El drama Garbarino, en La Plata: qué pasa con sus trabajadores

El grupo empresario, sumido en una profunda crisis, debe tres meses de salarios y aportes previsionales. Mientras aguardan una solución, los empleados se organizan para mantener sus puestos de trabajo. En esta nota, el testimonio de un vendedor de una sucursal del centro platense

Por Lautaro Castro

Es difícil imaginar una propaganda de Garbarino que no termine con el remate del locutor diciendo “Garantía de confianza”. Desde hace años, es la frase identitaria de la compañía. Sin embargo, lo que menos estarían encontrando por estas horas las y los 3.800 trabajadores del grupo empresario dueño de la tradicional cadena de electrodomésticos, la de informática Compumundo, negocios financieros y de viajes, entre otros rubros, son garantías. Y menos que menos confianza en la solución de un conflicto que, con el correr de las horas, se agrava cada vez más.

En un contexto de crisis marcado por una fuerte caída en las ventas producto de la pandemia y una deuda exorbitante a proveedores y otros que asciende a los $15.000 millones, hace tres meses que la empresa no paga sueldos ni aportes previsionales. El malestar de sus empleados se mezcla con incertidumbre, alimentada por el fantasma de un posible cierre definitivo de todas las sucursales del país.

Ariel Morosini tiene 37 años y hace 16 que se desempeña en el sector ventas de la sucursal de Garbarino de calle 47, entre 7 y 8, una de las dos que existen en La Plata, junto a la de 12, entre 56 y 57. A diferencia de lo que ocurre en otros locales de la cadena -donde las persianas están bajas desde hace días, o bien, los trabajadores decidieron tomar el lugar como una forma de salvaguardar los puestos de trabajo-, en nuestra ciudad funcionan con dotaciones mínimas de personal.  

“En nuestra sucursal, donde laburamos 30 personas, armaron burbujas de trabajo. Depende de cómo te toque, tenés que ir una o dos veces por semana. No más. Y el horario es muy reducido: de 10 a 15 hs. Los sábados ya no abre directamente. Esta directiva la bajó la empresa hace dos meses, siendo consciente de la falta de pago. Encima, la atención al público es limitadísima: tenemos muy poca mercadería para vender. Prácticamente venimos a poner la cara. Nada más”, cuenta Ariel.

El desabastecimiento general se da en el marco de la medida gremial que llevan adelante los más de 250 operarios que, nucleados en la Unión Obrero Metalúrgica (UOM), trabajan en las dos fábricas que Garbarino posee en Tierra del Fuego. Allí, donde las actividades están paralizadas desde hace dos meses, el reclamo también está relacionado con la regularización en el pago de los sueldos. 

A propósito del conflicto salarial que atraviesan, Morosini explica: “ Lo último que percibimos fueron $22.000 de la REPRO, hace dos meses. Toda plata del gobierno. De la empresa, nada. Desde abril que no desembolsan un peso. A eso se suma el aguinaldo y una parte del bono de fin de año que nunca terminaron de pagar. Incluso, hacen mal las liquidaciones y todos los meses tenemos que estar reclamando. Estamos re contra atrasados”.

Mantenerse unidos, pese a la incertidumbre

Ante este escenario, la comunicación con la empresa es nula. Lo único que prima son los rumores y trascendidos que, lejos de llevar tranquilidad, generan el efecto contrario: “El contacto más importante de la empresa que podemos llegar a tener es con el Gerente Regional, pero no baja información. Dice que no tiene idea, que no sabe. De ahí para arriba no sabemos más nada. Todo lo que hay son comentarios de pasillo. Pero oficial de la empresa, nada. Es todo muy hermético”.

Pese al panorama poco claro, las y los trabajadores de las distintas sucursales se mantienen unidos y en plan de lucha. El contacto entre ellos es permanente y juntos organizan acciones concretas. Por caso, el lunes pasado unas 500 personas movilizaron a Plaza de Mayo para entregar un petitorio en Casa Rosada. Luego cortaron la Avenida 9 de Julio, a modo de protesta.

Mientras tanto, las autoridades de la empresa están a la búsqueda de nuevos inversores para recuperarla, sin éxito por el momento. Su presidente es Carlos Rosales, dueño del grupo asegurador Prof, actual dirigente de San Lorenzo y ex funcionario durante la gobernación de Daniel Scioli en la Provincia de Buenos Aires. 

Rosales adquirió la totalidad de la compañía a los dueños originales hace un año, poco después de iniciada la pandemia. Para entonces, la empresa ya venía arrastrando severos problemas de desabastecimiento. Tras un inicio de gestión que asomaba prometedor, con picos de facturación entre diciembre de 2020 y marzo de 2021, en los últimos meses hubo una recaída: “Se empezó a deberle cada vez más a los proveedores y comenzamos a tener problemas de stock”. Con el correr de las semanas, algunos locales de la firma empezaron a cerrar y, paralelamente, los sueldos dejaron de pagarse. Hoy, la situación es crítica. “Duele ver a la empresa así. Hubo malos manejos y, como todo mal manejo, siempre lo pagan los trabajadores”, dice Ariel.    

Por su parte, la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (Faecys) abrió la semana pasada un expediente en el Ministerio de Trabajo de la Nación a fin de aclarar la situación. Mediante una carta firmada por su secretario general, Armando Cavallieri, el gremio solicitó una audiencia urgente con la empresa, a instancias de la cartera laboral. Se aguardan novedades para los próximos días, aunque los tiempos apremian, fundamentalmente a los trabajadores, que hacen malabares para sobrevivir. 

A Ariel, esposo y padre de dos hijos, no le quedó otra que empezar a buscar nuevos horizontes, aún sin saber que será de su futuro en la empresa que ya se transformó en parte de su vida. Sus palabras, cargadas de sinceridad, tienen su espejo en otras 3.800 personas que -cómo él- todavía esperan una respuesta: “Estoy buscando trabajo, como la mayoría creo que también. Algunos zafan porque tienen ayuda en la familia, o la pareja trabaja y puede bancar. Otros hacen changuitas, de lo que sea. En general, estamos re contra endeudados. Uno viene con un gasto rutinario y, de golpe y porrazo, le cortan la canilla. Los gastos los seguís teniendo y, hasta que te acomodas medianamente, te endeudas. Más allá de todo, mantengo la esperanza de no perder la fuente de trabajo”.

Comentarios

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1 COMENTARIO

  1. Una verdadera vergüenza e insertidumbre no hay respuestas concretas sobre el futuro de 4000 trabajadores de Garbarino

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