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martes 16-04-2024

Inteligencia Artificial y futuro del trabajo: “Una transición justa implica una decisión política y económica”

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¿Qué está ocurriendo en el mundo sindical ante el desarrollo de la Inteligencia Artificial y las nuevas tecnologías en relación a las fuentes laborales? “Hay formas de proteger el empleo que no tienen que ver con retrasar el uso de la tecnología o evitar su implementación. Hay que discutir el para qué, el por qué, el cómo”, dice Vanesa Nuñez, Secretaria de Innovación y futuro del trabajo de la CGT. Con ella dialogamos para reflexionar al respecto

El 5 de julio de 1994 el empresario Jeff Bezos fundó en Seattle la compañía Cadabra, la cual un año más tarde pasó a llamarse Amazon. La empresa, que comenzó como una librería en línea, es hoy una corporación de comercio electrónico y servicios de computación en la nube. Posee Alexa Internet, Internet Movie Database (IMDb), MGM Holdings y Twitch.1​, entre otras de sus divisiones.

En 2021 la FES Argentina desarrolló el podcast titulado “¿Sueñan los androides con obrerxs eléctricxs?” para analizar y reflexionar sobre el futuro del trabajo. En el episodio 2 de la segunda temporada (llamado “¿y cuánto vale vivir tan custodiado?”), describe la dinámica de Amazon. 

Allí se señala que: “La compañía instaló una serie de dispositivos y normas de control al estilo Black Mirror donde los trabajadores son requisados antes de ingresar al trabajo, no se les permite ingresar con comida, solo con una botella de agua. Un sistema de cámaras con Inteligencia Artificial (IA) mide los movimientos de quienes trabajan a cada segundo. Si detectan que alguien no está trabajando al ritmo esperado automáticamente se le envía una advertencia”. 

“Si un empleado o empleada registra seis advertencias en menos de un año se le envía un telegrama de despido. Todo esto de manera automática, mediante un software. Quienes trabajan son obligados a usar una pulsera que registra cada uno de sus movimientos para detectar y evitar acciones innecesarias o no productivas. En caso de detectar un movimiento que no contribuya a la productividad las pulseras guían mediante vibraciones las manos de les trabajadores”, cuenta.

En la misma línea relata: “Empleados y empleadas de Amazon se quejaron del excesivo calor y la falta de aire acondicionado y ventiladores en el espacio de trabajo pero los directivos se resistieron a refrigerar el ambiente porque podría estropear a las máquinas. Literalmente les importa más el bienestar de sus robots que el de sus empleados y empleadas. Las máquinas marcan el ritmo del trabajo, lejos de liberar a les trabajadores, son parte de su sometimiento”. 

Por otra parte se indica que “no solo te vigilan en tu turno de 12 horas diarias, también tu actividad en redes sociales con el fin de atajar cualquier problema antes de tiempo. Amazon vigila, monitorea y clasifica a quien emplea según sus publicaciones”.  Y advierten: “El modelo de Amazon condensa varias características del nuevo capitalismo y, quizás, lo más preocupante de cara al futuro es que estas metodologías de trabajo están siendo copiadas por muchas empresas emergentes”.

Para finalizar, interroga: ¿En un contexto como ese queda lugar para la organización de los trabajadores y trabajadoras? 

 

Protesta de activistas, en el marco del Black Friday

Sobre el desarrollo de la IA, la tecnologización y robotización, y sus consecuencias sobre el empleo, dialogamos con Vanesa Nuñez, dirigente sindical de UTEDYC y Secretaria de Innovación y futuro del trabajo de la Confederación General del Trabajo (CGT).

En el comienzo de la charla con Pulso Noticias, Nuñez se refiere al contexto en el cual se generó el espacio que encabeza actualmente: “La secretaría es una decisión de la CGT, se generó en el último confederal, en donde se incorporaron varias secretarías nuevas, entre ellas Seguridad y Salud Laboral, Cambio Climático, algunos temas donde la CGT consideró que eran cuestiones que tenían que tener un desarrollo específico porque tienen interés real en el mundo del trabajo. Ahora, ¿por qué UTEDYC ocupa esa secretaría? Tiene que ver con la trayectoria de UTEDYC en el tema. Si bien nosotros no somos un sindicato de fabricación o producción, veníamos abordando este tema desde hace mucho tiempo. La organización nacional del gremio en 2017 lanza el departamento, que en ese momento se llamaba de ‘Digitalización y Nuevas Tecnologías’, donde empezamos a analizar cuál era el impacto de las innovaciones en nuestra área de representación”.

