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viernes 04-04-2025

Empieza el juicio por el intento de travesticidio de Laura Moyano Giarelli

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El miércoles que viene, desde las diez de la mañana, empieza el juicio contra Leonardo Agustín Bermúdez. Está imputado por haber querido matar a Laura en 2015, hace casi diez años. Con un juicio por jurados se espera que haya tres días de audiencias en el TOC 2 de La Plata, en 8 entre 56 y 57

—Matálo al puto de mierda éste.

Un puntazo en el pulmón; un neumotórax. 

25 puntos de sutura en la cabeza.

Cortes en la cara, en el cuerpo. 

Huesos rotos en el cráneo y la cara.

Muchos dientes perdidos.

La córnea desprendida. 

Los músculos de las piernas hundidos por las patadas. 

Foto: Romina Panda

El 23 de diciembre de 2015 a Laura Moyano Giarelli la quisieron matar. Esa tarde había salido de su trabajo en Las Mirabal, una ONG que dependía de la Municipalidad de La Plata y que acompañaba a víctimas de violencia de género, cargada de cosas: era fin de año y las chicas le habían encargado regalos para las fiestas, cosméticos y perfumes. Iba, llena de bolsos, a la casa de una amiga que estaba de vacaciones. Estaba viviendo ahí hasta tanto consiguiera otro alquiler. 

En la calle se cruzó con Agustín Bermúdez. Ella ya se lo había visto en la calle y en algunos boliches que frecuentaba la comunidad LGBTI de la ciudad. 

—Hola bonita.

—Qué tanto piropo, ¿por qué no me ayudás con las bolsas?

Agustín se acercó y la ayudó a cargar las bolsas, a entrar al edificio y subirlas hasta el monoambiente. Se tomaron unos mates. Se gustaron. Tuvieron sexo. Y Agustín se fue. Eran cerca de las tres de la tarde. 

A eso de las 22, cuando Laura había llamado a un remis para ir a cenar a lo de sus padres y quedarse allí a pasar las fiestas, sonó el timbre del departamento. Era él de nuevo. A ella le llamó la atención que se acordara del timbre; no se lo había dicho. También se sorprendió que no le hubiese mandado un mensaje; antes de irse él había anotado su celular en un nokia gris. Bajó a la puerta del edificio. Agustín estaba con un amigo. Se habían intercambiado la ropa, el amigo tenía puestas las zapatillas que él había usado a la tarde.  Le dijeron que venían de Plaza Moreno, que habían estado jugando a la pelota. 

—La onda es con vos, no con tu amigo. Además, me tengo que ir, está viniendo un remisse. 

—Solo quería charlar un rato. 

Subieron al monoambiente. El amigo no se sacaba las manos de los bolsillos de la campera y se quedó parado en un rincón. Agustín se sentó en la cama, donde había estado hacía unas horas. Ella vio que tenía lastimada la rodilla. Quiso agacharse para pasarle una crema. Y, enseguida, un golpe seco la tiró al piso. 

La desvanecieron con un termo de metal. Le empezaron a pegar patadas en la cabeza, en la espalda, piñas, le clavaron un objeto punzante por todo el cuerpo. 

Durante el ataque, mientras intentaba protegerse, escuchó: “Matálo al puto de mierda éste”. Y, después, se desplomó. 

Agustín y su amigo agarraron las llaves del departamento y salieron a la calle llenos de sangre. A las 23:20 Agustín llegó a la comisaría 10 de La Plata con el torso desnudo. Dijo que le habían querido robar en la esquina de 10 y 32 y que se había defendido. 

Cuando Laura se despertó estaba sola. Se arrastró, cubierta de sangre, hasta la cama, donde había quedado el celular. Sentía un ruido cuando respiraba, se apoyó contra la pared para que la sangre dejara de salir. No habían robado nada. Llamó al 911. Eran las 23:30 hs. 

