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viernes 27-05-2022

El plan de la UNLP para reducir riesgos ante futuras inundaciones

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David Nicolás Barresi
David Nicolás Barresi
Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Sagitario en casa diez, ascendente en Piscis y luna en Capricornio. Buena mano para el mate. Trabajó en Infoanpress; diario Hoy; Agencia La Provincia; revista Avanzada Sindical; revista La Tecla y colaboró en ANRed. Escribe en secciones como Política, Derechos Humanos, Interés General y Socio Ambiental. Un poco sindicalista. No es tímido, nomás le cuesta entrar en confianza.

A seis años del trágico temporal ocurrido en 2013, medio centenar de investigadores de doce Facultades de la Universidad local se encuentran trabajando en el primer Plan de Reducción del Riesgo de Inundaciones de la región. Será presentado en septiembre a la Municipalidad. Parten de una premisa: “Siempre puede venir algo peor de lo que ya nos sucedió, hay que estar preparados”

Después de la trágica inundación del 2 de abril de 2013, las lluvias dejaron de ser en La Plata un mero evento climatológico. El hecho de haber pasado por una experiencia tan traumática -que dejó al menos 89 muertes- deja marcas tan difíciles de borrar como aquellas que el agua había dejado sobre las paredes. Entre esas, está el miedo y la preocupación que se vuelven a generar cada vez que ocurre una precipitación fuerte, sobre todo si viene acompañada de un temporal de viento y granizo. Es difícil no sentir que estamos de nuevo en peligro.

De hecho, lo estamos. Según explica el ingeniero Pablo Romanazzi, el cambio en el régimen de precipitaciones que se comenzó a registrar en todo el país, desde los años 70 hasta esta parte, da cuenta de un aumento considerable de la frecuencia y de la intensidad de las lluvias. Esto, en una ciudad como la nuestra, que registra un caudaloso historial poco conocido de inundaciones desde su fundación y que ha tenido una forma de urbanización en los últimos 20 años que no tuvo en cuenta esas vulnerabilidades, es especialmente peligroso.

A seis años de aquel diluvio fatal, la Universidad Nacional de La Plata planea dar un paso histórico cuando le entregue en septiembre al Municipio el primer Plan de Reducción del Riesgo de Inundaciones (RRI) de la región en 136 años. A partir de un convenio firmado en diciembre de 2018, medio centenar de investigadores de al menos doce Facultades se encuentran elaborando una serie de directivas que serán claves para el desarrollo de políticas de Estado a futuro.

Romanazzi, responsable ad-hoc del proyecto, sintetizó así la finalidad del mismo: “Se trata de organizar a la población de tal manera que disminuya la posibilidad de pérdidas de vidas ante eventos hidrometeorológicos extremos, particularmente tormentas severas. Eso es lo fundamental. Después ver cómo se pueden reducir los daños económicos y materiales, y que no quede resentida la infraestructura de la urbanización”.

El resultado del trabajo le dará a la Municipalidad una serie de protocolos de prevención, emergencia y reconstrucción, que deberán cristalizarse en la creación de órganos específicos dentro de la estructura comunal para poder ser llevados adelante, en el otorgamiento de los correspondientes recursos (materiales y humanos, con la debida capacitación), y en la sanción si fuese necesario de ordenanzas o resoluciones para llevar adelante el Plan.

El Estado municipal deberá entonces estar equipado para responder ante un temporal severo, garantizando las herramientas necesarias de acuerdo a la vulnerabilidad de cada barrio de la ciudad. Precisamente el estudio planea identificar al detalle los peligros existentes en cada sector o delegación comunal, y qué necesita la población que allí habita en caso de una emergencia.

La intención, a su vez, es que cada persona que habita la ciudad sepa en qué tipo de zona vive, cuándo una tormenta puede ser severa, y qué hacer para no estar en riesgo. Para esto, el Plan estipula la articulación con todo tipo de instituciones (clubes, gremios, cámaras empresarias, iglesias, asambleas vecinales, organizaciones políticas, entre varias otras) como forma ineludible de difundir y generar apropiación de la información por parte de la ciudadanía. La idea es llegar también a las escuelas, ya que el objetivo es que este tema ocupe parte del recorrido educativo.

La historia olvidada

“Para el cincuentenario y para el centenario de la ciudad se hicieron muchos libros muy detallados sobre distintos aspectos de la historia de La Plata. Son alrededor de doce tomos en total, pero en ninguno de ellos aparece la palabra inundación… como si nunca hubiera ocurrido una”, afirmó Pablo Morosi a Pulso Noticias, quien junto al mencionado ingeniero analizaron en el libro Genealogía de una tragedia, la serie histórica de inundaciones de la ciudad, que se remontan a la época de su fundación.

“Este tema fue siempre olvidado, oculto, o se pensaba que era una vez y nada más. Pero hubo muchos hechos significativos”, indicó. Su investigación analizó todas las lluvias de más de 100 mm ocurridas desde 1911, en base a los datos que tiene el Observatorio. Al constatar los diarios de esa época en los días posteriores a cada una, pudieron observar crónicas que describen situaciones idénticas a las inundaciones actuales. Incluso hay una de 1930 que tiene una imagen de la zona afectada que es exactamente la misma que la inundación de 2002.

