Habitar una casa container

¿Cuánto sale vivir en un container? ¿Es más barato que una casa de material? ¿Más ecológico? ¿Hará mucho calor en verano y mucho frío en invierno? Conocé los detalles de una nueva forma de construcción que cada día se vuelve más popular 

Por: Florencia Mártire

Cerca del Parque Alberti, en La Plata, un muchacho en bicicleta ladea la cabeza para mirar una casa en construcción. En Gonnet, sobre calle 28, una pareja detiene el auto para observar una obra. La escena se repite en varios sitios, las construcciones tienen una particularidad: están hechas con contenedores marítimos en desuso y, si bien constituyen una de las tendencias arquitectónicas de los últimos tiempos, todavía llaman la atención y despiertan curiosidad en la región. “En un barrio común, si de pronto se empiezan a incorporar otras arquitecturas: se genera cierto eclecticismo pero también diversidad y eso enriquece el paisaje urbano, si no se torna muy monótono”, reflexiona la Arquitecta y becaria del CONICET, Gabriela Mijal Orihuela.

En un barrio cerrado de Villa Elvira, rodeada de viviendas de ladrillos, se encuentra la casa de Franco Barrozo y Cynthia Pereyera. Está hecha con dos contenedores marítimos de un amarillo desgastado por el sol, muchas ventanas y postigones de placa cementicia. Tiene una cochera, un lavadero en madera y un deseo hecho realidad: el aprovechamiento máximo del jardín y la hilera de pinos, con paso directo al living-comedor. Esa, la que desdibuja la barrera entre el adentro y el afuera, es la parte preferida de la casa que habitan desde hace dos años. “La hicimos toda nosotros”, cuentan.

Foto: Florencia Mártire

Dudas, miedos y un resultado de revista

“Dos años antes de comprar el terreno, por la situación económica, era imposible para mí pensar tener algún día una casa propia –dice Franco–, cuando nos quisimos acordar se enfiló todo y ya estábamos metidos en el proyecto”. Él, de 39 años, oriundo de Trenque Lauquen, se trasladó a La Plata a estudiar Arquitectura y por cuestiones de trabajo dejó pendientes unas pocas materias. “Soy casi arquitecto”, bromea, pero enseguida se corrige: “Me considero arquitecto”. Cynthia, de 36, es de Concepción del Uruguay y se mudó a la ciudad a estudiar Medicina. A ella también le quedan unas pocas materias para recibirse y espera darlas en el corto plazo. Cynthia y Franco querían dejar de alquilar de una vez y que su bóxer, Bahco, tuviera espacio verde, que viviera por primera vez fuera de un departamento. 

Al momento de empezar a diseñar la casa evaluaron distintos tipos de construcción. Analizaron el Steel Framing -construcción en seco- y, si bien creen que es un sistema excelente, consideran que faltan materiales en el país para poder explotarlo bien. Respecto a la construcción tradicional, además de lo largo de sus tiempos, los desalentó “el costo oculto y escondido que es el gran desperdicio que tiene”. Se orientaron así por la construcción con contenedores marítimos, ponderando principalmente dos factores: primero, que no desperdicia materiales; segundo, moverla a su destino final, tal vez Córdoba o Uruguay. Cuando lo cuentan se ríen porque esa idea de acarrear la casa respondía al diseño original, pensado como un departamento en un solo container, en el que habían trabajado meses y meses mientras ahorraban. Al final, el diseño mutó a una casa con dos contenedores unidos por un pasillo, más difícil de trasladar aunque no imposible.

Ambos trabajan en Deco Furniture, su taller de muebles de melamina que en 2017, tras una racha de mucho trabajo, les permitió juntar parte del dinero para comprar el terreno donde hoy tienen su casa. Al tiempo, se vendió un terreno que tenían en Concepción. “Lo vendimos, compramos dos containers y automáticamente pagamos las aberturas y todo el material de construcción en seco (interior, revestimiento, aislamiento). Lo más groso lo compramos”, recuerda Franco. El 12 de diciembre, después de preparar los cimientos, llegó la grúa con los contenedores y el 2 de enero de 2018 empezaron a construir.

Foto: Florencia Mártire

Fue un desafío, dicen, ya que, a diferencia de la construcción convencional que arrastra una larga tradición, no hay un manual que detalle cómo se hace aunque, actualmente, el grupo de Facebook Constructores de Casas Containers se convirtió en una red importante para intercambiar información y asesorarse. Un período de diez de meses –el tiempo que les llevó hacerla– de investigación constante, de chequear por distintas vías como videos de YouTube, foros, lecturas y mucho estudio, cuál era la mejor manera de hacer cada cosa, desde cómo cortar la chapa para la primera ventana hasta qué tipo de aislación colocar en el techo. El resultado fue una casa de 70 metros cuadrados absolutamente moderna: pisos de porcelanato en la cocina y flotante en las habitaciones, aberturas de hierro negro, placas de yeso en el interior, mucho vidrio, muebles y objetos minimalistas. “En líneas generales, los dos estamos re conformes. Es un esfuerzo físico terrible pero es una satisfacción decir: lo hicimos nosotros”, asegura Franco. 

“En realidad es muy sencilla la estructura del contenedor pero no está tan a mano”, explica Mijal Orihuela. “Por ejemplo, yo sé que si hago una estructura de hormigón armado que no supera los 4 metros entre columna y columna, tengo que usar tal hierro, eso lo sabemos todos porque es tan común. El contenedor es una estructura metálica, se calcula muy fácil, pero no lo estudiamos. Conozco el caso de un ingeniero que le cobró más a un clienta porque se tuvo que sentar a hacer cálculos, porque no lo conocía tanto. A medida que más se construye, más se abarata”, agrega. 

