Caso Paula Macías, o cómo recuperar la voz en el encierro

Martín Videla fue detenido por orden de la Fiscalía N°7 en octubre de 2020 acusado de abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante y el 30 de diciembre la Cámara ratificó la preventiva negándole la domiciliaria. Paula se animó a hablar después de 20 años de sobrevivir a su ex pareja dentro de las cuatro paredes de su casa. Hoy cuenta su historia porque quiere justicia

Por Manuela Wilhelm (ANRed)

Una luchadora

Paula Macías se presenta a la entrevista tímida y ojerosa. Vino en taxi a La Plata desde la localidad vecina de Berisso porque no toma colectivos por miedo a lo que le pueda pasar. Ella junto a J, E y C el hijo más pequeño, viven en una casita con patio junto a sus gatitos desde que consiguieron escapar de esa convivencia hecha cárcel donde su ex pareja Martín Videla era el celador.

“Él fue desde siempre así, pasa que yo no tenía registrado que era así. Me llevó muchísimo, fueron más de 20 años de eso. Lo conocí a mis veintipico, 22 o 23 y ahora tengo 43 años. En ese momento yo escribía poesía y la conocí a su cuñada, desde que me junté dejé por completo la escritura. Me fui anulando en todo”.

Paula cuenta que al cabo de varios años de relación empiezan a convivir en una casa de Berisso porque él es oriundo de esa localidad, donde tiene una empresa de informática, ejerce la docencia y su familia es reconocida. Para entonces Paula ya se había graduado como profesora de inglés en la UNLP y comenzaba a ejercer como docente en primaria y secundaria. A sus 32 años tiene a su primer hijo, J , luego a E y después a C. Una de las escuelas donde ejerció fue el colegio Industrial donde ya trabajaba su pareja.

El recorrido que hizo hasta comenzar a hacerse preguntas acerca de si las situaciones violentas que atravesaba eran normales o no, fue largo y complejo. “Estuve muchísimo tiempo. Yo me aferré a la maternidad como para dejar lo otro de lado, porque pensé que era así, que no había otra opción, no veía lo de los nenes. Yo venía de una historia complicada de violencia familiar. Con esa sensación a cuestas no tenía parámetro, lo de él me parecía leve a comparación”.

El caso es paradigmático por el rápido avance en la causa que se abrió a partir de la denuncia de Paula, caratulada abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante. Las pericias corroboraron en los estudios psicológicos a Videla lo que Paula expuso y la fiscal Virginia Bravo de la Fiscalía N°7 de La Plata concluyó una decisión clave: la detención confirmada en primera instancia.

El punto de quiebre

“Yo perdí un embarazo. En ese contexto fue toda una cosa que me tomó muy por sorpresa y fue muy fuerte. Ahí es cuando sentí que no iba aguantar más. Pero porque se dio en un contexto muy difícil, que me cuesta explicarlo, venía de situaciones de violencia con él. Se dio una situación con él una noche y al día siguiente empecé con pérdidas. No me dejaba ir a la guardia”.

El aborto que le provoca Martín Videla sucede en mayo de 2018. Paula describe el momento en que, tras desobedecerlo llega al pasillo del hospital donde espera que la atiendan. “Miraba la gente alrededor y quería que alguien me abrazara, me llevara lejos de acá. Cuando me atendieron lloré con el obstetra de guardia. Ahí el ecógrafo me dice que tenía un hematoma debajo del saco gestacional, no se supo de qué, yo tampoco dije lo que había pasado. Me indicó que haga reposo que había chances de que se aferrara y que había que esperar”.

Cuando Paula volvió a su casa estuvo en reposo sin saber qué iba a pasar con su embarazo y mientras soportaba sin pausa el maltrato de Videla al mismo tiempo que continuaba a cargo de la crianza de sus tres hijos. Al décimo día llamó a su obstetra de cabecera y la internaron para hacerle un legrado. “Durante la internación ella logró encontrarme sola para decirme que vio cómo él me responsabilizaba por la pérdida del embarazo, que antes de entrar al quirófano me trataba mal, como que me lo hizo muy difícil y ella sabía cómo había pasado los diez días anteriores en mi casa sin saber exactamente qué pasó”, porque Paula no encontró la manera de decírselo. Sin embargo, fue la primera vez que alguien le dijo directamente que el trato de su pareja hacia ella era violento y estaba mal. “Ella me abrazó, lloré con ella. Después cuando la fui a ver en el control también me quebré y me dijo nadie te dice estas cosas y como que revisara lo que estaba pasando. Igual yo no le había contado nada. Ella detectó algo”.

“A partir de ahí volví a mi casa y se dio una situación muy difícil en seguida con pérdidas y todo. Y sentí que no iba a tolerar, me forzó a tener relaciones. A través de L., la administradora del grupo de maternidades me contacto con una psicóloga para pedirle ayuda por la pérdida gestacional. Yo trataba de generar cierto vínculo con la red aunque sea por whatsapp porque estaba muy sola. Pensaba: ¿Qué hago ahora? No hay retorno de una cosa así. Me sentía culpable y quería que nadie sepa y de hecho no dije por meses lo que había pasado en mi casa”.

