Investigadores del CONICET y de la UBA realizaron un estudio sobre la evolución y el cáncer en mamíferos. Existen especies con hábitos cooperativos que son menos afectados por esta enfermedad, a diferencia de aquellas más competitivas
El cáncer es una enfermedad milenaria que no sólo afecta a los seres humanos, sino que también a diferentes especies del reino animal, aunque hay algunas que desarrollaron mecanismos de resistencia. Entonces, “la prevalencia del cáncer y el riesgo de mortalidad podrían haber sido regulados por la evolución”. Esa es la hipótesis con la que partió el equipo de investigadores e investigadoras del CONICET y la Universidad de Buenos Aires (UBA) para estudiar las variables de historia y estilos de vida de mamíferos.
Desde hace décadas se vienen estudiando diferentes variables en el campo de la biología del cáncer. Dentro del campo de la oncología comparada, se encuentran las morfológicas y fisiológicas, es decir, comparan animales de gran tamaño con especies más pequeñas por la cantidad de células que tienen que reproducirse o por la mayor tasa metabólica, pero ninguna de ellas arrojó mayor implicancia en el desarrollo del cáncer.
Según asegura Matías Blaustein, integrante del equipo interdisciplinario que realizó el estudio, doctor en Ciencias Biológicas, docente de la UBA e integrante del Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología traslacional (iB3) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, las ballenas, los elefantes, la rata topo, las ardillas y algunas especies de murciélagos son ejemplos arquetípicos de animales con poca o ninguna incidencia de tumores malignos.

“¿No será que hay algunas variables que nos estamos perdiendo que de alguna manera predisponen a algunas especies a tener mucho cáncer y otras que por el contrario hace que sea muy necesario desarrollar mecanismos de resistencia al cáncer?”, se preguntaron desde el equipo de investigación.
Ante ello, “nos propusimos cuestionar la mirada reduccionista que suele tener la biología del cáncer”, cuenta Blaustein. Y amplía: “Nos pareció importante poner al animal dentro de su entorno, dentro del contexto y, entonces, ver si la tasa de incidencia de cáncer o la mortalidad por cáncer no está también relacionada con la manera en que cada individuo se relaciona con su contexto y con otros animales dentro de su grupo”.
En ese marco, las y los investigadores analizaron si había alguna correlación entre los estilos de vida competitivos y cooperativos. Por ejemplo, definieron a estos últimos como especies que viven en grupo, que crían en grupo, que tienen un solo individuo o dos cada vez que se aparean. Y llegaron al resultado, mediante el uso de bases de datos públicas y el desarrollo de un modelo matemático, que las especies con hábitos cooperativos tienen menor prevalencia y riesgo de mortalidad por cáncer.
Otra conclusión que arrojó el estudio fue que una variante oncogénica que provoca una mayor mortalidad por cáncer en individuos de mayor edad y menos reproductivos es perjudicial para las sociedades de mamíferos cooperativas, pero puede conducir a una sobrecompensación contraintuitiva en el tamaño de la población y el fitness dentro de contextos competitivos.
EL “EFECTO HIDRA” EN LA BIOLOGÍA DEL CÁNCER
El “efecto hidra” se refiere a un personaje de la mitología griega al que debían cortarle la cabeza para matarlo, pero esto tenía un efecto contrario: le crecían cabezas nuevas. Se suele utilizar en el campo de la ecología de poblaciones en las cuales se intenta eliminar una “plaga” y se logra un efecto contrario de sobrepoblación.
Mientras que en el campo de la biología del cáncer no se había explorado. Según explica Blaustein: “Nosotros encontramos que sucede el efecto hidra en las sociedades competitivas, mientras que, en las cooperativas a mayor incidencia de cáncer, mayor mortalidad de los individuos viejos, es muy perjudicial para toda la especie por el rol que cumplían esos individuos adultos mayores”.
“En las especies competitivas, la mortalidad de los seniors (individuos más viejitos) por tener mayor cáncer, lo que genera es que se achique la población de los individuos más añosos, pero esta disminución es sobre compensada por un aumento mucho más grande de los jóvenes y de los adultos reproductivos que puede ser ventajosa para toda esa población”, señala Blaustein.

