“Perdonen las molestias, estamos jugando para ustedes”

Mientras muchos se preguntan a diario cuándo saldremos del aislamiento social, otros prefieren pensar en quiénes lo harán primero. Tal es el caso del pedagogo italiano Francesco Tonucci, creador del proyecto internacional ‘Ciudad de las niñas y los niños’, quien propone que cuando se recupere la normalidad las primeras 24 horas sean para que los más pequeños jueguen y habiten libremente las ciudades. En esta nota te contamos cuáles son sus ideas sobre lo que debe enseñar la nueva escuela y cómo se desarrolla la maravillosa experiencia de su propuesta en la ciudad de Rosario

Por Walter Amori

“Esta crisis tuvo errores sanitarios, víctimas (sobre todo nosotros, los viejos), y ha tenido campeones, que son los niños. Porque resistieron al virus, no por mérito de ellos solos, claro, pero viven esta temporada muy larga, encerrados en casa, que les significa algo incomprensible, y lo están haciendo muy bien. Darles un día la ciudad vacía para que jueguen y la disfruten en libertad, como nunca han podido, y como les gusta a ellos, sin tráfico, peligros ni contaminación, es el regalo que les podemos hacer a modo de agradecimiento”.

Así se refería el pedagogo Francesco Tonucci, en una nota brindada al diario Tiempo Argentino, sobre su propuesta de que sean los más pequeños los que tengan el derecho a salir primero cuando se recupere una cierta y nueva normalidad en las calles. La iniciativa es de carácter mundial y está siendo promocionada por el propio italiano con dirigentes políticos y líderes de todas partes del planeta.

No extraña una propuesta de estas características por parte de Tonucci, creador en 1991 del proyecto “Ciudad de las niñas y los niños”, que se replica en más de 200 localidades de todo el mundo, en el que se propone dar voz a los pequeños y brindarles espacios públicos donde puedan jugar en libertad.

Este anciano de 70 años, que pinta canas en su barba y su cabello, y que es también escritor, dibujante e investigador, parece tener la vitalidad de un joven de 20. Y dice que por primera vez, en el medio de la pandemia del Covid-19, algunos gobiernos están evaluando implementar su ideas revolucionarias sobre cómo cambiar la forma de educar en las escuelas. “Tenemos que aprovechar esta oportunidad para lanzar una idea nueva de una escuela que corresponda a lo que nuestra sociedad necesita”, afirma.

Entre sus propuestas plantea que la escuela deje de aplicar los mismos contenidos para todos los alumnos, con el propósito de que cada chico descubra sus aptitudes, vocación y talento, para luego “ofrecerle los instrumentos adecuados para desarrollarlo hasta el máximo nivel posible”. Dentro de sus postulados también señala la idea de una escuela sin pupitres, en grupos conformados por niñas y niños de distintas edades, donde las aulas se transformen en talleres y laboratorios.

“Con los mismos textos para todos, pensados desde un ministerio casi siempre desde la capital del país, la escuela está dejando afuera a un porcentaje enorme de alumnos que no nacieron para ser literatos o matemáticos, que quieren ser músicos, pintores, deportistas, arquitectos o mecánicos. Hay una injusticia. Una propuesta igual para desiguales”, explica Tonucci.

Una experiencia que siempre estuvo cerca

La red latinoamericana del proyecto “Ciudad de las niñas y los niños” se desarrolla en más de 40 ciudades de 8 países de América Latina, pero ha tenido su experiencia más poderosa en Rosario, a orillas del río Paraná. El municipio de esa ciudad decidió adoptar este programa a mediados de los ’90 y tuvo una continuidad inédita hasta nuestros días.

Carolina Balparda, Directora General de Espacialidad Cultural Pública de Rosario, explica a Pulso Noticias que “cuando se decidió llevar adelante la ‘Ciudad de las niñas y los niños’, en 1996, se hizo en el mismo momento en el que se estaban decidiendo integralmente un montón de políticas públicas de infancias, de cultura, de recuperación de espacios públicos, de salud, no fue una acción aislada”.

“En ese momento pensar que la voz y la mirada de los niños y las niñas sobre la ciudad tenían que incidir y ser consideradas en las políticas públicas fue coherente con un montón de otras decisiones. El proyecto de Tonucci fue una herramienta fantástica para esa decisión”, relata de manera apasionada Balparda, quien reúne bajo su gestión a todos los centros culturales y a la ‘Ciudad de las niñas y los niños’.

La integralidad en las políticas públicas y el reconocimiento por parte del conjunto de la sociedad de Rosario, fueron dos factores claves. Permitieron que los cambios en la intendencia de la ciudad no incidieran en la decisión política de sostener y financiar el proyecto.

“Siempre tuvimos legitimidad por parte de la ciudadanía en general y también, particularmente, de las y los docentes, y de los adultos que acompañan en cada Consejo. Es una trama, no es el gobierno solo proponiendo algo, sino que es un proyecto que se sostiene también porque buena parte de la ciudad considera que es valioso”, resalta Balparda.

