Stonewall: 50 años después, nuestros besos no son delito

Mariana Gómez fue condenada a un año de prisión en suspenso por besarse con su esposa en Constitución. En el día del orgullo, un fallo para recordar que la lucha sigue en la calle

Por Facundo Montiel

Hace 50 años, la policía entró a las patadas a un pequeño antro neoyorkino y les dijo a las maricas, las tortas y las travestis presentes que no podían besarse, bailar ni divertirse. No podían estar ahí ni ser así, tan disidentes, tan fugitivas de la norma. La revuelta duró varios días e incluyó barricadas en las calles, pedradas y discursos encendidos contra la autoridad. 

Hoy, día del orgullo LGBT en recuerdo de aquella lucha, Mariana Gómez fue embargada y condenada a un año de prisión en suspenso en la causa por resistencia a la autoridad y lesiones graves que comenzó en octubre de 2017, cuando fue detenida por besar a su esposa, Rocío Girat, frente a la Estación Constitución. 

El fallo lo emitió la jueza Marta Yungano, a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal nro. 26 y el próximo viernes, cuando se lean los alegatos, la defensa apelará la sentencia y volverá a pedir la absolución. Durante el juicio, Mariana debió soportar que se la trate en masculino e incluso que la llamen “Mariano”. Además, Girat denunció que tuvo que insistir para poder prestar declaración, a pesar de que ambas estaban juntas cuando la policía la detuvo. 

“Es muy triste, no esperábamos este fallo adoctrinante para todo el colectivo. La jueza es una más del sistema, es lesbo odiante y discriminadora. Encima es en suspenso, tenemos que andar con cuidado en todas las esquinas, porque cualquier funcionario público nos puede agarrar, cagar a palos y hacer que Mariana quede efectivamente presa” señaló Girat en las puertas del tribunal. Agarraba las manos de su esposa, visiblemente emocionada y rodeada de cientos de compañeras que fueron a apoyarlas.  

“Che pibe, apagá el cigarrillo”

Mariana y Rocío estaban conversando y fumando un cigarrillo en el domo frente a la estación de Trenes de Constitución. Era la tarde del 2 de octubre de 2017 cuando, luego de observarlas un rato, un empleado de Metrovías se acercó para pedirles que dejen de fumar. Según contó Girat durante el juicio, la acusada respondió que no había carteles que indicaran que estaba prohibido fumar y que, además, otras personas lo estaban haciendo.

Entonces intervino el oficial de la Policía de la Ciudad, Jonatan Maximiliano Rojo, quien le dijo a Mariana: “Che, pibe, apagá el cigarrillo”. En su declaración, Gómez juró que intentó irse del lugar, pero que el policía le puso una mano en el pecho y le dijo: “quédate acá, vas a ser detenido”. Forcejearon e intervino una mujer policía. Antes de caerse, Mariana Gómez agarró de los pelos a la oficial y ese fue el motivo, la excusa, el comienzo del largo calvario. 

Cuando dos pibas se besan en la calle pasan cosas. El deseo tortillero irrumpe, hace ruido, molesta. No es Madonna chapando con Britney Spears ante los flashes del mundo, o Celeste Cid comiéndole la boca a Martina Guzmán en el prime time televisivo. Son chongas, es amor disidente aunque sean esposas, con libreta y todo. 

50 años después te podés casar, pero la excusa puede ser un cigarrillo. 

50 años después la calle sigue siendo el territorio donde se disputan y conquistan nuestros derechos. Durante la revuelta de Stonewall, enarbolada frente a una turba disidente que clamaba por amar libremente, la activista travesti Sylvia Rivera gritaba: “Yo no voy a aguantar más esta mierda. Me han pegado, me han roto la nariz, me han metido en la cárcel por luchar por la liberación gay. Pero yo creo en el poder que tenemos los gays, en que salgamos a luchar por nuestros derechos, sino no estaría acá afuera, peleando”. 

Hoy viernes a las 18 horas se realiza, de Plaza de Mayo al Congreso, la cuarta Marcha contra los travesticidios y transfemicidios.  

Mañana sábado a las 18 horas en 8 y 61, la disidencia de La Plata se junta a prender fuego el orgullo en la 12° edición del Arde Closet. 

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