Elecciones en Chile: “El sistema de partidos está totalmente agotado”

El país trasandino debate su futuro entre una fuerza de izquierda y una alternativa de ultraderecha, en un contexto de inestabilidad social y política, crisis económica y la discusión por una nueva Constitución en marcha. Será la primer elección presidencial tras las revueltas de 2019. Sobre todo ello dialogamos con el analista político y magíster en Filosofía de la Universidad de Chile, Pablo Abufom Silva

Por Walter Amori

Chile afrontará mañana uno de los procesos electorales más importantes de su historia, la ciudadanía concurrirá por primera vez a la urnas para votar a un nuevo presidente luego de las revueltas de 2019 que le dijeron ‘basta’ a tres décadas de gobiernos neoliberales, post dictadura pinochetista.

A su vez, se dará con una Convención Constitucional en marcha que determinará una nueva Carta Magna, en un contexto de inestabilidad dirigencial nunca visto, con juicio político incluido hacia el actual mandatario nacional Sebastián Piñera (que finalmente no prosperó en el Senado) y un momento de fragilidad económica muy importante.

En ese marco, son 7 los candidatos a la presidencia: Gabriel Boric (Apruebo Dignidad), José Antonio Kast (Partido Republicano de Chile), Franco Parisi (Partido de la Gente), Marco Enríquez-Ominami (Progresistas de Chile), Yasna Provoste (Partido Demócrata Cristiano), Eduardo Artés (Partido Unión Patriótica) y Sebastián Sichel (Pacto Chile Vamos). Pero ninguno superaría el 50% de los votos necesarios para ganar las elecciones en primera vuelta.

Y, como si fuera poco, quienes se perfilan con la mayoría de las preferencias son Boric, por la izquierda y Kast, por la ultra derecha, lo que determinaría un escenario de balotaje totalmente polarizado para definir los destinos de una nación que ha alcanzado en el último tiempo un importante nivel de efervescencia social y política.

Además de la figura presidencial se renovarán todos los diputados (155) para un período de 4 años y la mitad de los senadores nacionales (27 de los 50, para un período de 8 años).

“La crisis en la que estamos tiene que ver con una descomposición muy grande de la institucionalidad política o del sistema de partidos, que está totalmente agotado. Los partidos que gobernaron hasta ahora ya no tienen un proyecto para un momento como éste y por lo tanto se enfrentan a alternativas que empiezan a surgir”, señala el analista político chileno, Pablo Abufom, a Pulso Noticias.

Abufom es magíster en Filosofía por la Universidad de Chile, editor de ‘Posiciones, Revista de Debate Estratégico’ y miembro fundador del Centro Social y Librería Proyección. Con él dialogamos para entender qué puede suceder en las elecciones de ese país y analizar el posible escenario luego del proceso electoral que determinará mucho más que un nuevo presidente.

-Esta elección se ve desde Argentina como la elección más crucial en Chile desde el retorno a la democracia ¿Coincidís con esa apreciación? ¿Qué se pone en juego en este proceso electoral?

“Es una elección tremendamente importante, quizás, efectivamente, la más crucial desde el retorno a la democracia porque al igual que en este momento, es un momento de mucha apertura. Estamos viviendo una crisis política muy profunda que está acentuada en una crisis social, una crisis económica de características globales que impacta en Chile muy profundamente también. Se venía acumulando una crisis política en los últimos 20 años pero, la agudización de las crisis económica o más bien de las inestabilidades económicas, el aumento de la precarización de la vida de las personas, de la clase trabajadora, que en Chile ha adoptado características plurinacionales, con mucha migración, ha hecho que haya una disposición a movilizarse por enfrentar esa situación mucho más grande. Estamos en un contexto de aumento importante de la politización, donde grandes masas de la población se movilizan, se involucran, se organizan, se activan en distintos niveles. Esa crisis en la que estamos, que tiene que ver con una descomposición muy grande de la institucionalidad política o del sistema de partidos, que está totalmente agotado. Los partidos que gobernaron hasta ahora ya no tienen un proyecto para un momento como este y por lo tanto se enfrentan a alternativas que empiezan a surgir. Alternativas políticas y alternativas espontáneas desde la base”.

