Una lucha que hizo escuela: la secundaria Nº 37 de Arana

Este jueves se inauguró el nuevo edificio para el colegio tras seis años ininterrumpidos de una pelea ejemplar que unió a docentes, madres, padres, estudiantes, instituciones y organizaciones del barrio. Cómo forjar un futuro a pesar del desinterés del Estado

Por David Barresi

El feriado del 2 de abril de 2013, mientras se empezaba a registrar una de las peores tragedias vividas en la ciudad, en la localidad de Arana más de la mitad del plantel docente de la Escuela Secundaria Básica Nº 37 se reunía en la casa de una de las profesoras ante un problema que ya no estaban dispuestos a seguir tolerando: el déficit edilicio y los consecuentes cursos sobrepoblados.

Veinticuatro días después, ese conjunto de docentes motorizó una asamblea con toda la comunidad educativa, de la que participaron más de 65 familias. A partir de allí comenzó una lucha ejemplar que a fuerza de unidad, creatividad y audacia venció todo tipo de obstáculos con el fin de alcanzar el objetivo que cualquier escuela desearía: tener un edificio en el cual se pueda estudiar dignamente.

En el 2013, esta secundaria funcionaba sólo en el turno mañana, con 4 secciones: 2 primeros años, un segundo y un tercero. Por esta razón, en el segundo año se generaba un cuello de botella al fusionarse dos cursos, con una matrícula que ascendía a 45 estudiantes, que debían estudiar en un espacio diminuto. Sin embargo hasta ese momento todos los reclamos que tanto docentes como autoridades habían realizado para que se designaran los cargos que permitieran desdoblar el segundo ciclo en dos cursos y aumentar la capacidad edilicia, habían sido desoídos.

Las necesidades educativas iban en crecimiento. La población de la localidad aumentaba. Pero la respuesta de los gobiernos provincial y municipal no estaba a la altura de las circunstancias. El edificio se compartía, como hasta ahora, con la Primaria Nº 46 y el Jardín Nº 974. Para el 2014 el segundo año ya agrupaba en un sólo aula a 55 alumnos y alumnas. Así no podían seguir estudiando.

En abril de ese año convocaron a distintos funcionarios a mantener una reunión con toda la comunidad educativa del segundo ciclo. No fue ninguno, sólo un representante de la Defensoría del Pueblo. Ese mismo día resuelven en asamblea que se suspendían las clases para ese curso hasta tanto hubiera una solución. La presión de la comunidad y la repercusión de la medida en la prensa llevó a que la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) -en ese momento bajo el Gobierno de Daniel Scioli– tuviera que dar respuestas: consiguieron un anexo y el desdoblamiento del segundo año. Ese fue el primer gran paso.

En noviembre realizaron una enorme movilización de madres, padres, estudiantes y docentes a la DCGyE, llevando un petitorio de 1000 firmas. Alrededor de 100 personas se transportaron en dos colectivos con el apoyo de los gremios SUTEBA, FEB, ATE y el sindicato de horticultores SATHA. Ahí ya pedían un nuevo edificio. No consiguieron eso pero sí lograron ese día el desdoblamiento del tercer año en dos cursos (ya que tenían el mismo cuello de botella), que empezaban a funcionar también en el anexo, y la designación de personal auxiliar y un secretario. También les habían prometido la construcción de un aula y la consecución de un terreno para la construcción de un edificio, pero eso nunca se cumplió.

Tanto para esos logros, como para los que vinieron después, fue clave la participación de la comunidad. “Es que en la Secundaria Nº 37 de Arana hay familias y un grupo de docentes muy participativos”, explicó a Pulso Noticias Lorenzo Labourdette, profesor del colegio desde el 2010 y subdelegado gremial, quien junto a otro de los docentes, Christian Burón (delegado gremial), estuvieron entre los principales motorizadores de la organización colectiva de la comunidad. 

El 2015 fue el año en el cual lograron confluir con reclamos de otros 12 colegios que también tenían graves problemas edilicios, con el apoyo del sindicato Suteba La Plata y de la Coordinadora Unificada de Estudiantes Secundarios (CUES). En ese período realizaron al menos tres movilizaciones conjuntas a la DGCyE, un abrazo simbólico a la escuela y una medida novedosa denominada “Trabajo a tristeza con quite de colaboración”.

“Es una medida recuperada de las experiencias de las luchas docentes de los años ‘70”, indicó Labourdette, y agregó: “Tristes ante los incumplimientos, se decidió quitar colaboración, lo cual se materializó en la negativa a cumplimentar obligaciones burocráticas (completar temario, asistencia por curso, etc.) y pedagógicas (corregir en clase, llevarse materiales a las casas, etc.), solo asistiendo al dictado de clases y, en algunos casos, al diálogo con los alumnos sobre el conflicto”. 

Para estas fechas, el anexo en el que funcionaban los cursos que ya habían sido desdoblados continuaba en una situación visiblemente precaria: 30 metros de barro para ingresar y los baños sin agua, mientras que la promesa de buscar un lugar para construir un edificio permanecía incumplida.

Las numerosas movilizaciones conjuntas con otras escuelas desembocaron en que lograran una reunión con el Subsecretario de Educación provincial de ese entonces, Néstor Ribet. Tras una serie de gestiones consiguieron que les dieran el 100% de los cupos para el comedor, garantizando que todos los estudiantes pudieran comer en el establecimiento. Además, obtuvieron el nombramiento de secretarios, porteros y preceptores. Labourdette recuerda que llegaron a lograr ese año que les dieran “el proyecto de construcción de escuela. Pero vinieron las elecciones, cambió la gestión, y entonces en 2016 empezamos de vuelta”.

