Víctimas que buscan dar oportunidades para sanar

Sufrieron delitos y crímenes pero se organizaron para expresar otra visión sobre la justicia y la pena: promulgan encuentros restaurativos con los victimarios y la posibilidad de enseñar oficios, educación o “construir un puente donde parece que no hay nada”. Diana Márquez es coordinadora de Víctimas por la Paz y relató a Pulso Noticias esta historia.

Por Ramiro Laterza

Esa tarde de 2016, en Tandil, lo primero que pensó Sergio Núñez cuando se enteró que su hijo estaba internado por la paliza que le habían dado unos pibes del barrio, fue en hacer venganza, una vendetta a la altura de las circunstancias.

Sin embargo, su corazón le pidió a la cabeza pensarlo de nuevo. Salió de su casa, fue a buscar a los pibes del barrio y descubrió que eran menores de edad. Terminó armando un taller en su casa para invitarlos a aprender el oficio de bicicletero.

“Sergio es un hombre rudo, no es un intelectual”, expresa Diana relatando el caso del hombre que desde hace cuatro años lleva adelante un proyecto integral de solidaridad y de dar oportunidades a aquellos que no tuvieron opción. “Este caso es paradigmático porque tenés la recuperación de esos chicos y su relación con la sociedad, es sacar a esos pibes de la idea de que son unos monstruos… lo logró… como él mismo dice: ‘hice justicia por mano propia'”.

Diana Márquez también es oriunda de Tandil. Pero vive ya desde hace varios años en la ciudad de Necochea. Ella, junto a su pareja, Andrés Castagno, fueron amigos del fallecido Juez local Mario Juliano. Este hombre de la ley penal y de las maratones solidarias tuvo múltiples creaciones de reuniones, asociaciones y colectivos en pos de mejorar, en algún sentido, la justicia, la calidad de vida y la humanidad. Juliano fundó en 2016 el espacio “Víctimas por la Paz (VxP)”, en el marco de la Asociación Pensamiento Penal.

Apenas pasaron 2 meses del fallecimiento de este entrañable personaje de barba candado, pero el grupo sigue trabajando, haciendo llegar su voz lo más lejos posible, su particular mirada de víctimas de delitos.

Diana es la coordinadora del colectivo, distribuido en todo el país y en algunos países latinos. “No soy parte del primer grupo fundador… éramos amigos de Mario antes, con lo cual no ingresé inmediatamente a Víctimas por la Paz, aunque desde el primer momento estuve imbuida en lo que era y cómo se manejaba”, explica por teléfono desde Necochea para Pulso Noticias. Un delito sufrido mucho tiempo atrás le hizo ver que ella también poseía el espíritu y las convicciones para ser una Víctima por la Paz. “Solo tuve que madurar más porque, bueno, son procesos personales”.

Diana es abogada y dentro de la Justicia actúa como “mediadora”. Su especialidad es la resolución de conflictos, por eso su aporte fue muy importante al grupo y un tiempo después comenzó a coordinar. “Para un grupo donde todo el tiempo estamos con víctimas y ofensores, y todo lo que les ha sucedido, es muy interesante tener la mirada del mediador, esa visión sobre qué es lo que pasa con los conflictos, cómo se encaran, por qué pasan determinadas cosas”, explica aún genéricamente, entrando de a poco y sutilmente a la perspectiva de Víctimas por la Paz. “A mi rol me gusta más llamarlo “facilitadora del diálogo”, dice.

Constanza Setrini perdió a su hermano Julián de 20 años, apuñalado para robarle la mochila en Avellaneda. En una entrevista radial con Ale Bercovich, Coti expresó: “la pena de cárcel no es la única que puede funcionar como justicia… cuando leí la causa vi que la persona que mató a mi hermano no estaba escolarizada y había entrado dos veces a la cárcel… me di cuenta que no estaba funcionando la reinserción, sobre todo en las condiciones que están las cárceles, esta generó que se cometan delitos más graves”. Enseñanza de oficios, formación, educación, armado de cooperativas de trabajo, menciona como algunas propuestas.

