El FMI agita las llamas de la insurrección en Haití

Por recomendación del organismo, el gobierno quitó subsidios al petróleo, que aumentó casi un 50%. La revuelta popular y el caos provocaron la renuncia del primer ministro y la tensión se apoderó del país. Recetas de crisis e inestabilidad política

En febrero, el gobierno de Haití acordó con el Fondo Monetario Internacional (FMI) un paquete de reformas estructurales a su economía, la manera elegante de llamar al ajuste, que finalmente comenzó a llegar en las últimas semanas, con consecuencias que desbordaron las previsiones del organismo y de los poderes del país más pobre de América Latina.

El ciclo de una nueva crisis política comenzó con el aumento del petróleo y sus derivados: 38% la gasolina, 47% el diesel y 51% el kerosene. La gente salió a las calles, las protestas se masificaron y la policía reprimió, generando muerte y más caos. Ayer, el primer ministro Jack Guy Lafontant renunció tras una sesión en el Parlamento donde se le quitó el voto de confianza, y ahora el presidente Jovenel Moise busca realizar nuevos acuerdos con los diversos sectores políticos, aunque la tensión no afloja y en las últimas horas se mantenían barricadas en Puerto Príncipe, la capital, asediada por los saqueos y sitiada por el bloqueo de las rutas.

Las medidas

Una de las condiciones impuestas por el FMI a Haití es la eliminación de los subsidios a los productos del petróleo. Otra: mantener la inflación por debajo del 10%. Las recetas suelen ser similares, sin importar las particularidades de cada país, ni que el 60% de los haitianos viven con menos de dos dólares al día.

Sin embargo, ante la revuelta generalizada, el gobierno reconoció que la quita de subsidios fue un error, aunque “bien intencionado”, y el organismo internacional sugirió que se realice de forma gradual. “Continuaremos apoyando a Haití y ayudando a las autoridades a medida que desarrollen una estrategia revisada, que incluya un enfoque mucho más gradual para eliminar los subsidios”, señaló tras las protestas el portavoz del FMI, Gerry Rice. Desde su sede en Washington, el funcionario insistió con su plan de ajuste y señaló que estas reformas permitirán ayudar a los más necesitados. El gradualismo, pareciera, también está en discusión en la isla caribeña.

Recetas similares: el caso del arroz

La historia de Haití, el primer país de América Latina que logró la independencia, es un ciclo de permanentes revueltas, golpes de estado e intervenciones extranjeras. La isla no es sólo epicentro de terremotos, también pasan tornados, huracanes, y la oportuna “ayuda” del FMI ante cada crisis. El organismo aplica sus recetas sin mirar dónde, y el prestigioso analista internacional Pedro Brieger explicó recientemente el por qué con un caso testigo: la producción de arroz.

Dijo Brieger: “Hasta mediados de la década del noventa del siglo pasado, Haití consumía casi todo el arroz que producía. Por recomendación del FMI, hace más de veinte años bajaron drásticamente los impuestos a la importación del 55% al 3%, para favorecer la importación de arroz desde Estados Unidos. Hoy, el país más pobre de América importa arroz del país más rico del planeta y cerca del 80% del grano que consume es el ‘arroz de Miami’, como se lo conoce en la isla por el puerto donde se embarca”.

Finalmente, el periodista explicó: “En vez de ayudar a los campesinos haitianos, Estados Unidos ha convertido al pequeño y pobre país en uno de sus cinco principales destinos de exportación de arroz, destruyendo gran parte de la producción local. Bill Clinton, conocedor del tema, reconoció que él había sido responsable directo de tal despropósito durante su presidencia”.

 

 

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