-El balotaje presentaría un escenario muy polarizado entre Gabriel Boric y José Kast, mientras que, como vos marcás, las fuerzas de centroizquierda y centroderecha, que se repartieron el poder las últimas tres décadas no tendrían chances de alcanzar la presidencia, ni siquiera de llegar a segunda vuelta

“Una de esas alternativas sin dudas viene desde la izquierda, que tiene que ver con los movimientos sociales, movimientos feministas, movimientos socioambientales, tiene que ver con una nueva izquierda que todavía no logra encontrar su lugar pero que hoy día está punteando en las encuestas políticas. Puede ser que haya un gobierno de izquierda en el próximo ciclo. Pero también hay una alternativa de ultraderecha que está surgiendo. Frente a la misma crisis nos enfrentamos a una oferta de alternativas inédita hasta ahora. Donde las alternativas no vienen de las distintas variantes del centro, centro derecha o centro izquierda, sino de los extremos, con surgimiento de candidaturas que apelan, al igual que Bolsonaro, Trump y otros ultraderechistas en el mundo, a un discurso conservador-cristiano en términos de valores y en términos sociales, autoritarios en términos políticos y militares, nacionalistas en términos geopolíticos, con el discurso anti ONU y anti Derechos Humanos, y finalmente con un capitalismo brutal. Eso configura un cuadro de una profunda inestabilidad social y política. Para el sistema político o para la opinión pública burguesa, los medios tradicionales, ambas son una alternativa de desorden, de caos, ninguna trae realmente lo que se necesita para la estabilidad que caracteriza a la democracia chilena en los últimos 30 años. Eso es lo que hace que haya una percepción tanto en la opinión pública tradicional, como en la gente, que es una elección muy importante”.

¿Cómo caracterizarías al candidato de la izquierda, Gabriel Boric?

“Boric fue dirigente estudiantil en 2011 y por lo tanto fue una figura muy importante en la gran movilización por la educación gratuita, en aquel año. Que tiene a otras figuras que se volvieron también figuras políticas importantes: Camila Vallejo de Partido Comunista y Giorgio Jackson hoy día del Partido Revolución Democrática. Ellos de algún modo fueron la avanzada estudiantil, hoy están siendo el equipo de campaña de Gabriel Boric y uno podría pensar que se está cerrando o se está consolidando un ciclo político que comenzó en el 2011 con la emergencia de nuevos sectores, con la apuesta de construir una cierta gobernabilidad. Y es muy interesante ese trío, el de Gabriel, Camila y Giorgio, porque representa, por decirlo de alguna manera, las tres almas de la izquierda política hoy día. En el caso de Camila Vallejo, un sector del Partido Comunista más abierto que la ortodoxia estalinista tradicional, más contemporánea, abierta al feminismo, abierta a lo plurinacional. Giorgio Jackson representa el otro extremo, el lado más derechista, más conservador, más de búsqueda de acuerdos, en contra de la violencia política de masas, más moderado. Y Gabriel Boric, entre esos extremos está un poco al centro, recibiendo un poco de la tradición de izquierda, de los movimientos sociales y de la izquierda sesentera de la Unión Popular y Allende, pero también con una mirada hacia la moderación y la gobernabilidad. Representa una posición de centro dentro de la izquierda. Yo creo que el centro de su campaña es mostrar que hay una alternativa de gobernabilidad desde la izquierda, por lo tanto, la necesidad de ciertos cambios estructurales. Porque como decía recién, el proyecto de continuidad de la transición neoliberal no puede resolver la crisis, entonces son necesarios algunos cambios en términos de seguridad social, de derechos humanos, derechos garantizados, democratización del Estado, apertura de las instituciones. Pero al mismo tiempo cambios que se pueden hacer en un clima de gobernabilidad, un clima de apertura al diálogo con los otros actores políticos. Eso es lo que yo diría que representa la candidatura de Gabriel Boric”.

