Soledad Llanes, una heroína anónima

Foto: María Paula Ávila

Es una de las cooperativistas que se encuentran acampando frente a la Municipalidad por una mejora salarial. Cobra 4.750 pesos por barrer seis horas al día. Madre de cuatro hijos y abuela, además limpia casas y se hace tiempo para atender un comedor que montó en Altos de San Lorenzo para poder darle de comer a las familias más necesitadas del barrio

Por Ezequiel Franzino

Es martes 17 de julio y la rutina de Soledad Llanes, de 42 años, madre de cuatro hijos y abuela, no será la de todos los días. Hoy, en reclamo por un aumento de sueldo (cobra 4.750 míseros pesos por barrer las calles de la ciudad de lunes a viernes 6 horas por día), se quedará a dormir en una de las tantas carpas que diferentes organizaciones sociales de la ciudad montaron este mediodía frente a la Municipalidad. Es un día helado para hacer un acampe, pero ella no se inmuta: si hay algo de lo que sabe es de pasarla mal y de pelearla para cambiar su suerte.

Por quedarse a defender su dignidad, hoy no sólo no podrá salir a barrer las calles de Altos de San Lorenzo, sino que tampoco podrá asistir a las casas de familias donde a la tarde limpia por hora para juntar algunos puchitos más, esos que la ayuden a sostener la economía familiar. Soledad tiene que hacer malabares porque el sueldo de cooperativista le alcanza para “algunos paquetes de fideos y algunos alimentos muy básicos. Ni carne podemos comprar. Por eso, varias de nosotras trabajamos en otros lados, en casas de familia generalmente”, le cuenta a Pulso Noticias.

Con motivo del acampe hoy tampoco podrá asistir al comedor “Expropiamos el Futuro”, ese lugar ubicado en 17 y 89, que en 2010 creó junto a otras cuarenta mujeres organizadas en el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), en donde le dan merienda y apoyo escolar a más de cien chicos, y donde les preparan la cena a las familias más postergadas del barrio.
Dentro de tanta amargura, a ella se le dibuja una sonrisa cuando recuerda los inicios del comedor. Eran tiempos en los que ni siquiera tenían el terreno y fantaseaban con poder dar una mano. “Era un proyecto muy loco y hoy es una realidad. Al principio hacíamos las reuniones en la calle, después en lo de una vecina, y de a poco fuimos avanzando. Primero montamos una casillita, y así fuimos armamos este lugar que hoy funciona muy bien. Siempre luchando, qué va a ser”, dice Soledad.

Para poder autoabastecerse, en ese terreno montaron también una huerta orgánica, que hoy da frutas y verduras de todo tipo y color, que sirven para cocinar en el comedor, repartir entre los vecinos, o de vez en cuando hacer ferias. El proyecto también sirvió para que el barrio se convirtiese es un espacio más amigable con el medio ambiente. “Tratamos de juntar la basura de los vecinos y convertirla en abono. Algunas compañeras concientizaron a los vecinos para que recuperen la basura y repartimos bidones para que ellos junten restos de verduras, de yerba, de té y todo lo que sea orgánico”, cuenta con orgullo.

El lugar, que representa un orgullo para todos los que viven en la zona, cuenta además con un jardín popular “para que las compañeras puedan dejar a sus chicos mientras van a trabajar y no tengan que pagarle a otra persona para que los cuide. Así les puede rendir un poco mejor el poco dinero que ganan”.

Más allá de todos los esfuerzos que haga esta mujer para poder hacer de este barrio y de este mundo un lugar mejor, lo cierto es que “está todo muy feo. Cada vez hay más gente con necesidad”, dice Soledad, la heroína anónima que gana 4.750 pesos por mes y que esta noche dormirá a la intemperie, mientras los funcionarios municipales estén mirando alguna serie de Netflix, calentitos en sus casas.

Comentarios