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lunes 27-05-2024

Inteligencia Artificial y el trabajo del futuro: “Hay que tomar decisiones porque sino las toma el mercado”

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¿Cuáles son los desafíos que enfrentamos de cara al desarrollo de las nuevas tecnologías y la automatización en el mundo laboral?¿Cómo debemos afrontar esta nueva etapa del capitalismo?¿Qué roles deben jugar los sindicatos y el Estado? Sobre ello dialogamos con Natalia Zuazo, especialista en política y tecnología, consultora de la UNESCO y directora de Salto Agencia

El 8 de junio de 1949 se publicó por primera vez “1984”, la icónica novela de ficción distópica, escrita por George Orwell entre 1947 y 1948. Su obra surgió como una crítica a los regímenes totalitarios pero hoy, casi 75 años después de su publicación, sigue teniendo vigencia como herramienta para mirar aspectos de la realidad.

La trama de “1984” se desarrolla en un país llamado Oceanía, dominado por el Ingsoc, un gobierno totalitario que mantiene en constante vigilancia a sus ciudadanos e, incluso, se preocupa en espiar sus pensamientos para mantener el orden.

Al frente del partido de gobierno está el Gran Hermano, el jefe supremo que todo lo ve y todo lo controla, quien vigila de manera permanente todas las actividades cotidianas de la población, buscando reprimir los sueños, los deseos y la capacidad de cuestionar y criticar.

El libro de Orwell se transformó en un éxito ni bien se publicó a fines de los ’40, pero volvió a tener grandes volúmenes de venta entre 1983 y 1984 (los años en los que está contextualizada la novela), así como en otros periodos de la historia como en 2013, después de que Edward Snowden filtrara detalles sobre la recopilación masiva de registros telefónicos y de Internet por parte de la Agencia de Seguridad Nacional o luego de la asunción presidencial de Donald Trump en los Estados Unidos.

El término “orwelliano” excedió el mundo que estaba mirando el autor (en una Europa de posguerra, con el régimen estalinista liderando la Unión Soviética y el inicio de la “Guerra Fría”). Sus presagios permiten hacer un paralelismo con lo que hoy ocurre en la dinámica de las redes sociales, los sistemas de videovigilancia y las “fake news”, entre otros aspectos.

Actualmente, con los avances en el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y el posible impacto que puede tener sobre los empleos en el futuro, en el marco de lo que dio en llamarse como etapa del capitalismo de vigilancia, ¿estamos lejos de úna distopía al estilo de la planteada por Orwell?

Natalia Zuazo, especialista en política y tecnología y diretora de Salto Agencia, elige pararse desde un lugar menos determinista y señala a Pulso Noticias que “el capitalismo de vigilancia es el modelo de negocios de internet, y lo fue durante muchísimo tiempo, sobre todo desde la década del ‘90” y lo describe como “el intercambio de información personal y perfilada a cambio de servicios aparentemente gratuitos”.

Pero aclara que “lo importante” en este contexto es “cómo nos educamos los ciudadanos en el derecho a la privacidad y a la protección de datos y, por otro lado, cómo los Estados se comprometen en esa privacidad y protección de datos”.

“Lo que tenemos que hacer es tener derechos, ejercerlos, saber que existen” y, por otra parte, demandar que “quienes tienen que hacerlos cumplir que los hagan cumplir”, explica la autora de los libros “Guerras de internet”, “Los dueños de internet”“Manual de Periodismo y temas de tecnología”, y consultora de la UNESCO.

Natalia Zuazo (foto) es licenciada en Ciencia Política y Magister en Periodismo, especialista en política y tecnología | Foto: Tiempo Argentino

En relación a la preocupación que existe en torno al trabajo a partir de los avances en el desarrollo de la IA, Suazo expresa que “los trabajos siempre estuvieron cambiando y toda tecnología modificó en algún punto los trabajos, no es algo nuevo”. “La cinta de Ford modificó cuestiones en el trabajo, la luz eléctrica o el uso de luces led modifican el trabajo, en la tarea periodística el cambio de tecnología de la máquina de escribir a la computadora modificó el trabajo. El tema es otro, el tema es qué pueden hacer las sociedades organizadas frente a esos cambios, en varios aspectos”, remarca.

Para la especialista hay tres esferas principales de intervención, desde el lugar del trabajador, desde los sindicatos y desde el Estado: “Primero en cuanto a los trabajadores, a la fuerza de trabajo organizada, es relevante qué puede hacer en relación a esas tecnologías. En el caso de la IA hay una pregunta clave, que es: ¿los trabajadores pueden negarse a colaborar con los sistemas algorítmicos? Por ejemplo, a una persona que trabaja para una plataforma como Uber o Cabify le pueden desactivar la cuenta de un día para el otro. Está atada a un sistema algorítmico que por una razón o por otra, porque tardó más en pasar a buscar un pasajero o por lo que fuere, de repente se queda sin trabajo. Entonces, ¿qué hacemos como trabajadores para no estar atado a eso? Ese es un aspecto”.