Cuando la pedagoga rosarina habla de Consejo, se refiere al órgano que se conforma año a año por 70 niñas y niños, de entre 7 y 11 años, convocados en los diferentes distritos del partido, los cuales se organizan para repensar la ciudad desde su infancia y realizar propuestas que luego son llevadas a cabo por el Ejecutivo local.

Los chicos se reúnen semanalmente, con un coordinador de consejo que acompaña el proceso, y las ideas surgen a partir de dinámicas que no son estructuradas, que se generan en el propio encuentro, en el poner en común, a través del juego, y, lo más importante, en la recorrida por la ciudad. Las soluciones que proponen no sólo se adecúan a sus intereses, sino que responden a los intereses de toda la comunidad.  

Ludo(em)patía

Una invitación a vestirse con prendas coloridas y pintar los toboganes de las plazas; la propuesta a los adultos a sentarse en la vereda para hacerlos sentir cuidados mientras juegan; la incorporación de plantas para atraer mariposas que se habían ido de la ciudad; el diseño de una campaña para recuperar el saludo de Buen Día; el consejo hacia los adultos que siempre ven o escuchan noticias tristes, para que vean otras cosas y sean felices, son algunas de las propuestas que surgieron a lo largo de los años a través del Consejo de niñas y niños.

Carolina rememora la iniciativa desarrollada en 1996, tal vez las más emblemática de todas: el proyecto del Día del Juego y la Convivencia. “En ese momento los chicos decidieron que había que habitar de otra manera el tiempo en las ciudades, que era necesario que nos encontráramos de otra forma y decidieron que necesitábamos un día especial. Y como conocían muy bien a los adultos, decidieron que no sea un fin de semana, tenía que interrumpir la rutina en la ciudad para reparar en lo importante que era encontrarnos, jugar y convivir. Instauraron el Día del Juego y la Convivencia, que es un miércoles de octubre, y se respeta en Rosario desde ese año”, cuenta Carolina.

Además, resalta que ese proyecto no sólo fue llevado al Ejecutivo local, lo chicos y chicas lo llevaron al Consejo Deliberante y fue votado como una ordenanza municipal. “Ese día todos, niñas, niños y adultos frenamos, jugamos, nos encontramos, estemos donde estemos. El año pasado se sumaron muchas organizaciones y cortamos muchas calles con una barrera que decía ‘perdonen las molestias, estamos jugando para ustedes’, algo que la gente entendió”, cuenta en medio de una perfecta combinación de emoción y risa.

A lo largo de los años surgieron proyectos de todo tipo: de mobiliario urbano, de turismo local, de comunicación, de parques y paseos, entre otros. El compromiso es que cada uno de ellos se transforme en una política.

Una continuidad esencial

Tal como ocurre con otros aspectos de la vida, los efectos del Covid-19 también modificaron los planes para las niñas y niños rosarinos, pero el proyecto no se detuvo. Los encuentros se desarrollan de manera virtual, en grupos de diez (para generar más proximidad en la comunicación ante las distancias que generan las pantallas) y también por medio de whatsapp.

“El proyecto está muy basado en el encuentro, en el espacio público, pero entendimos que en este contexto había que valerse de las estrategias que había, pero no interrumpir la participación de los chicos y las chicas. Estamos tratando de recrear la experiencia, con la expectativa de que en la segunda mitad del año podamos juntarnos, tomando los recaudos necesarios, todos en un lugar”, cuenta Carolina Balparda.

En ese marco, la semana pasada los 70 chicos mantuvieron una videoconferencia con el intendente de Rosario, Pablo Javkin, en la que demostraran una gran espontaneidad y naturalidad para expresar sus preocupaciones, propusieron algunas ideas para la ciudad y hasta pusieron en algún aprieto al jefe comunal con sus preguntas.

Los amigos, los primos, tíos y abuelos y “las pastas de la abuela”, aparecieron en primer orden entre las cosas que manifestaron extrañar.

Tratando de crecer

“Todavía me emocionan ciertas voces, todavía creo en mirar a los ojos, todavía tengo en mente cambiar algo” canta el músico rosarino Juan Carlos Baglietto junto a los primeros acordes del tema “Tratando de Crecer”. La letra puede ajustarse perfectamente a la iniciativa de Francesco Tonucci de liberar las calles para los niños cuando la “nueva normalidad” retorne.

Y no es un loco en la calesita con esta gran idea, en los primeros días de mayo mantuvo una charla con el ministro de Educación de la nación, Nicolás Trotta, quien se manifestó de acuerdo con la proposición del italiano, y en Rosario ya se está considerando cómo se podría llevar adelante esta actividad.

Como plantea el final del recordado tema de Baglietto, “multiplicar es la tarea, es nuestra tarea”.

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