Femicidio de Emma: “Estoy acá por ella y por todas las mujeres”

Ana Laura estaba con María Emma Córdoba en su casa de Punta Lara la noche del 8 de julio de 2017, cuando un vecino ingresó, las golpeó, abusó, apuñaló y prendió fuego la vivienda. Emma falleció y ella logró sobrevivir. A un año, espera la fecha de juicio para condenar al femicida

Por Paulina Tarantino

Era el verano de 2015. Hacía calor y más en la cocina del McDonald´s de 47 de La Plata, donde Ana Laura González trabajaba despachando pedidos de hamburguesas. Un día de esos llegó María Emma con su  sonrisa y energía arrolladoras. También su puesto fue en la cocina.

Foto: Hernán Fouillet

“Y se me pegó al toque”, cuenta Ana a Pulso Noticias, “a partir de ahí fuimos inseparables”.

Las chicas hacían juntas todo lo que podían dentro del trabajo: comían, limpaban y charlaban, y después del cierre del local, se iban a tomar mates a la casa de Ana. Mc es un buen lugar para hacer amigos: la amistad allí funciona como un halo de protección contra el estrés y la presión y como un aire fresco que te recrea la cabeza. Así les pasó a María Emma y Ana Laura que -cuando se conocieron- se salvaron. Y eso lo intentaron hasta el último minuto del 8 de julio en la casa de Punta Lara, donde Ana le rogó: “Aguantá María, que ya salimos”.

Emma dejó el trabajo para dedicarse a la carerra de Medicina en la UNLP a principios de 2016. Se había mudado con su novio a una casa en 126 entre 5 y 7 y se le compicaba la lejanía y coordinar con las cursadas. En ese tiempo no se veían tanto, pero cuando la joven se separó de su novio Ana se abocó a ser su más fiel soldado de compañía. “Ella estaba sola con los perros si no, así que me iba para Punta Lara y estudiábamos, María me ayudaba con magisterio, era un bochazo”, recuerda.

La causa y los medios

Si bien la joven sobreviviente logró reconocer al autor el mismo día del ataque, aún está a la espera de una fecha de juicio para que Ariel Osvaldo Báez reciba condena.

Al respecto, el abogado de Ana Laura, Jerónimo Guerrero Iraola, subrayó que la etapa de instrucción en la investigación fue llevada de una manera sobresaliente por la Fiscalía a cargo de la doctora Virginia Bravo y recordó que “las complicaciones en el caso fueron de índole metajurídicas” y tuvieron que ver “con el rol de los medios de comunicacion”.

“Intentábamos que la prensa entienda que más allá de que una persona sea víctima de un delito gravísimo hay que respetar su integridad y su libertad; y que en todo caso si hoy Anita quiere hablar es porque quiere e hizo todo un proceso que le permitió metabolizar lo ocurrido”, explicó.

Ana junto a su abogado. Foto: Hernán Fouillet

Jerónimo y Ana hicieron un comunicado en esos días de julio para exigir responsabilidad mediática. “El Ni Una Menos se va a hacer efectivo mientras todos tiremos para el mismo lado, los medios, la Justicia, y la sociedad toda”, argumentó.

Ana Laura se para en la calle y sostiene el afiche que pide justicia por el femicidio de su amiga. La tarde es fresca. Unos mezquinos rayos de sol se cuelan entre las nubes y le dan directo a la cara. Sin embargo, ella mira al fotógrafo y sonríe. Parece que le da batalla a la luz para mantener la firmeza del gesto.

Pienso que ya pasó un año de aquella noche horrorosa. Me dijo que las pesadillas siguen aunque “no esté durmiendo”. Que retomó sus estudios “pero tranqui” porque quiere dedicarle tiempo a la lucha. Que es difícil porque el dolor no se va. Pero que va a seguir por su amiga, por ella misma y por todas las mujeres.

A veces, sonreír es una decisión.

 

 

 

 

 

 

 

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