Foto: Franco Barrozo

No cesan las preguntas en torno a si este sistema conviene en cuanto a tiempo y costos. Hoy, cada contenedor como los que ellos usaron -12 metros de largo, 2,45 de ancho y 2,60 de alto- cuesta en Argentina alrededor de 3300 dólares mientras en otros lugares es considerado chatarra. Según su experiencia, contratando todos los rubros y con la misma terminación que otro tipo de sistema constructivo, no supondría un ahorro sino que costaría más o menos igual. En cambio, con mano de obra propia -en su caso solo llamaron a un plomero y a un durlero-, se logra una diferencia económica a favor. En cuanto a los tiempos, creen que ahora en tres meses podrían hacer de un contenedor un departamento, porque no tendrían que detenerse a evaluar cuestiones técnicas que ya conocen de la experiencia previa. 

Armónica, eficaz y funcional

Muchas de las empresas que venden contenedores en desuso, o las fábricas que venden directamente la casa armada, presentan esta alternativa como “sustentable”. Para el Arquitecto Leandro Varela, Director de la Maestría “Paisaje, Medioambiente y Ciudad” de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP, “lo que tenemos que definir es qué es una vivienda sustentable, porque se dicen muchas cosas y se ha transformado en un eslogan de comercialización y no todo lo que anda diciéndose por ahí es verdaderamente sustentable”. En principio, sostiene que las casas con contenedores son una buena alternativa para poder aprovechar los contenedores fuera de circulación. “Como un residuo tiene que poder ser reciclado, vuelto a poner dentro del circuito de elementos con utilidad y, en ese sentido, utilizarlo para otras cosas, como puede llegar a ser una vivienda, un depósito, una oficina, me parece que está bueno”, afirma.

Pero para que una vivienda responda a un diseño ambientalmente consciente o bioclimático, señala Varela, deben abordarse una serie cosas. “Principalmente el diseño tiene que estar basado en la orientación y en el aprovechamiento de la luz solar: por dónde sale el sol, por dónde pasa, adónde se esconde, cómo aprovechar la incorporación de ese sol en el invierno para calefaccionar y cómo rechazar ese sol en verano para que se pueda descansar con confort; también implica tener carpintería o ventanales o vidrios adecuados para cada región”. Asimismo, alude a los dispositivos vinculados al uso racional de la energía: “Paneles solares que capten la energía del sol y la transformen a electricidad que permita ser reutilizada; el calentamiento del agua a través de calentadores solares que lo que hacen es disminuir la cantidad de gas o de electricidad”. Ventilación cruzada, dispositivos de diseño ambientales pasivos, como una galería al norte, parasoles verticales al oeste o al este, persianas regulables que permitan la entrada de la luz y, a la vez, dejen correr la brisa, son otras de las cuestiones que señala. En definitiva –indica Varela– la sustentabilidad tiene que ver con el lugar donde se inserta la vivienda y la respuesta arquitectónica que se plantee de acuerdo a las características de ese lugar. 

“Todo estudiado”, responden Cynthia y Franco cuando se les pregunta si tuvieron en cuenta esas cuestiones. Para ellos, plantearse de antemano cómo utilizás tu casa es fundamental, la base para hacer un diseño lo más funcional posible. “Somos muy de lo funcional. A mí no me importa si vos venís acá y no te gusta tal cosa. A mí me funciona”, afirma Franco. Hablando intercaladamente, enumeran las cualidades de su vivienda: luz natural y ventilación todo el tiempo, ni una una gota de humedad, tres garrafas de gas al año, un aire acondicionado que apenas se prende, un termotanque solar que anda excelente. “En cada uno de los ambientes –explica Cynthia– hay una o dos aberturas como mínimo. Hasta en el vestidor tenemos luz natural. Ahora en verano prendemos la luz a las ocho y media de la noche. Durante todo el día no se prende en ningún lugar de la casa”. Y agrega: “Los postigos están hechos para que aíslen el calor en verano y lo preserven en invierno. Pusimos las habitaciones en el lugar donde más sol hay porque es donde menos estamos durante el día, y a la noche se va a refrescar igual por la amplitud del contenedor: se calienta fácil pero también se enfría muy fácil”. 

Foto: Franco Barrozo

Después de aquellos diez meses de prueba y error, Cynthia y Franco se volcaron a disfrutar su casa. Ahora, transcurridos dos años, miran el exterior y piensan si pintarla, revestirla o dejarla así. Saben que en algún momento, en algún lugar, construirán el diseño original con un solo contenedor. “Pensar una casa container como un vagón no termina siendo cómodo. Por eso hay que pensarlo un poco más allá de una cosa larga o una cajita –dice Franco-. Es una caja con aberturas. Yo creo que si la gente rompe con eso y con que la chapa quema, estaría lleno de casas como la nuestra”. 

Según Mijal Orihuela: “Tener contenedores en un barrio de casas que son todas iguales, cuadradas, le da diversidad al paisaje. Eso, me parece, también hay que saberlo entender como algo cognitivo y, a lo sumo, se puede empezar a discutir desde el punto de vista de lo artístico qué es una buena estética o no, pero sí hay que entender que la ciudad evoluciona, los edificios tienen una vida útil, van cambiando, van apareciendo nuevas tecnologías y sería poco contemporáneo y moderno pretender que las soluciones arquitectónicas sean siempre las mismas, iguales a las tradicionales”.

Mirá el proceso de construcción de Franco y Cynthia en su canal de Youtube:

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