Sabrina Ameghino: la historia de una remadora

Desde Misiones, la palista ensenadense cuenta su preparación para el próximo mundial de canotaje que se realizará en Portugal, y repasa una carrera llena de sacrificios

Por Ezequiel Franzino  

Si Sabrina Ameghino se colgase todas las medallas que lleva conseguidas en sus 24 años de carrera como deportista de elite, con semejante peso podría llegar a dañarse la cervical y el cuello. Para algún desprevenido que no la conozca, la ensenadense cosechó incontables preseas representando a nuestro país en canotaje, en Juegos Panamericanos y participó de los Juegos Olímpicos de Río 2016. Sin embargo nada de eso la conforma, y hoy a sus 38 años sigue remando como una piba de 20: por estos días se encuentra en Posadas, Misiones, donde se prepara para la próxima copa del mundo, que se llevará a cabo en Portugal durante el mes de agosto.

“Por mi edad, tal vez, ya me tendría que haber retirado, pero cada año me encuentro un poco mejor. Además del mundial, mi objetivo es poder estar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020”, cuenta Sabrina desde la provincia de la tierra colorada, donde viajó con la delegación argentina de canotaje en búsqueda de un clima favorable para poder entrenar en condiciones normales.  

Después del mal trago que dejó el mundial de fútbol de Rusia, y luego de que se conociera la millonaria rescisión del contrato de Sampaoli para que abandonara la dirección técnica de la Selección, los sacrificios que hace Sabrina Ameghino para defender los colores nacionales   ponen la piel de gallina. El presupuesto de las becas que recibe por parte de Nación y por el Enard en el último tiempo se achicó tres veces. Sin embargo ella siempre va para adelante: “No tengo sponsors, pero sí gente que me da una mano, como mi nutricionista, mi preparador físico, una marca de ropa de Mar del Plata y Farmacia Gatelli, de Ensenada. Si tuviéramos el 10% del presupuesto que maneja el fútbol, seríamos Gardel”, dice Sabrina.

Pero más allá de las condiciones desfavorables, y de tener que renunciar a pasar tiempo con Vera, su hija de 14 años, Sabrina siente que no podría dedicarse a otra cosa en la vida que no sea el canotaje. “El sentido de culpa me acompaña cuando me tengo que separar de ella, pero el deporte es mi trabajo y por suerte puedo vivir de lo que me apasiona. Creo que si tuviese que trabajar en una oficina o en una escuela no podría durar ni una semana”, jura Sabrina.

Los entrenamientos de esta deportista de alto rendimiento parecen todavía más sacrificados que los de Sylvester Stallone en la saga de Rocky: aunque no corra por la nieve, ni le pegue piñas a las reses de carne, Sabrina realiza una preparación diaria que incluye tres sesiones de remo en el agua durante una hora y media cada una, luego trote, otras dos horas y media de gimnasio y más tarde natación. Todo el tiempo está llevando su cuerpo al límite. “Estás prácticamente todo el día en el agua y no parás nunca de entrenar”, dice esta mujer de hierro.     

Pero Sabrina no reniega. Al contrario, siempre elige estar en el río: si no está entrenando en el Delta del Tigre con la delegación argentina, lo hace en el Club Náutico de Ensenada. Cuando no está ejercitando, dicta clases en la Escuela Municipal de Canotaje de Ensenada. “Es mi cable a tierra. Ante cualquier mambo que tengas, y así no tengas ganas de entrenar, el río siempre tiene paz para ofrecerte”.  

Con esa paz que el Río de la Plata le brinda, Sabrina logró sobreponerse a una de las mayores injusticias del canotaje nacional: en el año 2012, a pesar de haber conseguido las marcas necesarias para participar de la competencia, se le negó la posibilidad de viajar a los Juegos Olímpicos de Londres. Pero eso que parecía ser el final de su carrera, con su mentalidad resiliente, Sabrina lo convirtió en una oportunidad: cuatro años más tarde, haciendo lo que mejor sabe hacer en la vida, remando, tuvo su revancha en los Juegos de Río 2016, en donde desfiló en el Maracaná a la par del abanderado de la delegación, el basquetbolista Luis Scola y donde recibió la ovación del mundo entero. Ella asegura que junto con el nacimiento de su hija representó el momento más importante de su vida. Algo que a este ritmo, podrá repetir dentro de dos años, en la próxima cita olímpica.     

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