Pero con ayuda de la terapia y también sesiones con una psiquiatra a Paula se le abre otro panorama, que ya no es el de aguantar las violencias por su familia, como si se tratara de un sacrificio, sino el de la posibilidad de salir de ese lugar. Para eso empieza a tratar de decir en voz alta todo lo que sufrió, lo que hasta el día de hoy se presenta como un desafío.  “A mí me empezaron a decir. Yo no lo decía pero porque yo no puedo nombrarlo, me refiero indirectamente, incluso con mi psicóloga no puedo hablar directo, no me sale decir”, explica. “Digo: ‘lo de la noche’. Ni en relación a mí ni a los nenes”. A partir de ahí empieza a darse cuenta que eso era un delito.

Paula dice que luego de denunciar a Martín Videla comenzó a tomar conciencia de lo que había ocasionado en sus hijos la exposición a esa violencia. “J se hizo pis en la cama hasta los 8 años, se encerraba en la pieza; después de irnos empezaron a saltar cosas en la escuela. Me pegaba, si se volcaba un vaso de jugo se ponía nervioso, lloraba”.

Paula conecta estas reacciones a muchas situaciones cotidianas. “Aquellas noches cuando él volvía a la casa y sentía el portón que se levantaba; y el ruido del auto, los nenes bloqueaban la puerta”, recuerda Paula. “Él los metía en el medio y les decía, cuando ellos pedían basta, que a mamá se la trata así para que entienda”.

Le pregunto cómo hacía para trabajar sumergida en tanta violencia. Ella me cuenta que llegó un momento en que no podía sostener la clase frente a los chicos e iba a la plaza. A veces llamaba a alguna amiga para que vaya a abrazarla.

“La psiquiatra cuando hizo una licencia para mi escuela puso que yo estaba con estrés post traumático suscitado por situaciones de violencias cotidianas. Yo le dije que era una locura. Le dije ¿es así? Me dijo no puedo no ponerlo. Y después ante la duda tenía esta confusión de si es así, porque de hecho sentía que yo provocaba eso. Entonces empecé a grabar algunas situaciones en casa. Y empezamos a trabajar en el tratamiento psiquiátrico la posibilidad de hacer una denuncia. Después empecé a recurrir a ella en emergencias porque se empezó a tornar peor. Yo le decía que no podía respirar, me agarraban ataques de pánico, él adelante de los nenes me contestaba te veo respirando. Yo la llamé un par de veces y me decía que tenía que llamar al 911. Empecé a llamar al 144 a preguntar si es normal. si no, tenía todavía esto en la cabeza de dudar si lo que él hacía estaba mal. Que él siga adelante si yo lloro y digo que no. Me amenazaba con decir que yo no podía cuidar los nenes. Si te vas no los ves nunca más voy a decir que los pones en riesgo. Tenía respuestas para todo”.

A partir de la pérdida del embarazo que le provocó Videla, Paula describe que la situación en la casa familiar se volvió insostenible para ella. Los nenes seguían sus actividades como fútbol y la escuela. “Estas ‘situaciones en la noche’ pasaban desde siempre, yo igual después tomé conciencia. Fue la primera vez en años que le dije que me sentía forzada y él me dijo que yo tenía un trauma con eso y que lo resolviera; que él no era un desconocido que venía de afuera. Que él tenía necesidades y que yo tenía que cumplir con eso. Me confundí y creí que era así pero bueno, después fui entendiendo que no era así”, dice Paula pensativa, y tras una pausa retoma: “Una de las primeras cosas cuando salí de ahí fue comprarme un pijama. No me dejaba usarlo. Él me planteaba que le estaba haciendo mal y tanto me decía esas cosas que yo me las creía, que hago que se enoje. Se empezó a poner muy fuera de sí”.

Era de noche y Paula no aguantó más. Grabó un archivo de audio de Martín al otro lado de la puerta. Entre otras cosas, le decía que él era así por culpa de ella. En ese refugio, contactó por whatsapp a la red de maternidades y consiguió el contacto de dos abogadas. Así Paula arregla con Marina Font y Fernanda Anaya una primera entrevista que concreta tras un acto escolar por el día de la familia. Les cuenta lo que está viviendo.

“Yo tenía miedo de lo que él podía hacerle a los nenes”, dice. Concretamente Paula quería saber si ella podía irse con ellos, cómo hacerlo y qué consecuencias tendría. “Las abogadas me dicen ‘esto está mal, no te pueden sacar a tus hijos, esto que hace tiene consecuencias para él, es un delito, vos no hiciste nada’. Y yo les pedía que me lo repitan porque no lo podía creer. Después de la denuncia en la comisaría donde me animé a contar solo un 10% de lo que me pasaba, les di a ellas como 18 audios de ‘situaciones’ para que presenten en la justicia”. Desde entonces, las dos abogadas representan legalmente a Paula. Por su parte, a Martín Videla en la causa penal lo representa Maximiliano Guerrero y en la causa en el Juzgado de Familia su abogada es Cecilia Inés Ábalos, quien fue la Directora de Políticas de Género del gremio docente universitario ADULP y actual Secretaria suplente de DDHH.