Pese que el ascenso de candidatos de ultra derecha es un fenómeno que se está dando en distintas partes del mundo, ¿cómo llega con posibilidades de convertirse en presidente un representante de la extrema derecha que hace unos meses atrás no estaba en los planes de nadie en Chile?

“Aquí en Chile para el establishment político, que viene a ser más bien centrista y liberal, esta imagen de una ultraderecha o un neofascismo aparece como una sorpresa. Pero los sectores de izquierda anticapitalista en Chile hemos visto la lenta emergencia de una alternativa neofascista en los últimos 10 años. La crisis social profunda, con una falta de alternativa radical para la gente trabajadora o de la izquierda; un aumento de las iglesias evangélicas, que son sin dudas un fermento de una alternativa fascista; la profundización de una crisis económica; además con un aumento de la inmigración, un fenómeno que tiene muchos factores complejos para la población chilena, que es presentada como una amenaza en la competencia por el trabajo, todo eso ha sido utilizado por la derecha de manera cada vez más sostenida”.

¿Eso se hizo más palpable con la revuelta de 2019 y el debate por la reforma de la Constitución?

“Yo creo que lo que pasó con la revuelta de 2019 es sin dudas la marca más reciente de esta coyuntura. Cuando se estableció el itinerario constitucional, el 15 de noviembre de 2019, llamado ‘Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución’, donde Gabriel Boric fue el único de su partido que firmó y eso es muy significativo de lo que representa él, en ese itinerario constitucional se plantea que va a haber un plebiscito donde se aprueba o se desaprueba la creación de una nueva Constitución y la formación de una Convención Constitucional que es la que tenemos hoy. En torno al ‘aprueba’ se encontraron todas las fuerzas más progresistas por así decirlo, pero en torno al rechazo se abrió y habilitó una alternativa política, la ultraderecha, que se oponía a la revuelta, que se oponía a cualquier tipo de cambios. Los sectores más conservadores adoptaron una campaña por el rechazo. Mientras que la revuelta, que tenía un carácter progresista, contra el neoliberalismo, desplazó a los sectores de ultraderecha, esta cuestión política de hacer campaña por el rechazo habilitó a un espacio posible para la ultra derecha. Allí se cuajó un sector también, hizo que el pinochetismo pudiera agarrar vuelo, el pinochetismo estaba buscando una figura. Había un sector de la derecha pinochettista que no aguantaron el mantenerse en esta centro derecha renovada, que es la que tenemos hoy día, que reniega de la dictadura o de Pinochet, que dice que está a favor de los Derechos Humanos, que dice que está a favor de ciertos cambios sociales. Frente a eso hay un sector que dice ‘no, nosotros somos pinochetistas, conservadores, autoritarios, no queremos nada con la ideología de género’, como ellos le llaman. O sea, ellos sienten como que por fin están pudiendo decir su propia verdad, están saliendo de esa trinchera en la que estaban parapetados. Kast representa eso, esa salida”.

¿Las conquistas alcanzadas tras la revuelta de 2019 y el avance de la Convención Constitucional, van por carriles separados con respecto a la elección, o un eventual triunfo de la derecha podría generar un intento por detener es proceso?

“Yo creo que sin dudas son cosas que están muy vinculadas. El destino del gobierno y del parlamento que salga elegido va a estar vinculado a las decisiones que se tomen en la Convención, pero sobre todo va a estar vinculado a quien salga electo presidente. Es esperable de un gobierno de la ultraderecha, que yo considero que es poco probable. Su riesgo no está en salir, el riesgo está en que (Kast) logre ser el líder de la derecha el ciclo que viene. Un gobierno de Kast yo creo que apuntaría directamente a cerrar la Convención, es probable que puedan proponer eso”.