El estudio modela que los individuos adultos más viejos en las especies cooperativas cumplen un rol muy importante para el cuidado de las crías, los protege de otros depredadores, o bien, por su experiencia le muestran a la manada dónde hay agua para beber o dónde puede haber alimento. Por ejemplo, sucede en sociedades de ballenas, búfalos, murciélagos, entre otras.
Por el contrario, según asegura el estudio, en una especie en la cual hay fuerte competencia intraespecífica y los individuos más viejos que ya se reproducen poco o que no se reproducen, son fuertemente territoriales, fuertemente competitivos, disputan los recursos y se los quedan todos para sí. O hasta en condiciones de recursos limitantes pueden generar que los más chiquitos no puedan acceder a alimento y se mueran.
“En conclusión, la aparición de variantes oncogénicas en nuestros modelos matemáticos era mala para las especies cooperativas, lo cual nos permite explicar, predecir, por qué las especies cooperativas tienen menos cáncer, mientras que en las especies competitivas la aparición de variantes oncogénicas, puede ser incluso beneficiosa en términos adaptativos para que una población crezca más y mejor”, agrega Blaustein.
¿Y QUÉ PASA CON EL SER HUMANO?
El estudio publicado este miércoles en la prestigiosa revista de ciencia Science Advances, la cual tenía desde su creación (2015) sólo cuatro publicaciones exclusivamente de autores y autoras argentinas, estuvo abocado a las especies de mamíferos y es un elogio a la cooperación. Pero, ¿qué sucede con el ser humano, su evolución y el cáncer?
Para el investigador Blaustein, las conclusiones dejan ver que existen especies cooperativas que tienen ahí un poco lo que podrían ser las bases de la resistencia al cáncer, “una información muy preciada para todo lo que es medicina del cáncer y biología del cáncer para tratar de ver qué información de ahí se puede traducir en medicina traslacional”.
Este hallazgo no es algo lineal para el ser humano, que evolucionó como especie a partir de su capacidad de socializar, de cooperar, de compartir, de alimentarse de manera conjunta, en relación con lo comunal. “Gracias al avance de la biomedicina, la longevidad es de 70 años o de 80 años, dependiendo el país, y hoy por hoy a nivel mundial una de cada seis personas muere de cáncer”, afirma Blaustein.
En los últimos 30 años, la especie humana sufrió un incremento del 22% en el número de casos de cáncer a nivel mundial. En los países pobres, en lugar de tener cada vez menos mortalidad por cáncer gracias al avance de la biomedicina, hay cada vez más muertes.
El científico Blaustein detalla: “En general la clase trabajadora, los países pobres y las zonas más marginales son las que tienen más casos de cáncer y más mortalidad por cáncer, justamente por falta de prevención, diagnóstico temprano, acceso a tratamiento”. Y agrega: “teniendo en cuenta que nos encontramos en un planeta Tierra con un modo de producción del ser humano cada vez más individualista, cada vez más competitivo se ve como eso también va teniendo impacto”.
Para él no es difícil imaginar otro modo de sociabilidad en este mundo que no sea, por ejemplo, el que le tira pesticidas a niños y niñas en las escuelas rurales, lo que genera cáncer directamente. O tener que trabajar en contacto con asbesto (agente cancerígeno) como sucede en las formaciones del subte. O bien, tener pluriempleo de casi 20 horas diarias, lo que genera estrés permanente, inmunodepresión, todo lo que es un caldo de cultivo para que se desarrolle y progrese el cáncer.

“Tampoco es lo mismo -añade Blaustein- un sistema en el cual alguna gente puede acceder a prevención, diagnóstico temprano y tratamiento porque puede pagarlo y un montón de gente queda por fuera de todo esto, no tiene acceso ni a información ni a diagnóstico temprano y termina siendo condenada a muerte cuando capaz tenía tumores curables”.
Y concluye: “Si la salud no fuera un negocio y fuera un derecho, en un estilo de vida mucho más cooperativo es muy fácil de imaginar que tendríamos menos casos de cáncer y menos mortalidad por cáncer”.
Acá pueden leer el informe completo publicado en la Revista Science Advances
Más conocida como “Tefa”, nació en Mar del Plata en 1989. Trabajadora de prensa, periodista y Licenciada en Comunicación Social (egresada de la UNLP). Buscadora de la aguja en el pajar: le apasiona el periodismo de investigación. Trabajó en prensa institucional, en diversos medios privados de La Plata, y colaboró en medios alternativos como ANRed. Actualmente escribe notas vinculadas a los derechos humanos, política y cada tanto entrevista a personajes de diversos territorios. También integra el área audiovisual, En Foco, como productora periodística. Siempre redactando con las gafas violetas puestas. Desde 2018 forma parte de la cooperativa Pulso Noticias, donde aprendió a vender publicidad, gestionar pautas y hasta armar un gran escritorio en madera.



