C.I.T.A.: de Perón a Macri, una fábrica donde habita la cultura

Foto: María Paula Ávila

En 1952 el General cortó las cintas de la cooperativa platense, que cerró en 2016. Ahora, entre máquinas viejas se mueven ceramistas, herreros y artistas. Hoy sábado habrá una feria en las instalaciones de 115 entre 62 y 63

La exfábrica C.I.T.A. (Cooperativa Industrial Textil Argentina) es símbolo y resumen de nuestra historia reciente. Fundada en 1926, recuperada por los trabajadores en 1952, soportó las crisis de la dictadura, los 80 y el 2001, pero el tarifazo y las importaciones de la era macrista lograron cerrarla. Ahora, sus salones se abren a espacios artísticos y colectivos, que hoy desde las 17 hs. realizan la Feria FIBRA con más de 200 stands, música y fiesta

En un espacio acondicionado por técnicos y profesionales platenses, habrá barra de comidas y bebidas, DJs y un show de trap. Todo organizado por diferentes colectivos culturales (The Mother Feria, Yerta, Feria Matriz, En Eso Estamos, Red Textil Cooperativa, Federación de Cooperativas Textiles) que se unieron y le cambiaron la dinámica a un lugar que supo moverse al ritmo de la producción, hasta que se impuso el silencio.

“Duele muchísimo”

“Cada vez que prendíamos una máquina, nos generaba deuda en vez de rentabilidad” recuerda Sergio Yosco, presidente de la cooperativa, quien pasó toda una vida allí y hoy administra los espacios de la exfábrica. El impacto de las tarifas, principalmente luz y gas, tiene gran incidencia en la producción textil, y los compromisos asumidos impidieron trasladar los nuevos costos. Las importaciones y la falta de respuestas del Estado hicieron el resto.

“No era sólo venir y trabajar, marcar tarjeta y desentenderse. Era una cooperativa que iba más allá de lo económico, nos sentíamos artífices del presente y el futuro. Duele muchísimo”, señaló Sergio. Antes del cierre se hicieron gestiones. Buscaron préstamos blandos o la posibilidad de colocar sus productos en convenios con los Estados Nacional, Provincial o Municipal. Querían venderle ropa de trabajo, proveer insumos al Estado, siempre un importante comprador. Pero nada.

Volver a habitar

“El cambio de gobierno genera expectativas, tenemos intenciones de prender las máquinas si surgen políticas que ayuden al mercado interno. Ya nos estamos moviendo, aunque calculo que será difícil volver a arrancar”, aclara Yosco. Mientras, se embarca en este proceso de compartir espacio con ceramistas, herreros y artistas para mantener con vida a la exfábrica.

Cinthia y Eugenia son parte de la nueva dinámica del lugar. Eugenia es ceramista y cuenta que “fue muy fuerte entrar por primera vez a la fábrica y verla parada”. De todas formas, le resulta interesante, además de “la movida del festival”, poder “generar nuevos mercados de productores” con la feria y las posibilidades que se abren.

Para Cinthia, todo esto es “una manera de resistir y sobrevivir al cotidiano, y de ocupar lugares con compañeros”, y enumera: “el bar de la fábrica está habitado hace un año, el centro cultural tiene ocho años de vida. Del otro lado funcional La Gran 7, espacio de circo y cultura, y así”… .  No escapa, sin embargo, del “dolor de estos silencios productivos”. “Ahora compartimos la factura de luz, armamos ferias como estrategia y nos dimos cuenta que podíamos hacer algo más grande. Nos fusionamos con compañeros que suman y aportan”, concluyó.

Como prueba de todo, hoy a la tarde noche habrá feria, show de artistas, patio cervecero y fiesta… “hasta las dos de la mañana, más o menos”.

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