-De todos modos el pueblo chileno ya demostró que podía salir a la calle para defender sus demandas, tiene ya sus anticuerpos

“Yo creo que sí. De todas maneras yo creo que no lo harían, creo que lo propondrían, como una manera de tensionar más el vínculo entre la Convención Constitucional y el gobierno. Pero habría una respuesta popular como defensa de la Convención. Y por el otro, un gobierno de Gabriel Boric, al menos hasta ahora en la campaña, se plantea como un gobierno que va a estar del lado de la Convención. A diferencia de lo que ha sido el gobierno, que ha estado permanentemente boicoteando y torpedeándola, ya sea en los medios o institucionalmente con temas de presupuesto, infraestructura, etc”.

-Un dato que me llamó la atención es que pese a la importancia y el protagonismo del movimiento feminista no hay ninguna candidata presidencial mujer

“Ha sido un tema, yo creo, poco diagnosticado en la discusión pública. Muchos de los cartuchos feministas se centraron en la Convención Constitucional, por un lado, y luego en las elecciones parlamentarias donde las candidaturas de inspiración feminista o directamente las dirigentas feministas, las referentas, están ahí presentes. Pero, pensando en voz alta, tengo la impresión de que esta es una elección donde se pone en juego como algo muy masculino de la política. Cuando ganó Michelle Bachelet en el año 2005, ella representaba una figura maternal, esa era la imagen que se proyectó. Era un Chile que venía de una trayectoria larga de hombres, incluso Pinochet como una figura autoritaria, fuerte, muy patriarcal y luego los que vinieron después. Y la política de Bachelet tampoco fue una política muy feminista, fue una figura femenina encarnando valores muy tradicionales dentro de lo que significa ser mujer. Yo creo que hoy día hay una interpretación, sobrada muestra de lo mucho que nos queda por disputar el sentido común, de una necesidad de una mano firme para poder hacer los cambios. Hay una búsqueda de una autoridad fuerte y eso en el imaginario colectivo está asociado a figuras masculinas. Pero creo que es una interpretación simbólica, hay una persistencia muy patriarcal y muy machista dentro los partidos políticos. Y se remiten, por ejemplo, a establecer la paridad, lo hacen de manera oportunista porque hay una ley y hay que cumplirla. Yo creo que todavía falta mucho. Creo que la figura de Camila Vallejo va a ser muy preponderante si es que hay un gobierno de Boric y probablemente ella se proyecte como una futura presidenciable”.

América Latina convulsionada y una mirada sobre el futuro

Un eventual triunfo de Boric podría seguir la tendencia de Luis Arce en Bolivia, el Frente de Todos en Argentina, con lo que se proyecta como un triunfo de Lula Da Silva en Brasil, lo ocurrido en Perú con la elección de Pedro Castillo ¿Crees que puede haber un renacimiento de la idea Patria Grande, ahora con Chile más integrado, a diferencia de otros momentos en en los que siguió ese proceso un poco más de costado?

