Ley de Humedales: mucho más que humo sobre el agua

Las quemas descontroladas en el Delta del Paraná, ¿se convertirán en el desastre natural que termine de impulsar al Congreso para sancionar la norma? Por qué es importante proteger a estos ecosistemas y qué intereses económicos se esconden detrás

Por Walter Amori

Montreux, 4 de diciembre de 1971. El Casino de esa ciudad arde en llamas, una fuerte columna de humo sale de sus entrañas, frente al lago Lemán. El episodio se traduce en una de las canciones más famosas de la historia del rock. A escasos metros de ese lugar se encontraban los integrantes de Deep Purple a punto de comenzar la grabación de su disco ‘Machine Head’ cuando una bengala lanzada en un concierto de la banda de Frank Zappa incendió el edificio. Así nació “Smoke on the water”.

Si trasladáramos el lugar y las fechas de los hechos, y eligiéramos Rosario, en los primeros meses de este 2020, la banda británica podría crear de la misma forma la canción con el riff más célebre de todos los tiempos, pero ahora ante el desastre natural que ocurre desde principios de año en el Delta del Paraná.

Como dice el dicho, “Dios es argentino, pero atiende en Buenos Aires”. Y la quema de pastizales que azota a todo el Delta desde hace meses (ver aparte: “Las vaquitas son ajenas…”) comenzó a ser noticia en los medios hegemónicos hace apenas algunos días, cuando lo que era una primaveral mañana de invierno comenzó a oscurecerse. Los vientos habían modificado su rumbo y la capital del país quedó cubierta de humo.

La justicia poética fue inmensa. Esa misma tarde del miércoles 5 de agosto comenzaba a discutirse en el Congreso nacional la Ley de Humedales.

La presencia de Deep Purple en Montreux se debía a dos motivos. Por un lado, a los músicos no les gustaba grabar en el encierro de un estudio y preferían hacerlo sobre el escenario del casino. El lado B de la historia dice que en Suiza evitaban pagar los impuestos que cobraba el Reino Unido.

Con la Ley de Humedales sucede algo parecido. La historia oficial indica que en dos ocasiones (2013 y 2015) el proyecto de ley fue cajoneado por diferentes “inconsistencias”. El lado B dice que fueron en realidad los intereses económicos los que primaron, y evitaron que la norma tenga luz verde.

Esenciales

Cuando hablamos de humedales nos referimos a casi un cuarto del territorio del país. En Argentina el área con humedales alcanza los 600.000 km2. Y su heterogeneidad es tan grande que podemos encontrarlos en el Delta del Paraná, en la costa bonaerense, en el norte del país, como en la Patagonia.

En diálogo con Pulso Noticias, Roberto Bo, director del Grupo de Investigación en Ecología de Humedales de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, explica que “son un tipo particular de ecosistemas que por su naturaleza tienen momentos de inundación, momentos de aguas bajas, momentos de aguas altas y se comportan como ambientes intermedios entre lo netamente acuático y lo netamente terrestre”.

“Particularmente por su heterogeneidad, son ambientes altamente productivos y altamente biodiversos. Tenemos que conservarlos porque se lo debemos a las generaciones futuras, pero también pensando en nuestro provecho como comunidades humanas porque los humedales nos brindan los que se llaman ‘servicios ecosistémicos’. Son funciones que cumplen los humedales y que se traducen en bienes y servicios para nosotros”, afirma Roberto.

Cuando el biólogo hace referencia a la biodiversidad se refiera que son un destacado refugio de flora y fauna (aves acuáticas, peces, anfibios, reptiles y mamíferos), a que permiten la reducción de emisiones de dióxido de carbono para mitigar el cambio climático, y a que son una de las razones fundamentales para que las ciudades costeras no se inunden.

Cuando dice que son altamente productivos es porque nos proveen de agua dulce y permiten un desarrollo importante de actividades como la agricultura, la ganadería, la pesca, practicas recreativas, entre otras. Y suelen ser una fuente de prosperidad económica para las ciudades que se encuentran en sus cercanías.

“Al inundarse regulan el clima, porque amortiguan las condiciones mínimas y máximas de temperaturas, entonces favorecen condiciones confortables de vida para muchos seres vivos. A su vez, con la inundación vienen nutrientes, semillas, que se traducen en pasto para el ganado o fibras y alimentos para nosotros. Nos proveen de alimentos, de materiales, de medicina. Son fundamentales desde el punto de vista de su valor intrínseco, como desde el punto de vista de los bienes y servicios que nos brindan”, detalla Bo.

Demoras profundas

Roberto Bo no desliga sus conocimientos científicos del debate público. “Parte de nuestra responsabilidad como científicos es contribuir a la conservación de la biodiversidad, pero también a mejorar la calidad de vida de todos nosotros. Hay que entender cómo funcionan los humedales para no sobre utilizarlos y destruirlos en poco tiempo. Como científico, desde mi formación como biólogo y ecólogo, trato de entender cómo funcionan los humedales, pero pienso para qué sirve ese conocimiento”.