La toma y el cuarto año

Ya a fines de 2015 habían agregado otro reclamo urgente: la apertura de un cuarto año. Sucedía que los jóvenes terminaban tercer año, y al quedar muy lejos otros establecimientos, sumado a que varios a su vez trabajaban en las quintas, terminaban dejando el colegio. Lejos de mostrar desinterés por su educación, el profesor consultado por este medio recuerda que los estudiantes prácticamente no faltaban. Era el Estado el no les estaba dando la oportunidad de continuar sus estudios.

El cambio de Gobierno no significó modificación alguna en la situación de la Escuela. En realidad sí, pero para peor. “Cuando llega María Eugenia Vidal nos baja los cupos del comedor a la mitad, y no nos quería abrir el cuarto año”, señaló Labourdette.

Realizaron abrazos simbólicos, clases públicas pero continuaban sin respuestas. Hasta que el 1 de abril un grupo de madres se organizaron con la totalidad de los estudiantes, tomaron y ocuparon el establecimiento. A las dos horas llegó la contestación: ese mismo día hicieron las designaciones de docentes y se oficializó la apertura del cuarto año.

Corriendo a la escuela

En 2017 volvieron a centrar los reclamos en la construcción del edificio, la apertura del quinto año para evitar la deserción, y la recuperación de los cupos para el comedor. Realizaron asambleas con las familias en la escuela, suspendiendo incluso horas de clase para poder decidir acciones, volanteadas junto con los alumnos por el barrio, jornadas sobre solidaridad, una asamblea social comunitaria y hasta una correcaminata denominada “Corriendo a la Escuela” que tuvo una participación masiva de la comunidad de Arana.

A todos los eventos que hacían le mandaban invitaciones al Intendente (ya estaba Julio Garro al frente de la comuna), al titular de la DGCyE Gabriel Sánchez Zinny, a los funcionarios de la dirección de secundaria, del Consejo Escolar, y de todos los ámbitos estatales vinculados a la educación. Nunca fue ninguno.

Llegó el 2018, lograron la apertura del quinto año y ya cada vez se tornaba más difícil seguir dando clase en esas condiciones. “En el anexo era imposible estar: ahí funcionaba un curso a la mañana y uno a la tarde, y dividieron el aula con durlok. Era imposible dar clase así”, afirmó Labourdette.

En marzo le enviaron a Sanchez Zinny una lluvia de notas pidiéndole una reunión. Estaban firmadas ya no sólo por docentes o gremios, si no por todas las instituciones de la zona que reclamaban la urgente construcción del edificio. Firmaron desde la Administración del Centro Comunal Arana y la Biblioteca Popular el Hormiguero, pasando por la Iglesia San Pedro de Villa Garibaldi, la Parroquia Nuestra Señora del Valle de Arana, la Pastoral Social, la iglesia evangélica Ministerio Cristo la Única Esperanza, hasta la Asociación Civil que organiza la Feria de Pequeños Productores y el supermercado del barrio “Alma Mía”, entre otras.

Aún así, no obtuvieron respuesta. Pero no se quedaron de brazos cruzados. En mayo de ese año convocaron a una nueva movilización masiva. Una semana antes de la misma se presentaron en la reunión de la Comisión de Educación del Concejo Deliberante. Le relataron la situación a concejales de todos los bloques, les señalaron que estaban siendo desoídos sistemáticamente y les advirtieron: “esperamos verlos en la movilización”.

El 9 de mayo una caravana partió desde Arana, en un colectivo y varios autos que le seguían. Pasaron por 13 y 60, protestaron en el semáforo, siguieron hasta la DGCyE y finalmente fueron recibidos por los titulares de la Dirección Provincial de Consejos Escolares, la Jefatura Distrital y Regional, y la Dirección Provincial de Infraestructura. 

Cinco años después de aquella primera reunión finalmente conseguían que el Gobierno accediera a construir el edificio. Tras casi un año de construcción, este jueves fue inaugurado por la Municipalidad. Además a fines del año pasado lograron también recuperar el 100% de los cupos para el comedor escolar, abarcando a los 200 alumnos que ahora tiene la escuela.

Nunca bajar los brazos

El edificio nuevo cuenta con un acceso independiente al de la primaria por calle 639, cuatro aulas, una dirección, una sala de profesores y sanitarios (antes se compartían con la primera), incluido uno para discapacitados (que la institución no tenía). De todas formas, a pesar de que fue presentado como la definitiva independencia de la primaria, seguirán compartiendo espacio edilicio.

“No era lo que pedíamos. Queríamos una escuela secundaria propia”, aclaró Labourdette, pero señaló que lo conseguido es muy importante y mejora sustancialmente las condiciones de estudio para la comunidad. “Con esto nos garantizamos acompañar el crecimiento vegetatito. Ahora nos queda desdoblar el cuarto año y desdoblar el quinto y ya tenemos garantizado el espacio… el día que haya que desdoblar el sexto veremos”, señaló.

De todas formas, la comunidad educativa del colegio no descansa. Ayer, mientras el Intendente Julio Garro cortaba la cinta, madres y padres del Jardín Nº 974 irrumpieron con carteles pidiendo la urgente construcción del edificio propio. Justamente, la institución comparte espacio con la primaria. Hay 29 niños y niñas a la mañana y 29 a la tarde, de tres, cuatro y cinco años. Todo el jardín en un sólo aula.

Hasta el momento los reclamos para ampliar el espacio edilicio no tuvieron respuestas, pero tal como demostraron ayer, seguirán insistiendo hasta conseguirlo. Tienen sobrada experiencia para saber que no hay que bajar los brazos.

Comentarios