“Y probablemente seguiría siendo un poco así. La política exterior de Gabriel Boric probablemente es uno de sus peores aspectos. Siempre ha tenido una postura más bien liberal y derechista incluso. Muy crítico de Venezuela, muy crítico también de Cuba en su momento. O sea, presionado más bien a tomar posiciones muy moderadas. Yo creo que sí se puede dar esa realineación de países que están con gobiernos progresistas, pero en un contexto muy distinto. Va a ser una Patria Grande, pero pobre. Con una crisis económica campante, con inflación en todos los países, con inestabilidad política. Además con una ultraderecha también articulada regionalmente, incluso con Vox en España o con Trump en Estados Unidos, y también más preparada. Por lo tanto va a ser un escenario sin dudas más difícil. Vamos a mirar los tiempos de Chávez, del ALBA, de esas articulaciones con una nostalgia, como si fueran tiempos dorados. Porque a todos los gobierno lo que les toca es administrar una crisis. Salga Boric, salga quien salga, va a ser difícil. Y el riesgo es alto, la apuesta es muy alta, es la de un gobierno de izquierda que sea capaz de sortear la crisis, de enfrentarla y por lo tanto de, por ejemplo, ofrecer políticas universales de programas sociales que estabilicen un poco la miseria en Chile. Que, por ejemplo, pueda enfrentar la impunidad en Derechos Humanos. Si no es capaz de hacerlo va a ser un gobierno derrotado y eso podría abrir el camino a un escenario horroroso, como ha pasado en otros países. Entonces la derrota de un gobierno de izquierda es lo peor que nos podría pasar. Por el contrario, si lo logra, va a poder alcanzar otro ciclo político y seguir avanzando”.

-¿Qué crees que es lo que viene en Chile después de estas elecciones?

“Por un lado, lo que viene es que sin dudas se va reordenar el escenario político, vamos a tener mucha más claridad. Hasta ahora, desde el 18 de octubre de 2019, hemos estado en un bruma muy difícil, una coyuntura muy aguda, muy intensa, sin poder leer muy bien qué es lo que va a pasar. Ahora se va a reordenar el escenario por lo menos para los próximos 4 años. Vamos a tener una claridad en el parlamento de si va a haber una mayoría de izquierda o antineoliberal, o no. Si gana Boric y hay un parlamento favorable no tendría ninguna excusa, como si las tuvo la Concertación, para poder hacer esos cambios. Y eso nos pone a los sectores de izquierda que no estamos en ese proceso del Frente Amplio, en una posición de saber cuál es la disposición que tenemos que tener con respecto al gobierno. Porque va a haber una confrontación permanente con la ultraderecha. Probablemente a los sectores de izquierda radical, de izquierda anticapitalista, nos va a tocar defender algunos elementos del gobierno de Gabriel Boric frente a estos ataques de la prensa y de la derecha. Y la disposición que tenga un gobierno de Boric con su parlamento o no va a ser importante para definir eso. Entonces un primer elemento es que se va a aclarar el cuadro político”.

La líder mapuche, Elisa Loncón, fue elegida para presidir la Convención Constitucional

¿Otro aspecto tiene que ver con lo que ocurra con la Convención Constitucional?

“El segundo elemento es que vamos a ver qué es lo que pasa con la Convención Constitucional, es algo muy determinante. Yo creo que la nueva Constitución va a establecer los términos de una disputa política por las próximas décadas, más que resolver en lo inmediato algunas cosas, porque una nueva Constitución requiere ser implementada. Y ese proceso de implementación va a implicar una disputa de interpretaciones, de correlación de fuerzas para ver cuál es la interpretación que gana y por lo tanto nos va a disponer también a un escenario de implementación de avances en esa nueva Constitución. Eso yo creo que va ser lo más significativo para los sectores populares en términos de cambios duraderos. Y en tercer lugar, lo que yo creo que va ser una constante, que es la crisis social que se mantiene, que tiene que ver con la precarización de la vida y del empleo, que tiene que ver con la prisión política y la impunidad en relación a los derechos humanos, que es algo que los sectores que están en la política establecida en el parlamento lo ven con ojos más de oportunidad, que de convicción. Hay un proyecto de indulto para sacar a quienes son presos políticos, y se está decidiendo muy en función de la opinión pública. La derecha insiste con que eso es impunidad para los criminales, pero para los sectores populares eso significa que su propia gente salga de la cárcel. Va haber una tensión ahí sin duda. Y yo agregaría un último elemento, que tiene que ver con cuál va a ser la posición del gobierno respecto la autonomía y la autodeterminación del pueblo mapuche”.

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