí me llamaba la atención. Pero bueno, me decían ‘Retírese’, y me tenía que retirar”. Era práctica habitual en algunos regimientos que las patotas realizaran los operativos sin sus uniformes. 

Néstor contó que en 4 y 55, en el edificio de los oficiales, vivían Roque Carlos Alberto Presti (padre del actual jefe del Ejército), coronel del 7º de Infantería, y el teniente coronel Pablo Biloni. “Yo tenía un compañero en la Compañía B que estaba en el Centro de Operaciones y Tareas y sabían los futuros movimientos que se iban a hacer. Mi compañero me cuenta que iba a haber requisas en las pensiones donde vivían estudiantes. Yo tenía una amiga en una pensión y le avisé”. Néstor no volvió a ver a su amiga hasta tiempo después. Ella le contó que avisó a sus compañeros y compañeras, pero muchos no le creyeron que iba a haber un operativo. “No sé dónde están ahora”, le dijo su amiga.

-Yo sí sé dónde están, porque sé lo que les pasó. Se los llevaron-, señaló Néstor durante su testimonio. 

Secuestrar música, libros y allanar hoteles alojamiento

Del Vigo detalló cómo eran los operativos que realizaban en disquerías y librerías para secuestrar material prohibido. “Para que vean lo desequilibrada que estaba esta gente, buscaban libros que hablaran de alguna revolución o sobre lo que ellos denominaban subversivos. Teníamos que ir a las disquerías a incautar los discos de María Elena Walsh, desde Manuelita la tortuga hasta lo que se le ocurra. No podíamos dejar pasar los libros de Rodolfo Walsh u otros autores que para nosotros era cualquier hombre de letras. Nosotros leíamos Selecciones del Reader porque no podíamos tener libros. Se perseguían las librerías, las disquerías. Había operativos nocturnos”. 

En su testimonio, el excolimba relató las incursiones genocidas en habitaciones de hoteles: “Hasta incluía la aberración de ir a hoteles alojamiento. Y eso me tocó vivirlo, porque yo salí en un operativo y tuve que participar. No se pedían las llaves de la conserjería y se ingresaba por la fuerza buscando que no se encontrara personas en esa situación… Era muy incómodo para nosotros. Éramos pibes de 18 años, era una cosa de otro planeta. Ellos sabían, tenían sus motivos. Un día lo escuché al sargento primero Moreno:  ‘Lo que pasa es que los zurdos se están juntando en los hoteles’. 

Cuando desaparecía la patrulla con la Ford doble cabina, los colimbas sabían que no iban al cuartel. “Iban al Pozo de Arana, a la comisaría 8va, a 1 y 60, a Melchor Romero, donde tenían alguna cosa que ver”. El chofer de la Ford era un soldado como Néstor. “El Negro Tula me lo dijo: ‘estos tipos están matando gente; ¿ustedes no se dan cuenta?’’. Al Negro Tula lo estaqueaban, lo maltrataban. 

El cuartel

La gente llegaba a la entrada de 19 y 51 para averiguar por el paradero de sus familiares, de sus hijos e hijas. “En la guardia lo que nosotros decíamos era que no atendíamos a nadie. Si alguien hacía una consulta, el oficial de servicio se encargaba de atenderlo. Nosotros estábamos ahí a cinco metros. Los derivaban a otro lado, a La Tablada, a Mercedes. Un día llegó una señora y me abrazó: ‘ Quiero saber dónde están’, me decía, y lloraba. Eso me costó una semana de calabozo. Esa era la forma en que ellos, digámoslo de alguna manera, le hacían ver a uno lo que nos podría pasar si no hacíamos las cosas como correspondía, y yo no hice absolutamente nada, porque ni la toqué a la pobre mujer. Pero bueno, son cosas que he vivido”, señaló algo conmocionado. 