-¿Con qué actores te vinculás desde esa secretaría?¿Encontraste diferentes actores sindicales para establecer vinculaciones o es muy incipiente?

“Depende del sindicato. Es un poco incipiente como para modificar un rango estatutario, porque además modificar un estatuto para concretar una secretaría o un departamento formal es muy laborioso en términos administrativos. Pero dialogando y trabajando con los distintos actores, en el último año y medio o dos años, están empezando a aparecer en manos de representantes desde las áreas técnicas legales, o de las áreas gremiales vinculadas a paritarias, a veces desde la perspectiva de la formación, dirigentes que empiezan a tener a cargo proyectos que tienen que ver con IA, con el impacto de las nuevas tecnologías. Sobre todo desde la formación, ahí hay mucho interés, los sindicatos tienen una vocación muy fuerte de formación y sabemos que es una de la claves para acompañar el proceso de innovación de las actividades y poder ayudar al mundo del trabajo a que se vaya adaptando a nuevas tareas que van surgiendo, cómo reaccionar a esas tareas. Pero hay un poco de desconcierto respecto de cuáles son los tópicos, cuál es el rumbo productivo que tiene nuestra región y nuestro país. No hay muy buen diálogo en este sentido, así como en muchos otros temas, con las partes empleadoras, así que los resultados son muy dispares. Hay sindicatos como el del Seguro, por ejemplo, que tiene buen diálogo con los empleadores, es una actividad muy concreta y está desarrollando un observatorio de IA, intentando anticiparse al reemplazo de los analistas de póliza. Y después hay sindicatos más de producción como SMATA, que se puede sentar a discutir con las grandes autopartistas, pactar formaciones y evitar lo que llamaríamos el desempleo tecnológico, al mismo tiempo que puede recalificar o sobrecalificar a la gente, pero también tiene muchos problemas en las entidades más pequeñas. Así que la realidad, en ese sentido, es incipiente”.

-En esa relación un actor importante es el Estado: ¿Qué rol crees que debe asumir?

“El Estado es un actor fundamental en el diálogo tripartito con las empresas y los sindicatos. El Ministerio de Trabajo tiene buenas intenciones, pero cuando iniciamos la gestión tenía pocos planes de implementación de estos temas, los empezamos a implementar en conjunto. El rol que tiene que asumir es muy importante, por una cuestión de relaciones de fuerzas. Porque, en términos más conceptuales, si nosotros pensamos que el capital o los dueños de las empresas van a bregar por la transición justa de derechos y de empleo o van elegir la acumulación, ya sabemos que van a elegir la acumulación. El Estado en las regulaciones es central, y cuando digo esto de la acumulación y la falta de respeto hacia los derechos laborales lo digo con conocimiento de causa de sectores que están súper desregulados y que se encuentran con muchísimas dificultades para la reglamentación laboral”.

La industria del software y la amenza ante la sindicacalización de “mounstros” como Globant

-Un caso muy particular en ese sentido es el de la industria del software

“Si. En la industria del software tenés a grandes empresas, que incluso son beneficiadas con partidas presupuestarias estatales, con programas de incentivos tecnológicos, que tienen una exportación de divisas alta, que son exitosos en términos económicos, son estratégicas en términos de producción nacional, pero sin embargo no quieren representación sindical, despiden a la gente que se afilia a los sindicatos informáticos, no quieren tener convenio colectivo, no quieren tener paritarias. Y eso se traduce en que la comunidad de trabajadores y trabajadoras en la industria del software no es bien paga. Es bien paga inicialmente y después los tratados son personales, a falta de paritarias y de cierto equilibrio en la correlación de fuerzas para discutir las condiciones de todos y todas ante un monstruo como puede ser Globant o ese tipo de empresas que de repente te dan una evaluación de desempeño que nunca podés cumplir al porcentaje que ellos te ofrecen para darte un aumento. Desde ese lugar del Estado tiene muchos roles importantes, por un lado la reglamentación, que es fundamental porque también es una herramienta que tienen los actores sindicales para poder salir a defender los nuevos derechos o los derechos que se ponen en jaque por estas nuevas condiciones coyunturales como el teletrabajo, la deslocalización del empleo”. 

