Políticas de Género: el otro abandono de Carolina Píparo

La diputada provincial fue designada por Julio Garro en 2019 en la Secretaría de Asistencia a las Víctimas y Políticas de Género. Durante su gestión, las trabajadoras del área dedicada a la protección de las víctimas de violencia de género denunciaron falta de recursos, de diálogo, precarización laboral, intentos de despidos y de vaciamiento

Por Walter Amori

Cuando en la madrugada del primero de enero Juan Ignacio Buzali atropelló en La Plata a dos jóvenes que circulaban en moto y huyó junto a su esposa Carolina Píparo hacia Plaza Moreno, donde los esperaba el secretario de Seguridad local, Darío Ganduglia, el nombre de la diputada provincial se instaló en la agenda mediática del renovado 2021.

Por primera vez desde el trágico episodio de inseguridad que vivió hace diez años atrás y su posterior llegada a la política, se encontraba en un lugar incómodo para lo que era su imagen pública. Su calidad de víctima de un hecho delictivo y un mensaje vinculado a la mano dura y a la justicia por mano propia, coincidente con el discurso hegemónico de los medios de comunicación y de los sectores de poder, la habían ubicado en una posición desde la cual parecía incuestionable.

El abandono de las personas a las que Buzali había chocado, los relatos confusos y el presunto encubrimiento la colocaron por primera vez a Píparo en un lugar más cercano a la del victimario. Ese abandono fue el que llevó a los concejales del Frente de Todos a pedirle su renuncia al cargo que desempeña como Secretaria de Asistencia a las Víctimas y Políticas de Género.

Su tarea en ese espacio, en el que fue designada por el intendente Julio Garro en mayo de 2019, ya era más que cuestionable previo al hecho ocurrido hace una semana atrás, principalmente en el área vinculada a la asistencia y protección de las víctimas de violencia de género.

Sus trabajadoras denunciaron en reiteradas oportunidades la falta de recursos, los magros salarios, la precarización laboral, el intento de despidos como forma de disciplinamiento y la falta de diálogo con la funcionaria, entre otras cuestiones. Cuando Píparo asumió en ese organismo municipal había heredado algunas de las situaciones detalladas. Bajo su gestión no sólo no se solucionaron, sino que se profundizaron.

Carolina Píparo y Julio Garro, durante la incorporación a su gobierno

Desidia y vaciamiento

Apenas había pasado poco más un mes de la llegada de la diputada, el 30 de junio de 2019, cuando la trabajadoras de la Dirección de Políticas de Género y Diversidad (la cual había quedado bajo la órbita de la Secretaría de Asistencia a las Víctimas y Políticas de Género) se vieron obligadas a llevar adelante una jornada de protesta en 7 y 50 ante “la falta de recursos y una política pública real en relación a la violencia de género”.

“Nos encontramos ante la ausencia de recursos materiales y económicos. No hay trabajo para las mujeres, subsidios, cargas de sube, leche ni pañales”, indicaron en aquel momento por medio de un comunicado. Por otro lado, señalaron: “el salario que tenemos como trabajadoras se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Asimismo, continúa la precarización laboral con contratos que se renuevan cada tres meses y la desigualdad salarial entre trabajadoras que realizamos las mismas tareas”.

Ante la falta de respuestas de las autoridades del organismo, el 6 de agosto de ese año encabezaron una nueva protesta en la que denunciaron que “al Intendente Julio Garro no le interesa la situación de violencia de género de las mujeres de la ciudad de La Plata”.

“El hecho de que el pasado 3 de mayo se anunciara la incorporación de Carolina Píparo al gabinete municipal, a cargo de la nueva Secretaría de Asistencia a las Víctimas y Políticas de Género, tampoco generó ningún cambio en las condiciones de trabajo y en los recursos con los que cuenta el área”, manifestaron.

“Denunciamos públicamente el sistemático incumplimiento de acuerdos, la mentira constante y la falta de respuestas. Situación que muestra la desvalorización de nuestro trabajo como así también el desinterés por la situación que viven muchas mujeres”, aseguraron.