En la opinión de Marina Font los avances en la causa penal vinculados a la privación de la libertad de Martín Videla se vinculan con el valor del testimonio de Paula, la restante prueba testimonial y pericial, analizada desde una adecuada perspectiva de género. “Logramos un avance en la causa penal, que si bien esperábamos, en parte nos sorprende positivamente, pues sabemos que aunque los estándares promovidos son obligatorios en materia de género, muchas veces no son aplicados por los organismos jurisdiccionales, mas tratándose de casos de abuso sexual que ocurren en la intimidad y donde suele ponerse a discusión cuestiones relacionadas al ‘consentimiento’”.

Cronológicamente, las medidas que consiguieron a favor de Paula fueron: una restricción en favor de ella, otorgada por el Juzgado de Familia N° 5 de La Plata. Luego una restricción en favor de los nenes previo a negarle a Videla la revinculación, por parte del Juzgado de Familia N°6. Después, se ordena la detención de Videla y posteriormente la prisión preventiva. El 30 de diciembre de 2020 la cámara ratifica la prisión preventiva y le niega la domiciliaria.

Para Paula hablar con las abogadas fue clave para tomar la decisión de irse y denunciar lo sucedido, pero también tener a su red de amigas que aún sin poder contarles directamente lo que sufría por parte de Martín Videla dentro de aquellas cuatro paredes en Berisso, ellas tomaron conocimiento de la situación y prestaron su ayuda. “El apoyo de las abogadas y la red de amigas y compañeras de maternidades, y el sostén de mi psicóloga y psiquiatra fueron fundamentales para poder pedir ayuda y para poder tomar conciencia de lo que estaba pasando y pensar en la posibilidad de salir de esa situación. Terminé accionando porque me dieron la fuerza para saber que pasara lo que pasara no estaba sola”.

La noche que se encerró en el baño, Paula les dijo a sus compañeras que no aguantaba más y que se tenía que ir. Al día siguiente las chicas consiguieron que les den las llaves de un lugar, tenían un conocido en una inmobiliaria. “Fueron a limpiar porque la casa estaba desde cero, y yo pensaba eventualmente lo haré. Seguía con miedo por los nenes. Hasta que un día se dio una situación, me mareé, se me nubló la vista y me tuve que tirar en la cama porque me desmayaba, y él, enojado, dijo tengo que comprar algo y salió. Entonces la llamé a una amiga a la que había llamado varias veces cuando ya no daba más. Tenía pánico a que volviera. Ella entró y le dijo a los nenes vamos a salir a comer pizza, yo no atiné a agarrar los documentos y así como estaban subimos al auto. Sentí como si me estuviera escapando de una prisión, de una cárcel. Se cerró la puerta y me fui a encontrar con mis compañeras de la red, los chicos se quedaron con esta amiga en la casa y yo fui con C en brazos a hacer la denuncia. Estuvimos a la madrugada en la Comisaría de la Mujer de La Plata, yo tendría que haber hecho en Berisso pero tenía miedo que me salga a buscar. Que de hecho lo hizo. Yo pensaba me va a encontrar y me va a querer matar. No me va a dejar pasar algo así, es una cosa terrible lo que hice”.

Las llaves para encontrarse

Actualmente Paula Macías sigue de licencia por violencia de género y cría a sus tres hijos, que también están con tratamiento psicológico. Unos meses antes del inicio de la pandemia de Covid 19 comenzó a contar con la asistencia de un equipo de acompañantes terapéuticas. “Me ayudan con lo cotidiano que es nuevo para mí, esas pequeñas cosas que no tenía permitido; y aprender a salir a la calle sin miedo, a sentirme en derecho de hablar, de pedir, a recibir ayuda, a estudiar, cosa que recién puedo hacer ahora”.

Ella había estudiado puericultura y asistía en el proceso de lactancia a otras madres mientras C era bebé, pero siempre a escondidas de Martín Videla. “No me dejaba, decía que era perder el tiempo y descuidar a los nenes y a la casa”. Por eso lo interrumpió y lo terminó una vez que empezó su hogar. “Y empecé la Licenciatura en Obstetricia, algo que siento en mí como una forma de reparar y también acompañar amorosamente a otras mamás”.

Paula me cuenta que también le gusta pintar y me acuerdo de su imagen de whatsapp que me llamó la atención. Ella me muestra, es un cuadro que pintó: hay una nena durmiendo en el pasto junto a un conejito tapada por una frazada violeta. De su cabeza sale un brote verde y a su lado se lee “yo puedo” y un corazón. Pienso que la historia de Paula se narra en primera persona, inexorablemente. Nadie más puede narrar lo que ella pasó, y a la vez faltan tantas cosas por decir, por poner en palabras. Ella, consciente de eso, sigue una lucha por su historia, contra el olvido y el tiempo. Le cuesta asimilar que el hombre que la violentó durante 20 años esté preso y espera que permanezca detenido hasta el juicio. Ahora, es la justicia quien tiene en su poder que esta imagen de una Paula dormida plácidamente sea realidad o no.

Comentarios

- Advertisement -