Roberto Bo (Docente e investigador – UBA)

En ese sentido indica que muchas veces esa sobre utilización se realiza sin malas intenciones, por desconocimiento, por no evaluar adecuadamente las consecuencias. Pero aclara que también “hay intereses de todo tipo”. Se refiere principalmente al agronegocio y a los desarrollos inmobiliarios privados.

En la misma línea, el legislador y titular de la Comisión de Ambiente de la Cámara de Diputados, Leonardo Grosso, señaló en una entrevista brindada a Futurock que al no haber una ley “nuestros humedales están siendo destruidos por la voracidad empresarial. Y esa voracidad fue la que boicoteó que el Estado regule la actividad”.

Los seis proyectos que están en la mesa de trabajo de los legisladores apuntan alcanzar una ley de “presupuestos mínimos”, que permita realizar un inventario de los humedales y atender a las cuestiones básicas de los mismos mientras se va construyendo el inventario. Por su parte, el proyecto del oficialismo impulsa que haya fuertes multas, para que los empresarios que incumplan con la ley no incluyan el valor de las penalidades como una parte irrisoria de sus costos.

Bo, que estará exponiendo esta tarde en una reunión impulsada virtualmente por el Senado, rememora los años de lucha por tratar de que la norma avance: “En 2013 y 2015 la ley se aprobó en Senadores pero cuando pasó a Diputados, con distintas excusas, se cajoneó y perdieron estado parlamentario. Ahora hay una intención de que esto salga”.

“Lo que está pasando con los incendios claramente nos dice que, sí o sí, necesitamos la ley de humedales. Y la ley tiene que ir acompañada de políticas públicas, de coordinación, de personal y de medios para acompañar el conocimiento que nos falta, así como de personal para controlar y aplicar multas”, resalta.

Asimismo, señala: “Lo que hay que hacer es darles un uso sustentable a los humedales, si yo los uso de manera sustentable ya los estoy conservando. Lo que busca la ley es que lo que se haga, se haga bien. La sustentabilidad no es sólo ecológica, es sociocultural y es también económico-productiva. El tema es que lo económico no es para unos pocos y a corto plazo”.

Las vaquitas son ajenas…

La quema para la renovación de pastizales tiene su explicación en la práctica de la ganadería y se podría decir que es milenaria. ¿Que cambió? El voraz mercado agroindustrial desarrollado a partir de 1996 con todo el paquete de soja transgénica y agrotóxicos, impulsó la lógica del monocultivo y (entre otra de sus consecuencias) expulsó a las vacas hacia los humedales.

“Vos no podés hacer una ganadería en las islas ribereñas como la hacés en La Pampa”, manifiesta Roberto Bo a Pulso y así lo detalla: “Las vacas se llevaban a las islas en épocas de aguas bajas y se retiraban en épocas de aguas altas, eso hacía la gente históricamente. En los 90 cambió, con toda la introducción de los agronegocios y la sojización. En los campos se empezó a sembrar soja y a las vacas las mandaron a las islas, al Delta, todo el año”.

Por qué los incendios que se produjeron a lo largo de los últimos meses tuvieron un alcance tan grande. Se explica por cuestiones estrictamente climáticas y otras económicas. En todas está la mano del hombre, en todas falta la ley y el conocimiento que aporta la ciencia. Se estima que unas 50 mil hectáreas fueron afectadas por las llamas.

“Tenemos que ser conscientes que las cuestiones climáticas están cambiando y el cambio climático tiene un sustento científico. Hay una variabilidad que está siendo y va a ser cada vez más extrema. Vamos a ir variando de eventos de inundación a procesos de sequía. Las condiciones ambientales estaban dadas para tener mucho cuidado porque estamos en una seca histórica, no sólo del Paraná sino de todos los ríos de la Cuenca del Plata. Entonces, se dieron las condiciones para que estuviera todo seco y para que un fuego pudiera tener los efectos que tiene”, relata Bo.

Además, agrega: “Está todo el Delta quemado. No es que hubo un accidente o que un rayo generó un incendio. Y en este caso se aprovechó un menor movimiento de gente y un menor control por el tema de la pandemia”.

Y ante la pregunta de este medio por los negocios del sector agroindustrial y los desarrollos inmobiliarios que suelen instalarse en las zonas de los humedales, Roberto asegura: “Por como se dieron las cosas no tengo dudas de que hay intereses económicos importantes relacionados con la soja, la hidrovía, la exportación, los movimientos inmobiliarios. Desde el Delta sale toda nuestra exportación, ahí hay intereses muy grandes”.

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