La situación se repitió el 30 de septiembre con una nueva manifestación en el centro de La Plata. Salarios por debajo de la línea de pobreza, contratos temporales, falta de insumos, ausencia de una mirada integral y reducción de equipos de trabajo fueron algunas de las situaciones que reflejaron en esa oportunidad.

A su vez, definieron la situación del Hogar de Protección Integral municipal como “de altísima gravedad”. Problemas edilicios, condiciones de falta de higiene extrema, escasez o ausencia de alimentos y recursos básicos para garantizar el funcionamiento cotidiano, y de medidas de seguridad ante el posible acercamiento de algún agresor, fueron algunas de las condiciones descriptas.

“En el Hogar se pierde muchísimo el trabajo contra la violencia de género cuando las mujeres no tienen para comer, o cuando están durmiendo entre cucarachas, o cuando un niño no tiene su medicación”, expresaron.

El punto más álgido del conflicto laboral se produjo el 2 de enero del 2020. La respuesta de Carolina Píparo ante las exigencias de las trabajadoras llegó de la manera más inesperada. Cinco trabajadoras recibieron telefónicamente la noticia de que se encontraban despedidas, en un claro intento de disciplinamiento frente a las reiteradas acciones de visibilización y las denuncias del vaciamiento de la secretaría.

“El 2 de enero se cumplió un año  de los despidos. La respuesta a los reclamos que nosotras veníamos llevando adelante fue despedir a trabajadoras de un área súper sensible. Ya venía siendo muy precarizada nuestra tarea pero ahí se profundiza”, señala a Pulso Noticias, Erica Piccone, delegada de ATE de la Junta Interna de Trabajadores/as Municipales.

“Nosotras siempre defendimos y argumentamos nuestra forma de trabajo, la importancia del equipo, de una supervisión externa, la necesidad de capacitaciones, entre otras cuestiones. Insistimos para tener una conversación con Carolina Píparo sobre el porqué de los despidos, pero no hubo respuestas. De hecho, la situación terminó con una conciliación obligatoria del Ministerio de Trabajo de la provincia. La responsabilidad municipal quedó bien clara, no iban a dar marcha atrás”, explica Piccone.

Más que una mala noche

En la misma línea, una semana antes de los intentos de despidos en la Secretaría a su cargo, la Municipalidad, por orden de Píparo, había resuelto dar de baja el subsidio que recibía la Casa María Pueblo de La Plata, espacio especializado en atención a víctimas de violencia de género con reconocimientos a nivel nacional e internacional.

Darío Witt, fundador de la ONG, así relató ese episodio a Pulso: “La señora Carolina Píparo, que no conocía la Casa María Pueblo, un 24 a  la noche, en Nochebuena, me envió un mensaje de WhatsApp en el que me dice que ‘la Municipalidad ha decidido dar por concluido el convenio’. Y como yo vengo de una familia peronista, lo cual no tiene nada que ver con el trabajo que uno hace porque cuando tenemos que ayudar a una víctima no le preguntamos el partido político, la señora nos dice que le vayamos a pedir ayuda al gobierno que ganó. Cuando le digo que estábamos pasando la Nochebuena en María Pueblo, me responde con un  mensaje en el que dice ‘cariños’, como gastándonos. Tenés que tener una mente sádica para hacer eso. Parecía que lo estaba disfrutando”.

“Lo que haría una persona normal es decir ‘hola Darío, me querría comunicar con ustedes entre Navidad y Año Nuevo, los convoco a una reunión…’, podés buscar las formas que se te ocurran. No nos conocía ni la cara la señora, la verdad que es algo bastante sádico y revanchista políticamente. Y a los pocos días me dijo que la responsabilidad no era de ella sino de Garro. Pero la que me mandó el mensaje en Nochebuena fue ella”, resalta Darío.

En la misma línea también se refiere a su desempeño a nivel municipal: “Es una persona que ocupa una Secretaría de Asistencia a las Víctimas y de Género, que no nunca se hizo presente en el lugar que ella dirigía. Las propias personas que ella echó no le conocían la cara. El regalo de Navidad para María Pueblo fue la quita de convenio y el regalo de Año Nuevo para las trabajadoras de la Secretaría fue echarlas”.

