“Hablemos del suicidio”: una invitación a romper el silencio

El libro recientemente editado por Marcela Ojea y Fernando Tocho aborda en profundidad un tema ausente en el debate público, a pesar de mostrar estadísticas alarmantes: es la tercera causa de muerte evitable en el Gran La Plata. En el medio, una ley sin reglamentar y la falta de políticas de Estado

A principios de septiembre salió al ruedo un libro editado por dos periodistas de la ciudad, Marcela Ojea y Fernando Tocho, basado en una investigación en profundidad acerca de un tema que a pesar de las estadísticas, suele estar ausente en el debate público: el suicidio.

El título de la obra es explícito y no es casual: “Hablemos del suicidio”. Una invitación a tomar la voz y ponerle palabras una problemática rodeada de silencios. Le cuesta hablarlo a las familias donde alguno de sus integrantes pasó por una situación de este tipo o una tentativa; cuesta abordarlo en las escuelas, en los grupos de amigos y amigas, en los lugares de trabajo y hasta cuesta que desde el Estado se avance en aplicar la normativa vigente.

“Nosotros creemos que prácticamente no se habla, no se habla ni desde el Estado ni desde la sociedad civil”, expresó a Pulso Noticias Marcela Ojea y se refirió a su experiencia en la cobertura periodística: “Cuando me ha tocado hacer notas sobre suicidio, la respuesta del otro lado es rápidamente hablar en otro tono, como en secreto. La idea fue romper un poco ese silencio, hablar del tema con mucha responsabilidad, porque nosotros lo que proponemos es hablar en serio”.

Temor, culpa, vergüenza, son algunas de las sensaciones que rodean el tema y que operan a la hora de poder hablarlo. “Es una constante negación. Hoy hablar de suicidio en Argentina y buena parte del mundo es tabú”, remarcó.

La autora y el autor del libro señalan que la idea de investigar el tema surgió a partir de su trabajo en las calles de La Plata como cronistas de exteriores: “En 2017, hubo varios casos como el de la estudiante de 15 años del Colegio Nacional, que llamaron nuestra atención y encendieron la luz de alerta sobre la problemática”.

La magnitud del problema

Una de las cuestiones sobre las cuales tuvieron que trabajar es sobre las estadísticas. No son sencillas de rastrear, pero son indispensables para medir la magnitud de la problemática. Según la investigación, el suicidio es la tercera causa de muerte evitable en el Gran La Plata, después de los homicidios dolosos y los fallecidos por accidente de tránsito. En 2018, por ejemplo, hubo 72 muertes por homicidios, 68 por accidentes fatales y 63 por suicidios.

“Hoy tenemos un problema muy grande en Argentina: no hay entrecruzamientos de datos. La Procuración nos pasó un montón de datos, pero esos datos por ejemplo el Ministerio de Salud no los tenía”, explicó Ojea.

En ese sentido, aclaran que los números surgen de la información que pudieron recabar en hospitales públicos, pero “quedaron fuera de la estadística los Centros de Atención Primaria (las salitas de primeros auxilios), las Unidades de Pronta Atención (UPA), las llamadas atendidas por el SAME y las instituciones privadas porque no nos fueron suministrados por los organismos oficiales, lo que seguramente haría que el número fuera aún más preocupante”.

Según destacaron, “cada 12 horas ingresa una tentativa de suicidio a alguno de los hospitales públicos de la región. Casi la mitad de los suicidas tienen entre 18 y 45 años, es decir son la población económicamente activa del Gran La Plata”.

Múltiples aristas de abordaje

Los suicidios generan preguntas, muchas, y no tienen respuestas sencillas. La autora y el autor señalan que es una problemática multiplecausal, y por lo tanto la trabajaron con médicas y médicos, enfermeras y enfermeros, profesionales de la salud, la psicología, la psiquiatría y la sociología.

A su vez incorporaron el panorama mundial, provincial y regional, con casos de impacto en zona; el panorama en los lugares de encierro y los casos en los integrantes de las fuerzas de seguridad; la ONG Centro Atención al Suicidio *135; el trabajo de los bomberos y los expertos en salud; la ley nacional (2015) y provincial (2017) que aún no fueron puestas en marcha; y hasta recomendaciones para la prensa, entre otras cuestiones.

“Nosotros notamos que hoy cuando se habla de suicidios en los medios de comunicación, se lo hace con mucha irresponsabilidad, sin tener en cuenta que es un problema de salud pública, que es un problema social en Argentina y en el mundo. Hoy una persona se suicida cada 40 segundos en el mundo, según números de la Organización Mundial de la Salud”, indicó Ojea.

Además, apuntó: “Hoy por ejemplo un suicidio no se tendría que abordar como un policial, sino todo lo contrario, como un problema social, donde se tendría que informar por ejemplo los lugares a donde se puede recurrir”.

Una ley sin reglamentar y la deuda del Estado

“Nosotros de alguna manera estamos proponiéndole al Ejecutivo nacional hablar del tema y hacerse responsable de esta situación. Nuestro gran objetivo con el libro, es un poco ambicioso pero es lo que buscamos, es que se reglamente la Ley Nacional”, afirmó Ojea, en referencia a la Ley Nacional de Prevención del Suicidio, sancionada en 2015, a la que la Provincia de Buenos adhirió en 2017.

“Tenemos una ley que es muy completa, pero no está reglamentada ni tiene presupuesto”, explicó. De hecho, la normativa prevé la creación de una línea telefónica gratuita (0800) de escucha en situaciones críticas (que aún no existe), cuyos operadores deben estar debidamente capacitados en la atención de crisis y dotados de la información necesaria sobre redes de derivación y contención.

La periodista detalló que “el texto de la ley fue escrito por el Centro de Atención al Suicida, que es hoy por hoy la única organización que trabaja suicidio en la Argentina, que brinda asistencia. Es una ONG, tienen la dificultad de que no tienen recursos, y todas las personas que trabajan son voluntarios y no logran cubrir las 24 horas del día los 7 días a la semana”.

“Lo que prevé esta ley es la formación y capacitación del personal de salud, que esté destinado específicamente para la prevención de suicidios o para trabajar con tentativa de suicidio, y para hacer un seguimiento. Porque hoy está probado que una persona que intenta quitarse la vida, si no recibe la atención pertinente, lo vuelve a hacer”, afirmó.

Además, la legislación aborda la prevención y el tratamiento. De hecho también establece que las obras sociales deben hacerse cargo de los tratamientos de personas que han intentado quitarse la vida. Y a su vez, habla de posvención: “es un término que utilizan los especialistas a la hora de referirse a qué le pasa a la persona que intentó quitarse la vida, cómo reflexiona acerca de eso. Cuando se les da el alta médica, está la posibilidad de que sigan teniendo un seguimiento, que sigan acompañados. El pensamientos suicida aparece en distintas etapas de la vida: cuando una persona está colapsada, cuando se siente muy sola, cuando siente que pierde un poco la esperanza en el mundo y en la sociedad”.

“Queremos que se hable en distintos ámbitos, en las escuelas, en los lugares de trabajo porque hay muchos suicidios que ocurren en lugares de trabajo, en clubes de barrio, apuntando sobre todo a los más jóvenes. La franja etaria más afectada es entre los 18 y los 35 años”, remarcó la periodista.

“Hablemos del suicidio” ya se puede conseguir en las librerías de la ciudad y también se puede adquirir a través de la página de la Ediciones Ciccus. “Es una problemática mucho más frecuente de la que uno se imagina. Pero como no se habla, queda ahí”, aseguró Ojea, y el título elegido vuelve a cobrar sentido: el primer paso, ya está dado.

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