En la comisaría cruzaron datos con el llamado al 911. Agustín quedó detenido. 

La historia clínica del ingreso al hospital San Martín de La Plata dice: “Laura Elena Moyano. 37 años. Politraumatismo. Heridas profundas en el cuero cabelludo. Pérdida de piezas dentarias. Heridas cortantes en labios y cara. Lesión en la pupila derecha. Herida de arma blanca en región lumbar y glúteo derecho. Perforación de pulmón izquierdo”. 

Un puntazo en el pulmón; un neumotórax. 

25 puntos de sutura en la cabeza.

Cortes en la cara, en el cuerpo. 

Huesos rotos en el cráneo y la cara.

Muchos dientes perdidos.

La córnea desprendida. 

Los músculos de las piernas hundidos por las patadas. 

Laura estuvo casi un mes internada. Tuvo varias operaciones. Esos días, sus amigxs la cuidaron, le ayudaron a reconstruir detalles que fue recordando, muy de a poco, juntaron detalles en un cuadernito. Fueron días difíciles. 

Foto: Matías Adhemar

Después, con el alta, siguió con los tratamientos ambulatorios, las terapias, los especialistas, las pruebas de lentes oculares para tratar de salvar el ojo casi perdido. Implantes para reconstruir la dentadura. Diez años así. Con intervenciones, amparos a la obra social, operaciones en la cabeza para reconstruir las fracturas de la cara y el cráneo; las fracturas en el hueso frontal y el ocular. El gusto y el olfato perdidos. Muchas secuelas psicológicas. 

La semana que viene, casi diez años después del ataque que le cambió la vida, empieza el juicio contra Agustín Bermúdez. Las audiencias están previstas a partir del miércoles 9 de abril, desde las 10 de la mañana en el Tribunal en lo Criminal N° 2 de La Plata, en 8 entre 56 y 57. 

“La gravedad de las heridas de Moyano muestra un ensañamiento por parte de los agresores vinculado a su identidad de género y es necesario que se tenga en cuenta este elemento para seguir adelante en la causa”, había dicho el Observatorio de Violencia de Género (OVG) de la Defensoría del Pueblo de la provincia cuando intervino en la causa.  

Luego de conocerse el caso, el OVG pidió el cambio de carátula de “tentativa de homicidio” a “tentativa de homicidio agravado por odio de género” (artículo 80, inciso 4 del Código Penal).

La causa llega a juicio bajo la figura de intento de travesticidio y, el fiscal asignado, Jorge Paolini, imputa al acusado con el artículo 80, inciso 4 del Código Penal; intento de homicidio agravado por el odio a la identidad de género en grado de tentativa. Dice que Bermúdez quiso matarla. 

Lo característico es que va a ser un juicio por jurados: va a haber doce personas que no pertenecen a la justicia convocadas a escuchar a lxs testigxs, y van a ser quienes van a determinar si el acusado es culpable o no. Además, el juicio tendrá un Juez: Claudio Bernard. Él va a ser quien determine, según la definición del jurado, la pena que le corresponda al imputado.

Leonardo Agustín Bermúdez es el único acusado, ya que el co-autor jamás fue identificado. Se prevé que testifiquen más de 16 personas. 

“La posición de la querella es que Agustín Bermúdez, que es el imputado, junto a su cómplice, que todavía no se pudo determinar su identidad, fueron a la casa de Laura con la intención de acabar con su vida. Eso está comprobado a lo largo de la investigación. Se comprobó, hay pruebas que dan cuenta de este posicionamiento de la querella y de la fiscalía. Así que esperamos que se juzgue este crimen de odio, que Laura tenga una sentencia reparatoria. Laura hoy todavía tiene secuelas de ese hecho que pasó hace 10 años pero todavía tiene secuelas físicas y psicológicas. Esperamos que el jurado pueda comprender la gravedad del hecho y que esta sentencia nos ayude a ir construyendo una mirada de la justicia en favor de las identidades diversas de género y que como sociedad también nos repare porque este tipo de crímenes dañan a toda la comunidad”, dijo Silvina Perugino, la abogada de Laura y secretaria de género de la Municipalidad de La Plata. 