“Las víctimas necesitan concurrir a lugares donde sientan que se van a sentir atendidas, donde se les brinde tranquilidad, quien pide ayuda está en un momento crucial de su vida. Pero esa mujer no escucha a nadie. Es secretaria de Asistencia a las Víctimas y no paró a asistir a dos personas que atropelló su marido. No nos extraña lo que pasó, es lamentable. Le haría un bien a toda la comunidad dando un paso al costado. Este tipo de personas no ayudan en nada a las personas que sufren”, resume Witt.

El representante de la Casa María Pueblo junto a un grupo de familiares de víctimas de femicidios y organizaciones abocadas a la temática como Jorge Taddei y Beatríz Regal (papá y mamá de Wanda), Miguel Pereyra (papá de Marisol), Gustavo Melmann (papá de Natalia) y Carola Labrador (mamá de Candela), entre muchos otros, firmaron un comunicado pidiendo que deje su cargo de secretaria a nivel local, el cual cosechó miles de adhesiones de distintas partes del país.

Por su parte, Carola Labrador denunció en las últimas horas que allegados a Carolina Píparo la llamaron para que saliera a apoyarla en los medios.  “Con Píparo sólo compartimos que ambas perdimos un hijo pero ella lucró con esa muerte y yo no”, criticó Labrador en una nota brindada a Info Blanco sobre Negro.

“Esta mujer es nefasta, yo la apodé ‘Maléfica’ porque realmente lo es. El sólo hecho de pensar que atropellaron a una persona y no se bajaron a asistirla permite darse cuenta de que es un monstruo”, afirmó.

Las decisiones adoptadas por Píparo tanto a nivel municipal como en relación a la Casa María Pueblo se dieron en el marco de una Emergencia por violencia de género en la provincia de Buenos Aires, siendo la capital provincial el distrito bonaerense que más llamados registra pidiendo ayuda en la línea 144, según datos del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual.

Falta de diálogo y empatía

El panorama no fue más alentador en la Dirección de Políticas de Género platense con la llegada del aislamiento obligatorio a causa de la pandemia, dispuesto desde marzo pasado. Las situaciones conflictivas y la falta de recursos se mantuvieron y además tuvieron que hacer frente a nuevas necesidades de las mujeres que se encontraban en situaciones de vulneración más extremas. Al mismo tiempo, las trabajadoras del lugar tuvieron que adaptar su dinámica laboral a las nuevas condiciones y hasta se vieron obligadas a exigir los elementos básicos de higiene.

Protesta tras los intentos de despidos, en enero de 2020

“La situación de las mujeres  que acuden a la Dirección se vio agudizada. Se trabaja como se puede. En el último año lo único que se les ha otorgado a estas mujeres es un bolsón de alimentos, después no hay nada para poder sostener una intervención. Por otra parte no hay una coordinación efectiva con los que es provincia y nación para que lleguen los programas al municipio. Un programa que tarda cuatro meses en llegar, en la urgencia, no es una salida para estas mujeres”, detalla Erica Piccone.

Al consultar a la delegada gremial por la idoneidad de Píparo en materia de género, la misma indicó: “Ninguna de las funcionarias que han puesto en el último tiempo tienen formación en la temática de género. Y Carolina Píparo lo ha reconocido. Ella siempre hizo hincapié en que el cargo es ad honorem, claro, no puede ser diputada provincial y tener un salario como funcionaria en el Municipio, pero lo cierto es que sí tiene su responsabilidad política”.

“En la temática concreta no sabía ni como trabajábamos. Tuvimos que explicar por qué trabajábamos en dupla, qué era la violencia de género, por qué no trabajábamos con varones en el mismo espacio, cuestiones básicas. No había formación y lamentablemente poca escucha de los equipos de trabajo. Con nosotras mucha empatía y diálogo no hubo y la verdad es que vivimos situaciones complejas en términos de trato”, manifestó.

En tanto, respecto del escenario que esta semana puso a Píparo nuevamente en la agenda pública expresó: “Verla en una situación así nos preocupa, es una funcionaria pública, de alguna manera se deja ver un modo de actuar. También nos inquieta que pueda haber un encubrimiento de algo grave”.

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