Cadena de solidaridad: el Hogar Ángel Azul y sus movidas creativas

Mientras los más de 30 niños y niñas de la institución pasan la cuarentena disfrutando de la vida silvestre en la localidad de Las Tahonas, Punta Indio, el grupo coordinadores del Hogar de barrio Hipódromo se organizaron para entregar 1200 viandas semanales en barrios populares. Además entregan garrafas y hacen estufas “Rockets” para donar

El Hogar Ángel Azul queda en 117 entre 36 y 37, barrio Hipódomo. Desde hace varios años conviven allí unos 30 adolescentes, niños y niñas. Hernán Améndola es el encargado de la institución y junto a su madre, quien fundó el lugar, su hermana y su compañera, generan diferentes propuestas para los pibes y pibas del Hogar con una particular creatividad, y una intensa búsqueda de apoyos a través de un gran grupo voluntades, amistades o colaboración del Estado.

Durante el 2019 colaboraron con algunas ollas populares de barrios, donde conocían a familias y referentes, pero luego fueron intentando aportar con cuestiones más relacionadas a la educación y la cultura.

Un viaje de campo

En ese potaje del Ángel Azul que articula solidaridad y creatividad, cuando en marzo comenzó a observarse que el virus no era una cosa ajena a nuestra ciudad y que lo que se venía era el “quedate en casa”, en el Hogar observaron que la situación iba a ser complicada: “nos dimos cuenta que aislarse acá, donde vivimos día a día iba a ser un delirio… somos treinta y pico de personas todos los días en la mesa… si bien es una casa que cuenta con las comodidades, están pensadas en una realidad donde los pibes van al cole, hacen actividades, pero no hay lugar propio de esparcimiento”, explica Hernán Améndola a Pulso Noticias.

Y qué mejor que irse lejos de la civilización. El ingeniero agrónomo Bruno Carpinetti es amigo y participante del Hogar y de la Asociación Civil “El Ángel Azul” y posee una chacra de 10 hectáreas en la selvática zona de Punta Indio, en un paraje conocido como Las Tahonas, al margen izquierdo de la ruta 11. “Cargamos las camionetas y nos fuimos para el campo, allá hay animales, arboles y la mejor vida que se puede llevar por esta situación”, describe Hernán respecto a los más de 100 días que hace que los pibis se encuentran en dicho lugar. “Están en óptimas condiciones, el distrito de Punta Indio se portó de manera excelente con el hogar, desde el intendente, el secretario de gobierno y toda la red que se tejió en la comunidad puntaindiense”, refirió.

Yo cocino y vos las llevás

Cuando el Hogar El Ángel Azul se quedó -durante la pandemia- sin niños ni niñas ni jóvenes, el equipo de Améndola y compañía se quedó tranquilo y feliz con la situación de sus “hermanitos”. Pero comenzaron a ser testigos de una situación de hambre cada vez más profunda de la gente que, en el marco de aislamiento, no puede salir a trabajar.

“Nos empezamos a dar cuenta que la situación social en general se estaba yendo al carajo, pasaba gente todos los días a golpear la puerta del Hogar a pedir lo básico para hacer una olla” contó Hernán, vecino de Barrio Hipódromo. “Tuvimos que reflotar el tema de las ollas populares pero no podíamos hacer ollas convencionales, que eran un espacio de encuentro, de intercambio de ideas y charlas…así que inventamos el sistema de viandas”, introdujo.

Allí volvieron a hacer la convocatoria a seguidores, familias amigas, voluntarios, y todo el marco de relaciones que fueron tejiendo durante años: “logramos que la gente, a modo de encuentro familiar, se juntaran a cocinar en su casa entre 10 y 20 viandas, para poder ir a repartirla en los barrios donde hacíamos las ollas”.

En un comienzo, en mayo, repartieron 120 viandas y hoy están cerca de las 1400 platos de comida semanales, “casi una tonelada de comida por día”, explica Hernán asombrado.

“Lo que logramos es eso: que las familias puedan trabajar lo de la solidaridad, de pensar en el otro, que se encuentren 1 o 2 días a la semana a cocinar para una familia que no lo puede hacer”, vuelve a analizar y agrega: “es movilizador”.

El grupo del hogar reparte los platos y bandejas descartables en cada casa donde se cocina y las pasa a retirar luego para entregarla en los barrios. Los martes y viernes las viandas llegan al barrio “Churrasco” en Tolosa, y los miércoles en Punta Lara. Allí los referentes barriales entregan la comida a las familias que por necesidad pasan a buscarla.

Cadena de propuestas

La creatividad solidaria no termina allí, con esa cadena de trabajo donde unos cocinan, otros retiran y llevan y otros reparten a sus vecinos. “Nos dimos cuenta que esas viandas llegaban frías: en una situación normal prendés un fuego y la calentás, pero hoy la gente no puede ni salir a cartonear, es mínimo el reciclado urbano”, explica Améndola, que también forma parte, en este recorrido, de Proyecto Ceibo.

Entonces, a través de una plata en efectivo conseguida a través de Fiscalía de Estado se cargan entre 30 o 40 garrafas mensuales para entregar entre la gente del barrio.

Además, se encuentran realizando, junto a dos herreros, una campaña para hacer “estufas rockets”, esas cocinas de “caño 100/100”, que son de combustión rápida y muy eficientes: “Se alimenta con poco material combustible y genera energía calórica pura, no tiene casi desperdicio”, describe con conocimiento de fuegos, campo y vida silvestre.

Se hicieron hasta ahora entre 40 o 50 de esas estufas que se van a distribuir entre la gente que no tiene garrafa siquiera o donde se juntan a cocinar. “En un futuro vamos a hacer un taller de Herrería para que la gente del barrio pueda capacitarse, lo básico, como para ir a buscarse la vida con una soldadora”, termina de comentar Hernán Améndola como una cadena de ideas solidarias y constructivas que se van craneando y después se llevan a cabo con ayuda de la propia sociedad.

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