La inflación ya superó el 30% en 2020

Lo informó el Indec este martes. Los alimentos aumentaron menos que el promedio y hubo fuertes subas en recreación y equipamiento para el hogar. Una familia tipo necesitó en noviembre $ 51.776 para no ser pobre y $ 21.573 para no caer en la indigencia

La inflación de noviembre fue del 3,2% y acumula un 30,9% en lo que va del año, con un incremento más moderado de los alimentos y subas importantes en recreación, salud, vestimenta, equipamiento del hogar y transporte.

Los datos fueron publicados hace minutos por el Indec, y marcan un incremento interanual del 35,8%, lejos de los valores de 2019.

Una familia tipo necesitó en noviembre $ 51.776 para no ser pobre y $ 21.573 para no caer en la indigencia. Junto con la inflación, el organismo publicó hoy la estimación de la canasta básica, que define los niveles de pobreza e indigencia en nuestro país.

De acuerdo a estos datos, la canasta básica alimentaria (que mide la indigencia) de noviembre aumentó 4,2% respecto del mes anterior (42,9% interanual) y se ubicó en $ 6.981 per cápita. Para una familia integrada por una pareja de adultos y dos niños, en tanto, el valor total alcanzó los $ 21.573.

En tanto, la canasta básica total (que marca el límite de la pobreza) se incrementó 3,7% respecto de octubre (37,7% interanual) y llegó a los $ 16.756 para una persona. Para una familia tipo, en tanto, el monto total para no ser pobre es de $ 51.776.

La canasta básica alimentaria (CBA) marca los requerimientos energéticos mínimos indispensables para un adulto durante un mes, y no tiene en cuenta ningún otro tipo de gastos. A quien no llegue a cubrir estos gastos se lo considera “indigente”. En tanto, la canasta básica total (CBT) incluye además gastos de vestimenta, viviendas y transporte, y define la pobreza.

Como suele ocurrir, la CBA aumenta a una velocidad superior, sobre todo porque en la comparación la CBT incluye el precio de las tarifas, que estuvieron congeladas todo el año. El Indec informó que la canasta alimentaria ascendió 38,4% en lo que va del año, mientras que la canasta total llegó al 32.9%.

Numerosos especialistas cuestionan este modo de medición de la pobreza, sobre todo porque fue elaborado hace varias décadas y no contemplan una verdadera alimentación balanceada, además de no contemplar otras condiciones estructurales como la falta de acceso a la vivienda y a servicios básicos como el agua potable y las cloacas. La Universidad Católica Argentina (UCA) incorpora estas variables en un estudio que denomina de “pobreza estructural”, que usualmente arroja resultados más altos que los oficiales.

Una familia tipo necesitó en noviembre $ 51.776 para no ser pobre y $ 21.573 para no caer en la indigencia, según informó el Indec.

Junto con la inflación, el organismo publicó hoy la estimación de la canasta básica, que define los niveles de pobreza e indigencia en nuestro país.

De acuerdo a estos datos, la canasta básica alimentaria (que mide la indigencia) de noviembre aumentó 4,2% respecto del mes anterior (42,9% interanual) y se ubicó en $ 6.981 per cápita. Para una familia integrada por una pareja de adultos y dos niños, en tanto, el valor total alcanzó los $ 21.573.

En tanto, la canasta básica total (que marca el límite de la pobreza) se incrementó 3,7% respecto de octubre (37,7% interanual) y llegó a los $ 16.756 para una persona. Para una familia tipo, en tanto, el monto total para no ser pobre es de $ 51.776.

La canasta básica alimentaria (CBA) marca los requerimientos energéticos mínimos indispensables para un adulto durante un mes, y no tiene en cuenta ningún otro tipo de gastos. A quien no llegue a cubrir estos gastos se lo considera “indigente”. En tanto, la canasta básica total (CBT) incluye además gastos de vestimenta, viviendas y transporte, y define la pobreza. 

Como suele ocurrir, la CBA aumenta a una velocidad superior, sobre todo porque en la comparación la CBT incluye el precio de las tarifas, que estuvieron congeladas todo el año. El Indec informó que la canasta alimentaria ascendió 38,4% en lo que va del año, mientras que la canasta total llegó al 32.9%.

Numerosos especialistas cuestionan este modo de medición de la pobreza, sobre todo porque fue elaborado hace varias décadas y no contemplan una verdadera alimentación balanceada, además de no contemplar otras condiciones estructurales como la falta de acceso a la vivienda y a servicios básicos como el agua potable y las cloacas. La Universidad Católica Argentina (UCA) incorpora estas variables en un estudio que denomina de “pobreza estructural”, que usualmente arroja resultados más altos que los oficiales. 

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