-También está todo lo vinculado a la economía de plataformas

“A las plataformas tampoco se las puede terminar de encasillar dentro de las reglamentaciones, no sólo las plataformas de trabajo que promueven la precarización como pueden ser Uber, Rappi, Pedidos Ya, entre otras, sino las plataformas más formales de contenidos culturales, que están desreguladas en el pago impositivo, que cobran en dólares, que reemplazan las grillas nacionales de las cuotas culturales y que termina incidiendo en la forma de ver y de pensar de la gente. Y el Estado poco regula esa situación o le cuesta llegar a regular”.

¿Nuevos trabajos o precarización? “A las plataformas no se las puede terminar de encasillar dentro de las reglamentaciones”, señala Vanesa Núñez

-¿Crees que desde el Estado se puede tomar algún tipo de acción en función de los avances y el desarrollo de la IA? 

“Bueno ya salió una reglamentación, un marco sobre IA en la Cámara baja, me parece que la discusión fue atinada, hubo debate con expertos en el parlamento. Y el contenido de la reglamentación está bien en términos generales pero no se enfoca en el mundo del trabajo. Pone al empleo o los efectos de la tecnología y la IA en el empleo como actores interesados, no profundiza, hay un campo de acción ahí para seguir discutiendo y pensándolo con el Estado. Pero en términos laborales, más allá de la cuestión de la regulación y legislación, tiene que haber una protección concreta de los institutos del Estado, como puede ser el Ministerio de Trabajo, la cartera Económica, Ciencia y Tecnología u otros, que tengan un eje rector, un proyecto de crecimiento nacional y que puedan fijar pautas comunes entre el mundo del trabajo y el mundo empresario. Porque lo que nos pasa es que la correlación de fuerzas en cada sector es muy dispar”.

En noviembre de 2022 se abrió un debate con expertos en Diputados

-¿Cómo se da, en ese aspecto,el diálogo con la parte empleadora?

“Hay sindicatos que tienen mejores resultados y otros peores respecto de qué actividades tienen, cómo se llevan con las cámaras empleadoras, cómo abordan el tema de la paritaria, y al mismo tiempo un poco la discusión de la agenda. Nosotros queremos dar formaciones para acompañar el proceso tecnológico, pero para eso necesitamos entornos y planificar con las empresas cuál es la tecnología que querés implementar en el mediano plazo, si querés reorientar el rumbo de tu producción -como en el caso de las pymes que son las mayores dadoras de empleo-, cómo lo vas hacer, hacia dónde, cómo acompañar ese proceso. Porque la formación de los trabajadores es casi exclusiva de los sindicatos, pero nosotros estamos como adivinando en qué los podemos formar en lugar de ser más efectivos en ese debate. Y en algún punto los empleadores también están un poco desconcertados, en la industria está un poco más claro, pero en todo lo que tenga que ver con servicios es un poco más vago a veces discutir la innovación. Van apareciendo herramientas que necesitan regulaciones, que trabajamos con el Ministerio de Trabajo, que son de control y vigilancia, de selección de personal, de la gestión de los datos personales, para garantizar los derechos ante las nuevas cuestiones que aparecen, como el derecho a la desconexión en relación al teletrabajo”.

-¿Considerás que los convenios colectivos de trabajo o las discusiones paritarias deberían incluir el impacto de los dispositivos y/o de las innovaciones tecnológicas?

“Sí, son cuestiones que están. Pero como digo, necesitás que el Estado esté presente y sea un impulsor, un promotor de ese tipo de acuerdos, porque la dinámica de la paritaria y lo que dispone la paritaria es que vos puedas reformular todas las condiciones de trabajo. Pero hay voluntades de las partes, vos podés llevar una agenda muy amplia de trabajo a la patronal y la patronal puede decirte ‘no’. Entonces, o vas a conflicto o llevás el tema al Ministerio de Trabajo. Pero no es que la paritaria implica que el sindicalismo lleva un tema y lo consigue. La posición general de los empleadores es ‘no’”.

