Fue travesticidio: se conoció el veredicto en el juicio por Nicol Ruiz

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Daniel Sibestrelli fue condenado a prisión perpetua por el homicidio doblemente agravado -por odio a la identidad de género y violencia de género- de Nicol Ruiz, la travesti que vivía en la toma de Los Hornos y que murió cuando él le pegó con un palo.

“Putos, putos, putos. Siempre decía que nosotras éramos putos. Unos putos de mierda”, fue lo que dijo Jéssica Saquini, la amiga desde la adolescencia de Nicol cuando declaró en una de las audiencias del juicio. “A Nicol le decían Tita y era una buena persona. Yo la conocí cuando tenía 13 años, y me sacó de la violencia de mi casa, de los abusos de mi papá. Hizo que fuera a vivir con ella, con su marido y sus hijos”, agregó Jéssica y dijo que en varias ocasiones Daniel fue violento con ellas; que una vez la amenazó con un arma. Tenía 35 años, era madre de dos adolescentes, era una figura de referencia en la comunidad de Los Hornos, donde sostenía un comedor y redes de apoyo para mujeres trans sin empleo.

El veredicto lo leyó Analía Carrillo, la única jueza que estuvo presente en la audiencia y que, junto con Silvia Hoerr y Claudio Bernard condenaron a Sibestrelli a prisión perpetua por homicidio doblemente agravado por odio a la identidad de género y violencia de género citando la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Convencion de Belém Do Pará, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer -CEDAW- y demás instrumentos internacionales y nacionales que sientan jurisprudencia en el momento de hablar de un crimen de odio a la identidad de género y violencia de género. 

Afuera, las organizaciones, amigxs y compañerxs del activismo platense esperaron la lectura desde el mediodía, con un sol abrasador. 

Fue travesticidio

Que el Tribunal haya condenado a Sibestrelli por homicidio doblemente agravado por odio a la identidad de género y violencia de género es un hecho histórico en la Provincia de Buenos Aires. 

En la justicia provincial, el mismo tribunal, integrado por Silvia Hoerr, Claudio Bernard y Ramiro Fernández Lorenzo fue quien condenó a Luis Alberto Ramos, uno de los imputados por el homicidio de Tehuel de la Torre por homicidio calificado por odio a la identidad de género y orientación sexual y Casación provincial confirmó la perpetua.

Pero no siempre es así. La Justicia tiene diferentes instancias y el veredicto que se leyó hoy es un fallo de primera instancia. Por eso, Claudia Vásquez Haro fue prudente al micrófono, durante la radio abierta: “Esto marca un hecho histórico para todas nosotras, aunque ustedes saben que la Justicia puede tener sus reveses”. Sabe que ahora es responsabilidad de Casación. 

La primera vez en nuestro país que la categoría travesticidio fue tenida en cuenta en un veredicto judicial fue en el juicio que investigó el homicidio de Diana Sacayán en 2018 y el debate y su veredicto fueron una referencia en la Justicia nacional y en organizaciones internacionales. Pero la causa siguió su camino y, en 2020, la instancia siguiente a los fallos de primera instancia, la Cámara Nacional de Casación, desestimó el agravante por crimen de odio. 

Las organizaciones y organismos que acompañaron la causa apoyaron el pedido que hizo la fiscalía de juicio ante la Corte Suprema de Justicia: en abril de este año los jueces de la Corte desestimaron el recurso impuesto por la fiscalía por el travesticidio de Diana Sacayán. 

Por eso, la lucha sigue. Porque es un camino largo, porque las travestis y trans siguen siendo perseguidas y criminalizadas en la zona roja y porque los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense hablan de sus cuerpos con desprecio en los pasillos de Tribunales, mientras desalojan la sala, después de escuchar el veredicto de un juicio por una compañera muerta.

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Traficante de stikers. Julia no se acuerda cuando decidió convertirse en periodista, pero a los 11 años escribió un cuento: un fideo de barrio armaba una revolución en la alacena para no morir en la olla. Ella cree que ahí empezó todo, y puede que tenga razón. Nació en Bahía Blanca, una ciudad donde hay demasiado viento, Fuerzas Armadas y un diario impune.
En 2012 recibió un llamado: al día siguiente se fue a Paraguay a cubrir el golpe de Estado a Fernando Lugo. Volvió dos meses después, hincha de Cerro Porteño y hablando en guaraní. Trabajó en varios medios de La Plata y Buenos Aires cubriendo géneros, justicia y derechos humanos. Es docente de Herramientas digitales en ETER y dio clases en la UNLP y en la UNLZ.
Tiene una app para todo, es fundamentalista del excel e intenta entender de qué va el periodismo en esta era transmedia.

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