La constancia de Rosa: “Voy a venir hasta que Miguel aparezca”

A las 19 horas del 17 de agosto de 2018. Un día como hoy, más o menos a esta hora, un joven llamado Miguel Bru fue visto con vida por última vez ingresando a la comisaría novena de la ciudad de La Plata ubicada en 5 y 59. Se calcula que el chico -que en ese momento tenía 23 años- permaneció hasta las dos de la madrugada allí y que luego de que lo torturaran hasta la muerte, sacaron su cuerpo del edificio para esconderlo. Por eso cada año su madre –Rosa Schenfeld de Bru– vuelve a ese lugar. “Tengo que estar acá, acompañando la memoria de mi hijo”, dice a Pulso Noticias.

Ya son 25 vigilias.

Ya pasaron 25 años y todavía Rosa espera poder dar con los restos de su hijo. “Es lo único que me traería paz”, reflexiona.

Rosa está parada en medio de la calle dando una entrevista. Al terminar, saluda con un abrazo a la notera. Después una señora se le acerca y luego, una pareja. Rosa cruza unas pocas palabras con ambos pero enseguida se dirige a otro grupo. Llega, saluda, habla, abraza, se va. Así está durante toda la vigilia. Todos allí saben quién es y qué quiere. Porque cuando uno es constante en algo no hace falta hacer demasiados comentarios, basta con observar a la persona y acompañarla.

La 5 está cortada a la altura de 59 por un cartel que preguntá “¿Dónde está Miguel Bru?”. Un grupo comienza a hacer el fuego para los choripanes y una nena ofrece galletitas a otros niños. De a poco la vereda de la novena se va llenando de gente. Una mujer perteneciente a una organización de Derechos Humanos enciende la última vela del altar. Desde adentro, un policía de civil mira la vigila para Miguel.

“A medida que fue pasando el tiempo nos fue constando menos apropiarnos del espacio. El primer año que me planté acá, la policía me espiaba. Hoy la vereda estaba llena de motos pero pedimos que las corrieran para desarrollar el acto y lo hicieron”, cuenta la mujer. “Entiendo que ahora hay otra presión, hemos ganado una legitimidad y no les queda otra”, agrega.

En agosto de 1993, Miguel había denunciado a efectivos de la Comisaría Novena de La Plata por un allanamiento ilegal en su casa. A partir de ese momento, el joven comenzó a ser amenazado y hostigado por efectivos de la bonaerense. Su secuestro se produjo cerca de la localidad de Bavio, el 17 de agosto de 1993. En 1999 se condenó a cuatro policías por su caso. Ninguno dijo donde estaba Miguel pensando que la premisa “sin cuerpo no hay crimen” también valdría para ellos.

Sin embargo no fue así, y los ex policías Walter Abrigo y Justo López, recibieron perpetua por su muerte y desaparición.

“El odio es irremediable, hubiera deseado nunca tener que venir acá, pero mientras Miguel esté desaparecido voy a seguir reclamando y diciendo que no lo olvidamos”, explica.

Rosa se acerca a otro grupo de jóvenes, conversa unos minutos y se va. Pero antes abraza a cada uno de ellos. Demora más en los abrazos que en decir lo que dice. Y cada vez que sus manos se detienen en el apretujón, cierra los ojos.

(Rosa junto al anterior fiscal de la causa, Fernando Cartasegna)

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