En segundo orden aparecen los gremios de cada área u oficio: “Los sindicatos trabajan en el sentido de adaptar los trabajos que ya existían en su propio sindicato o gremio hacia una transformación de sus trabajos o a una eliminación de los mismos. Por ejemplo, en el caso de los sindicatos del peaje, los trabajadores de cabina de peaje van a desaparecer. No tiene ningún sentido que existan las personas que cobran el peaje, sí tiene un sentido humano, que implica no despedir a todas esas personas para que no se queden sin trabajo. Una de las responsabilidades del sindicato es volver a formar a esos trabajadores para que vuelvan a trabajar en otra cosa. Otro ejemplo es qué hace el Sindicato de Comercio con los cajeros de los supermercados, que también a la larga van a desaparecer, porque se va a automatizar. Si esas personas no están sindicalizadas y si ese sindicato no está pensando en qué hacer para reconvertir a esas personas tenemos un problema”, explica Zuazo. 

El otro lado: detrás de los elementos tecnológicos y su programación hay todo un proceso de toma de decisiones, y esas decisiones son realizadas por personas

En la misma línea indica: “Hay una tercera pata que es qué hace el Estado en el sentido de qué capacidades ofrece la educación para reconvertir a esos trabajadores. Y al contrario de lo que se piensa, que lo que más hay que enseñar para reconvertir a esas personas en el nuevo mundo del trabajo son puras cuestiones de informática o robótica, hay que enseñar básicamente dos cosas, matemática y lengua, comprensión de textos, o sea, lo que se enseñó siempre, y después otra cosa que es lo que en UNESCO llamamos educación infocomunicacional y una educación que pueda mirar críticamente a las tecnologías. Es decir, que las personas no aprendan a utilizar solo el aparato, sino que puedan empezar a conocer cómo funciona eso. Que puedan entender que detrás de esos aparatos o elementos tecnológicos hay una persona que tomó una decisión, que lo programó, que ese algoritmo es una serie de decisiones que se automatizaron por una persona, que van a tener una consecuencia y esa consecuencia es política”.

Con respecto a los sindicatos ¿cómo los ves en la actual situación, en relación a los avances tecnológicos?¿Están desarrollando acciones concretas?¿Están capacitados para poder desarrollar esas estrategias que vos mencionás?

“Yo creo que allí hay un problema, que es que se ve la situación como si fuera la primera vez que hay un cambio tecnológico y creo que hay una falta de estudio en profundidad sobre las cuestiones tecnológicas en su relación con la sociedad. Y parece que todos tenemos que decir que esto es terrible y listo, nos quedamos en que esto es terrible, cuando en realidad hay formas de enfrentar esta situación que son más bien prácticas. Y que si se trabaja junto con los especialistas, en cada una de las áreas, no es la primera vez que esto sucedió. Lo que sí es necesario, es trabajar en estas cuestiones para la reconversión de los trabajadores, para que las personas en general tengan una mirada más crítica acerca de las tecnologías, para regular lo que se tenga que regular en relación a la Inteligencia Artificial, porque lo que sí es cierto es que hay que tomar decisiones porque sino las decisiones las toma el mercado. Yo siempre suelo mencionar que las tecnologías en general, cuando irrumpen, producen dos efectos muy importantes. Uno es el de la libertad, de que ‘con esto vamos a poder hacer todo’, ‘esto nos va a facilitar un montón de cosas’, ‘un montón de tareas’, ‘vamos a estar más libres’. Y, por otro lado, el miedo. ‘Esta tecnología nos va a espiar’, ‘nos va a sacar el trabajo’, ‘nos va a complicar la vida’, etc. Y en esos dos extremos no hay nada bueno. Porque ninguna tecnología es fantástica pero tampoco ninguna tecnología per sé es mala. Siempre en el medio la pregunta que es fundamental responderse, es ¿para qué? Y en ese para qué está la cuestión política, de la que se tienen que ocupar sobre todo el Estado, los sindicatos, la sociedad organizada, porque las empresas van a seguir avanzando”. 

Nuevas tecnlogías y automatización: “Es necesario trabajar para la reconversión de los trabajadores” advierte Zuazo.

El Estado a través de sus instituciones, del sistema educativo y los gremios ¿tendrían que actuar conjuntamente?