“Coti es educadora, siempre lucha por analizar lo que pasa antes que un pibe te robe y te mate…todo lo que faltó de la educación, ni él ni sus padres tuvieron trabajo y todas las omisiones del estado, darte una vivienda digna”, agrega Diana sobre su compañera. “Entonces en Víctimas por la Paz nos apoyamos entre todos, de manera colectiva, aunque después tenemos objetivos individuales… somos víctimas que hemos tratado de hacer una transformación positiva a partir de lo que nos pasó, no quedarnos en la queja, en el punitivismo… llevar ideas para Diputados, para los presos, para la educación… decir y hacer”, concluye.

Un puente entre víctima y ofensor

Entre los distintos ejes en los que trabaja el equipo VxP, el más importante, sin duda, es el encuentro entre víctimas y victimarios, y la posibilidad de que ese encuentro sea reparador. “Han habido encuentros pero también a veces hay necesidad de un lado y no del otro… son procesos difíciles”, reitera la abogada y activista por la paz.

“Es el encuentro de dos mundos. Para empezar hay que construir un puente donde parece que no hay nada, aunque en realidad hay mucho, destruido: las personas, tanto las víctimas como los ofensores, son personas que han sufrido mucho, que tienen un montón de sentimientos, cada uno por su parte -muy negativos en general- la víctima con su círculo, sintiéndose muy vulnerable”, describe minuciosamente la tandilense que vive entre la playa, el río y el parque de Necochea.

Pero existe la otra parte, igual de importante: el ofensor: “en general tiene una dificultad para responsabilizarse sobre lo que ha hecho, para salir de las emociones de vergüenza, de culpa, pero que no puede trascender por la voz, digamos, no las puede decir”, explica Diana con mucho respeto por sus propias palabras, explicando algo tan sensible como la realidad misma. En un proceso penal tradicional la persona no confiesa normalmente el delito: “usualmente queda callada, no confiesa y después paga una culpa penal”, resume.

Pero, después de mucho trabajo, cautela, reuniones, llantos, fracasos e intentos, a veces sucede: “Los llamamos encuentros restaurativos, el ofensor tiene que responsabilizarse de lo que ha hecho y entender el daño que ha cometido (…) para llegar ahí hay todo un proceso muy largo, pero que siempre es muy interesante llegar, porque genera una persona nueva”.

Desde la posición de la víctima -prosigue Diana- necesita recuperarse, sanarse y le ayuda escuchar una verdad que pueda decirle el victimario, un relato cierto: “no hablo de pedir perdón porque eso es algo bastante personal y dar el perdón también es muy personal”. Estas difíciles situaciones se logran con trabajo y teniendo en cuenta algo clave: “no forzar nada”, ya que el encuentro restaurativo “es sumamente voluntario, a un nivel que muchas veces exaspera, pero es así como tiene que ser”, resalta la abogada.

La posibilidad de una Justicia que restaure

Toda la propuesta de Víctimas Por la Paz, con respecto al “enfoque restaurativo” exige de manera pausada pero constante, un cambio importante de la Justicia Penal. Y, durante estos 5 años de organización, Diana opina que esto está sucediendo en la justicia penal juvenil, la “justicia de menores”, tal como expresa la dialéctica policial, aunque, advierte que todavía hay que seguir trabajando.

La letrada enfatiza con mucha pasión al otro lado del teléfono que lo interesante de un enfoque restaurativo de la justicia es “pensar en que la víctima no se quede con que el victimario vaya 30 años a la cárcel, sino que también tienen que quedar restaurada a otros niveles”, introduce Diana Márquez, actual coordinadora general de Víctimas por la Paz: “Ya tenemos claro que la justicia, así como está, ha demostrado que le falta mucho para que tanto víctimas como ofensores queden un poco mejor de cara a continuar la vida, de cara al futuro”, explica con cautela.

Pero además desde Víctimas por la Paz conocen de estos cambios que se vienen generando en otros países -mencionan- como Australia o Nueva Zelanda. “Inclusive en el derecho indígena… hay muchos ejemplos de cómo se dieron casos concretos de justicia restaurativa”, menciona la entrevistada, y agrega: “Al fin y al cabo es hablar de igual a igual, es hablar entre pares y hacerle comprender a alguien el daño que ha causado para la víctima, para la sociedad… y es recomponer vínculos”, explica con sencillez.