Las regulaciones son claves para una transición justa que proteja los derechos laboarles

-En el actual contexto de crisis: ¿se puede diferenciar lo urgente de lo estratégico a mediano o largo plazo?

“Sí, el ideal es poder discutir la paritaria que atienda lo urgente, que es la escala salarial, que forma parte del texto de convenio colectivo, y lo importante, que son por ejemplo nuevos derechos, género, igualdad, licencias, guarderías, otro tipo de cuestiones que son importantes para la comunidad laboral y para la sociedad en general. Pero para eso, insisto, necesitás instrumentos del Estado. Nosotros igual para destacar el valor del Ministerio y la voluntad de hacer y abordar esta cuestión, lo que intentamos implementar es un espacio de discusión paritaria, separando el número de expediente de la paritaria tradicional para que, con distintas estrategias, tal vez cambiando los actores de la mesa de discusión, se pudieran llevar agendas separadas, en tiempos separados, porque si está atado a la paritaria es muy difícil. Hasta nuestras propias compañeras y compañeros, a quien vamos a  representar, nos demandan, con razón, el tema del salario y no podés dilatar seis meses una discusión paritaria porque no te ponés de acuerdo en otro tema. Es complicado pero vamos buscando alternativas”.

-Las nuevas tecnologías, además de reemplazar puestos de trabajo, ¿pueden generar nuevos empleos con la misma intensidad? ¿Cómo ves el escenario de futuro?

“La verdad es que el impacto de esta revolución productiva y tecnológica que vivimos es inédita en la historia en cuanto a sus matices y en cuanto a la velocidad de implementación. Siempre en las charlas con los dirigentes o en los cursos de formación con los delegados y delegadas hablamos de esto. Las primeras tres revoluciones tuvieron dos generaciones para asentar los cambios productivos, las formas de vivir y de consumir, trabajar y usar la tecnología. Y esta última revolución, que puede llamarse 4.0, hay distintos nombres que se le dan, tiene a toda una generación pasando de lo absolutamente analógico a estar usando hoy IA sin darse cuenta en el celular o en un motor de búsquedas. Es muy vertiginoso el proceso de avance tecnológico, así que es difícil tener una lupa con la cual mirarlo porque es un fenómeno nuevo en términos sociales. Pero nosotros no fomentamos el terror tecnológico,  no decimos ‘la tecnología es mala’ o ‘es un peligro’, la tecnología para nosotros es un instrumento de producción que está resignificando de alguna manera los mismos medios de producción del siglo pasado. Y tiene dueños, tiene fabricantes, tiene programación, tiene intenciones de ser o no ser determinada cosa. Entonces desde ese lugar me parece que hay que perderle un poco el miedo al determinismo tecnológico y a la cuestión de que es inabordable porque no lo entendemos, o los dirigentes sindicales no lo entienden o la política no lo entiende. Como todo instrumento que debe estar al servicio de la sociedad tiene que tener una transición justa”.

-¿En qué consiste esa transición justa?

“Una transición justa implica una decisión política y económica. Vos podés liberar el mercado y ver que sucede con la inversión en plataformas y en digitalización o podés optar por proteger el empleo. Pero nosotros creemos que hay formas de proteger el empleo que no tienen que ver con retrasar el uso de la tecnología o evitar su implementación, sino discutir el para qué, el por qué, el cómo. Porque en definitiva la concentración de la riqueza de las empresas que producen estas herramientas generan como una admiración en la sociedad y no nos preguntamos cosas que nos podríamos preguntar. Por ejemplo, la IA es una herramienta que está reutilizando, con el Chat GPT, toda la información que encuentra en la web y esos contenidos son contenidos generados por personas. ¿Y a quién le pagan derechos de autor? Lo mismo que pasa con las recreaciones artísticas. Esto no quiere decir que nos vamos a oponer o que vamos  decir ‘no queremos IA’, sino pensar en cómo impacta en el mundo del empleo y en las regulaciones que tenemos”.

Nuevos desafíos: ¿Cómo enfrentar o romper con la reproducción de las desigualdades de género?

-¿Crees que los sindicatos con la posibilidad de formación de los trabajadores o el Estado con las herramientas de la educación pueden generar este espacio de reflexión crítica? ¿O la velocidad de los cambios hace que esta reflexión quede a un costado del camino?