“Sí, claramente. Tendría que actuar cada uno por su lado, el que primero actúe va a estar haciéndolo bien, porque va a estar interviniendo sobre un tema en el que había que actuar ayer. Entonces es importante que cada uno empiece a actuar por su lado, pero después sí hay que coordinar. Después lo que tenemos en lo que es IA es una serie de propuestas de intervención, yo estoy involucrada en contribuir en el desarrollo de la recomendación de ética de IA de la UNESCO, que es un documento que se aprobó en diciembre de 2021. Esa recomendación tiene una serie de principios y valores que debían respetar los sistemas automatizados y después hay en cada una de las áreas, como en el trabajo, en la salud, en la educación, etc, qué deberíamos hacer para que el avance de la IA y las decisiones automatizadas no nos conduzca a un mundo aún más desigual del que tenemos. Y ahora hay un trabajo de implementación en los distintos países, incluido en varios de Latinoamérica. Después hay otras recomendaciones, incluso la Ley de Servicios Audiovisuales de la Unión Europea incluye también una parte que tiene que ver con la IA, hasta Biden dijo que había que hacer algo para su regulación y su administración escribió una serie de principios”.

Más allá de lo que tiene que ver con algunas propuestas para regular determinadas plataformas, como las de transporte o las de delivery, por fuera de ello ¿hay en nuestro país dirigentes políticos o legisladores abocados a pensar regulaciones en torno al desarrollo de IA?

“No, no hay. Y no necesariamente una regulación es una ley, es un error pensar que una regulación es una ley. Una regulación a veces es crear mecanismos para la rendición de cuentas de las empresas, crear mecanismos para que cuando lleguen esas tecnologías tengan que rendir cuentas en cada una de las áreas, en el trabajo, en la educación. También puede llegar a ser una ley. Lo que sí es claro, y está documentado, es que si no se trabaja en esto las decisiones automatizadas de la IA generan y generarán nuevas de desigualdades, profundizarán las desigualdades”.

En cuanto al rol del Estado, ¿una de las problemáticas es que hoy muchos Estados están quedando pequeños al lado de las grandes corporaciones o de los magnates que se abocan al desarrollo de estas tecnologías?

“Lo que podría decir es que gracias a las decisiones políticas esos magnates son magnates, esos magnates podrían no ser tan millonarios y el resto de las personas podrían tener una vida más tranquila si las decisiones de la política en general fueran distintas”.

En la ciudad de Buenos Aires la Justicia detectó el uso irregular de datos biométricos a través del sistema de vigilancia facial

En esta etapa del capitalismo, denominada capitalismo de vigilancia ¿cuáles son los riesgos a los que estamos expuestos principalmente? ¿Hay alguna forma de actuar o intervenir para tomar conciencia acerca de la importancia de la protección de nuestros datos?

“El capitalismo de vigilancia es el modelo de negocios de internet, y lo fue durante muchísimo tiempo, sobre todo desde la década del ‘90 hasta 2016, hasta Cambridge Analítica, de forma no cuestionada. El intercambio de información personal y perfilada a cambio de servicios aparentemente gratuitos. Pero ese es el problema más elemental. Lo importante ahí es cómo nos educamos los ciudadanos en el derecho a la privacidad y a la protección de datos y, por otro lado, cómo los Estados se comprometen en esa privacidad y protección de datos”.

En Argentina hay una ley para proteger los datos

“La Ley Nacional de Datos Personales es del año 2000, cuando obviamente no estaban las tecnologías que tenemos hoy. Se presentó un proyecto para renovarla el año pasado, yo formé parte de la gente que trabajó en ese proyecto y sería bueno que tengamos una ley renovada de datos personales porque frente a ese modelo de negocios lo que tenemos que hacer es tener derechos, ejercerlos, saber que existen, y por otra parte, quienes tienen que hacerlos cumplir que los hagan cumplir. Y te pongo un ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires las cámaras de vigilancia de las calles, que después le pusieron reconocimiento facial y que decían que se iban a usar para capturar a prófugos de la justicia, se terminaron utilizando para vigilar a toda persona que no le gustaba al jefe de turno. Es una clara violación a los derechos humanos. Y ahí hay que demandar que suceda algo porque puede haber una alfabetización y una sensibilización en cuáles son nuestros derechos, pero después tenemos que demandar si no son respetados, si los derechos son violados, para que suceda algo”.

Periodista - Papá primerizo y asador de departamento.
Walter Amori nació en Villa Ramallo, en 1983, pero ya lleva más años transcurridos en La Plata que en su ciudad natal. Se recibió de Licenciado en Comunicación Social en la UNLP, lugar donde además fue docente de Opinión Pública. En la capital bonaerense trabajó en prensa institucional y desarrolló tareas periodísticas en medios privados y públicos. Desde 2018 forma parte de Pulso Noticias. Anda en eso de ver de qué se trata la vida después de empalmar paternidad primeriza y dos años de pandemia. Tiene una parrilla en el balcón con poco uso.

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