Durante la audiencia Néstor mostró un afiche que debía pegar en la salida de los colegios, en las paradas de los colectivos y en la terminal. Era un comunicado que le hablaba a “los subversivos”: les decía que si se presentaban en el Regimiento iban a tener un juicio justo. “Lo traje porque me parece importante dejarlo en el expediente. También le pegábamos en los autos que requisábamos una calcomanía que decía ‘Los argentinos somos derechos y humanos’”. 

La curia

Néstor entregó a la Justicia un documento con todos los integrantes del Regimiento. “Nosotros éramos poco menos que esclavos. Lo entrego porque sé que a mucha gente le puede servir para esclarecer lo que le pasó. El Coronel era Presti”, y volvió a señalar al padre de Carlos Presti, actual jefe del Ejército, quien nunca se pronunció sobre la dictadura y el rol de su papá.

El testigo se refirió a su comunión obligada como un ejemplo de las situaciones a las que estaban sometidos los jóvenes en el Servicio Militar Obligatorio “Ellos no sabían muchas cosas de uno, pero sabían que no éramos bautizados. Me hicieron bautizar en la catedral de La Plata por Monseñor Plaza porque los militares teníamos que ser cristianos. Me bautizó el servicio militar. El capellán era Stolfi, que era capitán. Nos interrogaba, nos sacaba información. Era cristiano, pero a la noche torturaban a las personas”. Otra vez se escuchó en el juicio el nombre del arzobispo de La Plata. Más temprano, Cristina Savan, una amiga del “Bocha”, el sobrino de Plaza que es caso en el juicio y continúa desaparecido, había señalado al arzobispo por haberlo “entregado”.  

Los imputados 

En el inicio de su testimonio, cuando la jueza Karina Yabor preguntó si Néstor conocía a los imputados en este juicio, él dijo que a algunos sí los conoció. Nombró a Augusto Caselli Gres, al teniente Oliver, al subteniente Germán Caffaro, al teniente Asiar, a Carrasco Jorda, a Amucháustegui -que por cualquier cosa te apuntaba, hacía ostentación de su arma-, el principal Vivas, al cabo Ludueña, al suboficial Diedrich  y que tenía relación con Moreno, que es uno de los pocos imputados en este juicio que sigue vivo. Amuchaustegui también estaba imputado pero falleció en 2019. 

El operativo en la antena de Radio Universidad 

“Una noche nos levantaron a todos porque supuestamente los ‘ciudadanos subversivos’ habían tomado la antena de Radio Universidad y lanzaban proclamas de Montoneros en Melchor Romero. Cuando llegamos había un tiroteo –narró el testigo–. No tiré un sólo disparo porque algo me llamó la atención. Eran balas trazantes; las balas trazantes denuncian la ubicación de quién dispara. La policía de la provincia, el BIM 3 de Infantería de Marina y el 7 de Infantería tirando tiros. Cuando se acaba el supuesto enfrentamiento, nos hacen formar en doble columna y a paso de hombre nos vamos acercando hasta el lugar del hecho, a cien metros, donde estaban los cuerpos de los subversivos que habían tomado la antena de Radio Universidad. Con el tiempo me doy cuenta que era gente que había estado colgada en una ganchera en una cámara frigorífica, en Gorina, en Frigorina. Se fraguó el enfrentamiento. Pero en el Diario El día de La Plata lo publicaron al día siguiente. Nunca supe quiénes eran esas personas, pero presumo que no eran subversivos”. 

Otros colimbas

Teníamos un compañero que tenía un problema físico. “Zacarías fue a parar a sanidad y después lo enviaron al Hospital Militar. Nunca más lo vimos. En sanidad estaba el teniente primero Lederer, oficial médico que no contaba con ninguna apreciación por parte de los soldados. Era una mala persona”, dijo al finalizar su testimonio. 

En la audiencia 33 del Juicio 1 y 60 – Comisaría 8va declaró, además, Cristina Savan, Cecilia Vázquez y Abel Robino. Todos los jueves desde las 9:30 hs transmitimos en vivo desde el TOF 1 de La Plata en conjunto con La Retaguardia. 

Podés ver la audiencia completa acá: https://www.youtube.com/watch?v=FOCLM-3kO3U 

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