“Yo creo que la reflexión crítica es fundamental, hay que darla. Si bien no podés frenar al mercado, tampoco podés permitir cualquier cosa sin analizar el impacto social de ese fenómeno. Creo que Argentina tiene una capacidad instalada fuerte para hacerlo y que el Estado debería visualizar al movimiento obrero como un socio estratégico en la implementación de esto. Las organizaciones sindicales lo que más queremos es que haya empleo, que sea calificado, que sea con un buen salario, promover la movilidad social, mejorar las condiciones de trabajo, porque muchas veces la tecnología nos trae mejora en las condiciones de trabajo, menor concentración demográfica en las grandes ciudades porque hay personas que pueden trabajar de forma remota o híbrida, en algún punto puede reducir el impacto ambiental, puede mejorar las conciliaciones del trabajo y el cuidado, puede mejorar condiciones de seguridad y salud. Pero más allá de la implementación de tecnología, el trabajo ordena a las sociedades, es necesario que exista el empleo. Por eso yo creo que el diálogo reflexivo es necesario y tiene que ser con todos los actores. Hay una estigmatización en algún punto del movimiento obrero sobre este tema porque se considera que el sindicalismo se opone a la tecnología o no entiende el fenómeno, pero no es así, no es la mirada que tiene la CGT, que no por casualidad genera esta secretaría”.

-Hay ciertos sesgos que se mantienen a partir de la IA, que tienen que ver con lo que ya sucede en términos culturales o sociales. En este sentido, ¿se puede enfrentar o romper con la reproducción de las desigualdades de género?

“Sí, se puede, trabajando en conjunto, como decía al principio en un diálogo tripartito. Los instrumentos de control, vigilancia, cualquier tipo de software o de herramienta tecnológica tiene sesgos que vienen de las bibliotecas que consumen sus desarrolladores y terminan reproduciendo un montón de sesgos, no sólo de género, también socioeconómicos, étnicos. La ética en el software, en la IA, en los algoritmos debe ser un tema de Estado. Hay sesgos de género en las IA de servicios como Siri o Alexa, que de hecho son mujeres, porque los tecnólogos consideran que las voces de las mujeres son más adecuadas para el servicio que una voz masculina”. 

-Se ha observado mucho en lo que tiene que ver con búsquedas laborales

“En lo que respecta a las búsquedas laborales hay muchísimos casos, Hay softwares de preselección de búsquedas de CVs donde el algoritmo, para explicarlo sencillamente, hace un promedio de tu conducta e intenta emular tu conducta para satisfacer tu búsqueda. Entonces por ahí vos no te percataste de tus propios sesgos, no los tenés presentes y por una cuestión cultural siempre elegiste varones, blancos, con cierta formación, heterosexuales, en ciertos cargos gerenciales, entonces el algoritmo no tiene criterios éticos, el algoritmo va a pensar que replicar tu elección es correcto, te va satisfacer. Y así se maximiza la reproducción de sesgos de género, sociales, étnicos. Y, por otro lado, más allá de la ética del software, la IA y los algoritmos, también tenés algo que vemos en el teletrabajo pero que puede expandirse a otro tipo de prestaciones de servicios, que tiene que ver con el acceso a la tecnología, que también es un bien social. No todas las regiones tienen acceso a internet de buena calidad, no todas las personas tienen celulares con una capacidad apta para trabajar, o una notebook para trabajar o teletrabajar. Entonces esto de ser su propio jefe o que podés trabajar desde donde vos quieras en algún punto termina profundizando una desigualdad socioeconómica, porque esa es una oportunidad para un acotado rango social, no para todos los pibes y pibas”.

Periodista - Papá primerizo y asador de departamento.
Walter Amori nació en Villa Ramallo, en 1983, pero ya lleva más años transcurridos en La Plata que en su ciudad natal. Se recibió de Licenciado en Comunicación Social en la UNLP, lugar donde además fue docente de Opinión Pública. En la capital bonaerense trabajó en prensa institucional y desarrolló tareas periodísticas en medios privados y públicos. Desde 2018 forma parte de Pulso Noticias. Anda en eso de ver de qué se trata la vida después de empalmar paternidad primeriza y dos años de pandemia. Tiene una parrilla en el balcón con poco uso.

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