Indeleble: el pasado como un peligro

La escritora platense Paula Tomassoni dialogó con Pulso Noticias sobre su nueva novela, que se presentará este viernes en la ciudad. Mediante el relato de la historia argentina reciente a través de su literatura, la autora habló sobre la actualidad política nacional y el retorno de viejos fantasmas

Por Juan L. Delaygue

“Es imposible desprender la tostada que te comés a la mañana de la decisión política que se tomó en la Casa Rosada ayer a la noche. Hay una relación directa entre una cosa y la otra, ni siquiera muy rebuscada”, dice la escritora Paula Tomassoni cuando nos juntamos a charlar sobre Indeleble, su nueva novela, que este viernes 7 se presenta en Espacio 44 (44 nº 496) a las 19.30. Es que la literatura de Paula tiene el ojo puesto sobre lo político a un nivel microscópico, hablando desde lo íntimo, y por eso dice aún con más fuerza aquello que está signado en lo real y que las grandes bocas del periodismo corporativo se niegan a señalar.

Indeleble comienza con el suicidio de Ricardo, el marido de la protagonista, Maine. A partir de ese episodio se abren dos líneas narrativas –una en el pasado inmediato de ese suicidio y otra en el tiempo que le sigue– que se van entrelazando mediante fragmentos. La historia está situada en el contexto de la crisis del gobierno de La Alianza, en vísperas del estallido social de diciembre de 2001.

El título inquieta en cuanto clave de entrada al libro. Al respecto, la autora cuenta: “La idea era la de una marca que no se puede borrar. No una gran marca, una gran mancha. Es esa marca que no se puede borrar pero de la que no sos tan consciente, algo que te determina de manera inconsciente, esa cosa naturalizada. Una marca hasta moral, donde las cosas son como son y no te preguntás por qué”. En este sentido, en Indeleble hay varias de esas marcas a las que alude Tomassoni: por un lado, la muerte como eje organizador de lo familiar; por otra parte, la crisis de 2001 como una marca que se obstina en retornar, y esto nos habla del presente.

Lo político ingresa en la novela a través de lo mínimo. Esa es justamente su potencia. Donde podría leerse sólo el relato de dinámicas familiares, la prosa aguda de Paula Tomassoni inocula los síntomas de una época. “Lo familiar a mí me seduce a la hora de escribir. Para mí está muy vinculado con la literatura, porque tiene que ver con el relato particular. Me encanta observar eso que vamos construyendo de manera inconsciente con gestos que también son gestos sociales, porque son gestos repetidos”, dice ella, y quizás en esa idea de familia como algo que se construye en torno a un secreto subyace una forma de lo siniestro. En efecto, para la autora esa es una parte constitutiva: “A mí me parece que lo siniestro nos acompaña todo el tiempo, sobre todo cuando la moral marca agenda. Cuando hay tanto esfuerzo por sostener cuestiones organizadas tan impuestas, lo siniestro se cuela. Cuando la fidelidad, el amor por los hijos o la construcción del hogar se vuelven una obligación, aparecen secretos. Siempre hay secretos”.

La novela opera en varios frentes al mismo tiempo. Si pudiéramos enviársela en el tiempo a un hipotético lector del año 2002, éste podría recuperar el contexto de la crisis social, pero el subtexto que denuncia la desigualdad de género probablemente pasaría inadvertido. Porque Indeleble también aborda esa dimensión de lo político: Maine es una ama de casa modelo del estilo que supo representar Lita de Lázzari. No protesta cuando tiene que hacer la cena y luego lavar los platos mientras Ricardo mira televisión, e incluso parece no advertir esos desbalances. “Maine es una mujer dominada pero sin la sensación de serlo. Tiene la certeza de que eso es lo que tiene que hacer. Hoy una mujer no aceptaría con tanta facilidad eso. Me parece que ahora por lo menos hay más discusiones”, afirma Paula y agrega que “ese tipo de dominación está muy ligado también a, otra vez, lo familiar como meta social. Muchas chicas aún hoy creen que su realización social es tener una casa, marido, hijos. No es que eso esté intrínsecamente mal, el problema es cuando eso marca agenda, cuando es la única manera de construir una familia”.

Esas discusiones del presente reverberan aún con más fuerza cuando, en su escritura, la autora hace sonar su ausencia en el pasado. Podría decirse que hay un cruce: lo que aparece en la novela de nuestra historia nacional nos habla del presente, y las luchas actuales del feminismo descubren dimensiones del pasado que están presentes en el libro de un modo elíptico. Tomassoni tiene fe en que “se están socavando columnas de cemento milenarias como nunca antes. Para mí hay un antes y un después de esta época. Yo creía que había un antes y un después de diciembre de 2001 y en 2015 me terminé dando cuenta de que no. Pero después de este movimiento para mí hay cosas que ya no van a volver a ser las mismas”. Quizás es por eso que el peligro del retorno de ese estallido se siente en esta novela como una verdadera amenaza y sus páginas adquieren una gran potencia para dialogar con el presente: Indeleble es, ante todo, una novela actual, muy actual.

Pero esos vínculos, esas lecturas que el presente arroja sobre el pasado, no se limitan sólo a la novela: la cara más oscura de la era Macri también es una clave para leer nuestra historia. “Yo creo que necesité ver la reacción de la clase media ante la desaparición de Santiago Maldonado para terminar de entender la Dictadura”, dice Paula, y se explica: “Había algo que no podía terminar de entender. Yo nací en el 70, así que era muy chica, y entré al secundario en plena primavera alfonsinista. Pero había algo que nunca había terminado de entender, que era la complicidad de la clase media. Y cuando fue lo de Santiago, había gente comentando las mismas cosas que se decían de los desaparecidos: ‘algo habrá hecho’, ‘¿para qué estaba ahí?’, etc. Eso me sorprendió enormemente, porque no soy una persona despolitizada, pero estoy aprendiendo ahora cosas del pasado”.

La prosa calmada de Paula Tomassoni sabe incorporar esas voces de clase sin asordinar su polifonía, aunque sin tampoco exagerar sus rasgos. Esa es la manera que encuentra para hablar de una época rara que de ningún modo tiene una sola voz. Los que hablan en Indeleble son tanto cómplices como víctimas de la historia, y sólo la exposición honesta de los tonos que modulan puede traer una imagen de lo real, si es que tal cosa existe. Paula lo logra.

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