Las consecuencias del ataque no terminan con el alta

En estos diez años, Laura tuvo numerosas secuelas en su salud producto del ataque. Mareos y desmayos producto de las hernias en las vértebras. Pasó muchas horas en rehabilitación, trabajando para juntar la plata para pagarla. Perdió la visión de un ojo, el olfato y el gusto. Tuvo problemas para caminar, para recordar cosas y concentrarse; le cuesta estudiar, pero de a poco está terminando la carrera en la Facultad de Periodismo. La última operación fue en 2021. Porque durante todos estos años, cuando Laura se sonaba la nariz, perdía líquido cefalorraquídeo; ese que cubre el encéfalo, protege el sistema nervioso o la médula espinal. Debido a las fracturas en el cráneo, Laura perdía líquido de la cabeza. 

Por qué este juicio puede sentar un precedente

El jurado tiene una responsabilidad enorme en la decisión que va a tomar. A las personas travestis y trans las atacan con muchísima brutalidad, porque lo que entra en juego es el odio a su identidad. “El enorme despliegue de violencia que sufrió Laura con múltiples heridas en diferentes partes de su cuerpo parece más vinculado a lo que se conoce como overkilling, una característica bastante típica en los crímenes de odio contra nuestra comunidad. Esta expresión en inglés quiere decir ‘asesinato en exceso’, es decir, gran cantidad de heridas o ataques desmesurados que desbordan la letalidad, excediendo lo necesario para causar la muerte. Por ejemplo, de esta forma se caracterizó el travesticidio de Marcela Chocobar en la provincia de Santa Cruz en el año 2015″, dijo Aramis Amaris Lascano, activista trans y abogada. 

El caso de Laura no es el único: la abogada afirma que el departamento judicial de La Plata aún tiene que dar explicaciones por los autores materiales de los travesticidios contra La Moma (2011) y más recientemente contra Soraya (2021). “Tienen naturalizado tener a las travestis y chicas trans en el banquillo de las acusadas y, para condenarlas, no exigen estos estándares probatorios que se pretenden imponer para comprobar el crimen que quisieron ejecutar contra Laura, que no está muerta por la propia fuerza que ella tiene y por los avatares de la vida. El nivel de brutalidad ejercida sobre su rostro y los glúteos son blancos de ataque tradicionales en este tipo de crímenes al considerarse rasgos característicos de la identidad de género”, agregó.  

“Yo creo que cuando esto se termine me va a cambiar un poco la vida. Porque son diez años y muchas cosas que viví. Esto no es solo para mí. Es colectivo, es para todxs, toda la comunidad la que necesita una resolución”, dice Laura. 

Podés seguir la cobertura colaborativa del juicio en Pulso Noticias y Otro Viento medio. 

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Traficante de stikers. Julia no se acuerda cuando decidió convertirse en periodista, pero a los 11 años escribió un cuento: un fideo de barrio armaba una revolución en la alacena para no morir en la olla. Ella cree que ahí empezó todo, y puede que tenga razón. Nació en Bahía Blanca, una ciudad donde hay demasiado viento, Fuerzas Armadas y un diario impune.
En 2012 recibió un llamado: al día siguiente se fue a Paraguay a cubrir el golpe de Estado a Fernando Lugo. Volvió dos meses después, hincha de Cerro Porteño y hablando en guaraní. Trabajó en varios medios de La Plata y Buenos Aires cubriendo géneros, justicia y derechos humanos. Es docente de Herramientas digitales en ETER y dio clases en la UNLP y en la UNLZ.
Tiene una app para todo, es fundamentalista del excel e intenta entender de qué va el periodismo en esta era transmedia.

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