Desalojo en Guernica: “¿Qué filmás, puta de mierda?”

Pulso Noticias estuvo presente en el predio de Guernica registrando el desalojo llevado adelante por la Policía Bonaerense, el cual tuvo como saldo casillas quemadas, destruidas por ellos y/o por la topadora,  más de 39 detenidos y decenas de heridos. Las familias pedían “tierra para vivir” pero el gobierno avaló la represión, la violencia, el maltrato a los que menos tienen.

Relato en primera persona

Por Paola Álvarez, Estefanía Velo y Julia Varela.

Era de noche. Llegamos a las inmediaciones del predio pasadas las cuatro de la mañana. El desfile del ejército de la Policía Bonaerense ya se veía 20 kilómetros antes; cuando en el primer retén policial se acercaron tres efectivos con sus armas largas a preguntarnos hacia dónde íbamos. Entramos por Mendoza e Infantería ya estaba apostada al costado de la Ruta 29 sin dejar ingresar a nadie. Patrulleros, camionetas, motos, bomberos circulaban en plena oscuridad de los barrios de Guernica.

Nos tuvimos que desviar entre vuelta y vuelta porque entre tanta oscuridad solo se veían luces azules. Cruzamos a un auto que tenía un cartel grande de una cruz roja pegado en el vidrio de atrás. Iba a la posta de salud instalada en el barrio La Unión. Hacía allá fuimos. En plena noche.

Llegamos al barrio La Unión y, a lo lejos, sólo se veían algunas fogatas. Cruzamos el zanjón y empezamos a caminar hacia uno de los comedores del barrio, unas cinco cuadras hacia adentro. “¡Estan entrando por Brasil! ¡Están entrando por Brasil!”, nos avisaban otros colegas. Brasil es la calle límite del barrio La Unión, alrededor todo es campo llano; gran parte de esos terrenos pertenecen a la empresa Bellaco S.A. Ahí estaba la Policía, apostada en esas tierras. Pudo ingresar por el territorio de los empresarios, de quienes reclamaban las tierras en disputa, dándole un lugar a las fuerzas represivas del Estado para hacer su tarea.

Nos acercamos aún más a esa entrada, el manto de oscuridad recaía sobre las 1400 familias que resistieron en el predio y sobre los 4000 efectivos que llevó el ministro de Seguridad Sergio Berni, con el aval del gobernador –su máximo jefe en la Provincia– Axel Kicillof. 

“¡Están entrando! ¡Están entrando, compas!”, se escuchaban los gritos. Al instante, comenzaron los estruendos y la balacera. Cerca de las cinco de la mañana, ya había ingresado una tropa de unos doscientos o trescientos oficiales con sus escudos, totalmente decidida a dar palos, tirar con sus itacas, lanzar gases lacrimógenos contra todo lo que estaba del otro lado de ellos. 

Luego de esos trescientos metros que avanzaron, contra la resistencia organizada por parte de vecinos, vecinas y organizaciones solidarias, el cielo empezaba a aclararse. El sol apenas asomaba su primer rayito. No podían entrar de noche. Pero, ¿quién controló eso? ¿El mismo Berni junto a los fiscales? ¿Qué pueden decir ellos mismos sobre su propio accionar?

“¡Cuidado!”, nos gritan desde la multitud de vecinos. Los pasos se aceleraron cuando la tropa policíaca empezó a correr contra la gente. Mientras tanto, la balacera seguía sonando de fondo. El cielo aclaraba y el humo de las casillas quemadas era cada vez más grande.

Se sabía que todo el predio, las 100 hectáreas, estaban rodeadas por la tropa policial. De un lado, las tierras de Bellaco S.A., del otro, el campo lindero del concejal de Cambiemos Guido Giana. No sabíamos hacia dónde ir: hacia donde miraras y fueras había una tropa policial con escudos y armas largas de la fuerza que fuera: infantería, grupo GAD. Hasta la Policía Ecológica estuvo presente. Atacaban empecinados y con saña desde patrulleros, camionetas, motos, cuatriciclos, jeeps y hasta camiones hidrantes (que estuvieron en el barrio lindero). También por eso varios jeeps y un hidrante se cayeron en la zanja de los costados de las calles. 

“¡Metanse adentro de las casas! ¡Dale, ahora!” gritaban los policías a los vecinos y vecinas, que los despertó una balacera y salieron de sus casas a pedir calma. “¡Tenemos niños, están durmiendo!”, gritaba una vecina. “¡Dale! ¡Dale, adentro!”, repetían todos con sus Itacas apuntando a las doñas recién amanecidas.

Esos mismos policías fueron los que nos corrieron para afuera del barrio La Unión. “Tranquila, tranquila, no tengas miedo”, le decíamos a una pibita que no paraba de llorar mientras corría hacia una de las salidas. Como trabajadoras de prensa decidimos ir a paso lento para registrar el operativo, pero el miedo instalado por ellos siempre estuvo presente. 

La tropa policial se había dividido en dos: una siguió por la calle trasera y otra se desvió para apostarse en una de las salidas. Corrieron con sus escudos, sus armas largas apuntando contra todos.

Trabajar fue difícil: transmitimos en vivo, filmamos y sacamos fotos. Coordinamos la cobertura entre colegas de diferentes medios cooperativos y comunitarios del país. Construimos una cobertura responsable, que defiende los derechos humanos en un territorio muy hostil. Hasta que un integrante de la tropa policial corrió a nuestra compañera: “¿Qué filmás, puta de mierda?”, amenazó. 

La policía comandada por el Ministro de Seguridad de la provincia, Sergio Berni, no cumplió con los acuerdos: empezaron el operativo de desalojo a la noche. Atacaron a la prensa cooperativa y comunitaria. Arrasaron las casillas, y después, las incendiaron. Más tarde, llegaron las topadoras a destruir lo poco que quedaba.

4000 efectivos totalmente equipados para reprimir y desalojar un predio donde vivían 1400 familias. 

Nunca nos vamos a olvidar de esa tropa decidida y ensañada contra todo: vecinas, niños, adolescentes desesperados frente a la policía; la misma que asesinó y desapareció a Andrés Nuñez en 1990 y la que asesinó y desapareció a Miguel Bru en 1993. La que mató a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en 2002. La misma que desapareció a Facundo Astudillo Castro en abril de este año. 

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