La primera gran precipitación que detectaron fue en 1911, cuando llovieron 192 milímetros. “A pocos años de haberse fundado la ciudad, que todavía no estaba muy habitada, ya se encontraron con eso. Hoy, si cayeran esos milímetros en un sólo día, estaríamos hablando de una complicación grande”, afirmó Romanazzi.

Morosi, también miembro del grupo coordinador del Plan RRI, hizo hincapié en la necesidad de generar un cambio cultural en la percepción que tenemos los y las platenses de la ciudad en la que vivimos. “Tenemos ese mito de la ciudad perfecta que siempre fue tapando cualquier imperfección; y las autoridades de turno fueron disimulando esto”, señaló.

Un ejercicio

Si bien el trabajo que está ideando la UNLP plantea un sistema de alerta complejo y preciso, Romanazzi señaló que hay formas de poder prever de manera casera el posible desempeño de una tormenta. “Si hacemos el ejercicio de tomarle el tiempo a la lluvia cuando viene muy fuerte, nos vamos a dar cuenta de que esa intensidad no dura más de 5 o 10 minutos. Después siempre cesa un poquito, y eso es suficiente para que muchos suelos respiren, que el desagüe no se ahogue. Pero si esa intensidad la prolongás durante 80 minutos, sin ningún tipo de pausa, es un diluvio”, afirmó

“A los 20 minutos de una lluvia como esa, los suelos ya no filtran más. Todo sector verde, parquizado, que uno puede pensar que puede filtrar un gran volumen de lluvia, no funciona más, es como si estuviera pavimentado. Es decir, podemos visualizar así si se trata de una tormenta severa o no”, explicó.

Los avances

Ya habiéndose cumplido un tercio del plazo estipulado para la realización del Plan, se han constituido los equipos de trabajo y se realizaron las tareas de recopilación y sistematización de datos, fundamentalmente los que surgieron de los Proyectos de Investigación Orientada, que fueron financiados por la UNLP y el Conicet, tras la inundación de 2013.

Sobre la conjunción de toda esa información, sumando la que existe en organismos nacionales, provinciales y municipales es que los investigadores proyectarán cómo debe actuar la ciudad ante cuatro modelos posibles de tormenta: la ocurrida en 2002 (cuando cayeron 120 mm, con una intensidad de 75 mm por hora durante un lapso de 80 minutos), la de 2008 (240 mm, causando una muerte y dejando 90.000 personas afectadas), la de 2013 (392 mm, donde la alta intensidad se mantuvo por un lapso de 3 horas y las consecuencias son harto conocidas), y una hipótesis estimada del peor escenario al que nos podríamos enfrentar (que técnicamente se denomina “precipitación máxima posible”).

A través de un software llamado FLO-2D, buscarán trazar un modelo preciso de los niveles de inundación en cada una de las cuatro hipótesis, con información sobre las velocidades de escurrimiento de agua pero además con otro dato esencial: cuánto tiempo permanecerán inundadas las zonas afectadas y en qué volúmenes en cada barrio de la ciudad. “Esto es importante para planificar la estrategia: no es lo mismo una persona que tiene que estar tres o cuatro horas refugiada o desplegando algún tipo de autoprotección, que aquella que tiene que estar ocho o diez horas en esas condiciones. Tenemos que saberlo para poder planificar la ayuda”, explicó Romanazzi.

Para llevar a cabo el trabajo, los profesionales dividieron a la ciudad en dos, de acuerdo a los receptores finales del sistema de desagüe natural constituido por los arroyos de la región: los que desembocan en el Río de La Plata (es decir, hacia Ensenada, Berisso y en menor medida Berazategui y Magdalena), y los que lo hacen en la Bahía de Samborombón (hacia San Vicente, Brandsen, Chascomús y Punta Indio).

En el primer caso se ubica el 68% de las cuencas: los arroyos El Gato, Don Carlos, Rodríguez, Carnaval y Martín desde el casco fundacional hacia el noroeste, y los arroyos del Zoológico, Maldonado y El Pescado, en el sentido opuesto. En el segundo hay cuatro cuencas: los arroyos Samborombón Chico, Abascay, San Luis y Dulce.

La escala que se plantea el trabajo es llegar a establecer el vínculo de cada barrio con estas cuencas, teniendo en cuenta todos los datos existentes sobre ellas y su comportamiento en cada una de las cuatro hipótesis, para desprender de ahí los protocolos de prevención y actuación. En ese sentido, la intención es que el Plan pueda ir perfeccionándose con el tiempo hasta llegar a medir la situación de riesgo a una escala de lote por lote o manzana por manzana.

“En septiembre esto recién empieza”, dice Romanazzi. Uno de los mayores desafíos que enfrenta junto al equipo que coordina, es que esta vez el aporte de la UNLP sea tomado por todos los sectores políticos de la región, cuestión que puede parecer difícil en un año electoral, aunque también puede ser una oportunidad: cualquiera sea el color del gobierno que gane en los comicios, tendrá la responsabilidad de avanzar con un plan que permita enfrentar otro temporal de magnitud y no sufrir consecuencias graves como en 2013. “Siempre puede venir algo peor de lo que ya nos sucedió, hay que estar preparados”, remarcó el ingeniero.

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