Cómo se curan las heridas

En el proceso de profundización de la brecha entre ricos y pobres en nuestro país, de la desigualdad de oportunidades y la pobreza, se genera como desembocadura la constante la represión del Estado y el hacinamiento en las cárceles. Según el Informe Anual del Comité Provincial por la Memoria había, hasta inicios de este año, unas 51.000 personas detenidas en cárceles, alcaldías, comisarías y monitoreo electrónico, se alojaron en casi 21.000 plazas. La cifra se puede releer en este párrafo nuevamente para continuar con la nota.

La editorial de la CPM continúa analizando que “las condiciones de desigualdad creciente han incrementado el rol del estado penal sobre las poblaciones vulneradas por una organización económica y social dominada por la matriz neoliberal, y no fueron superadas por los gobiernos que se apartaron de este paradigma ordenador del conjunto de la vida social… orientada fundamentalmente a la persecución de delitos menores cometidos por los sectores sociales más vulnerados”, es decir, los pobres.

“Siempre digo que en el entramado social tenemos que caber todos. A las víctimas nos engañan mucho, pensando que el victimario va a la cárcel 50 años y ya está, ya me lo saqué de encima… y esto no es verdad”, comienza Diana a hablar desde sus entrañas mismas del dolor: “Entonces después vivimos toda la vida con la etiqueta de víctima, de victimario, sin poder superar determinadas cosas que creo que se superan poniendo un enfoque restaurativo, pudiendo responsabilizarse, pudiendo reparar la víctima, escuchándola, sus necesidades”, relata ya con conocimiento de causa…. “y también escuchando al victimario”.

Una cárcel con un Comité para resolver conflictos

Estos comités, donde se reúnen funcionarios de las cárceles y penitenciarios junto a personas privadas de la libertad, activistas de ONGs, psicólogos, asistentes sociales, religiosos, cooperativas, son otra las fantasías del derecho restaurativo que Mario Alberto Juliano construyó a fuerza de trabajo.

Fue el fallecido Juez, fundador de Víctimas por la Paz y de la Asociación Pensamiento Penal, quien logró que en todas las cárceles de la Provincia exista actualmente el Comité de Resolución de Conflictos, que empezó a gestarse en 2015 y desde el año pasado tiene una increíble experiencia en la cárcel de Batán, donde los internos y el susodicho -quien todos conocían como “Mario”- armaron un mundo distinto: estudios universitarios, talleres, huerta en el penal, buffet atendido por los propios privados de libertad, asambleas y otras experiencias que se pueden hallar en el grupo “Taller Solidario Liberté”.

Desde Víctimas de la Paz se trabaja en estos espacios y “lo hacemos porque a nosotros nos importa que esas personas que están en cárceles salgan con la herramientas de resolución de conflictos, con herramientas para superar violencias… porque si no, no lo vamos a superar más, porque en el fondo de todo esto es cuánta violencia podemos superar, cuánto podemos mejorar el entramado no violento y en la reincidencia también. Porque si lo que logramos es recrear lo que sucede cada vez que se entra a una cárcel y que se perfeccione el delito, no estamos logrando nada”.

Ponerse a disposición para que suceda

Desde Víctimas por la Paz se trabajó para la Ley de Víctimas de la Provincia, sancionada en Septiembre que, entre otras cosas, busca garantizar el acompañamiento a las familias en el ejercicio de sus derechos a partir del fortalecimiento del patrocinio jurídico gratuito. También Vxp participó de la Primera jornada sobre Seguridad Vial en Diputados “con otra mirada, acercando nuestro granito de arena sobre cómo vemos, nosotros como víctimas, la posibilidad de hacer otra cosa frente al delito”, explica Diana y agrega que “fue por eso que presentamos una nueva categoría llamada Culpa Temeraria, cuando se ha demostrado en la conducción vehicular un real desprecio por la vida humana”.

Y especificó: “Tener otra mirada -que no son ingenuas ni son de impunidad- sino que son miradas sobre la violencia y sobre lo que podemos empezar a solucionar a partir de nuestro lugar de haber sido víctimas”. Ya que el fundamento del colectivo siempre fue el de demostrar que a partir de ser víctimas se pueden hacer acciones positivas.

Así, de manera general, además de ayudar mucho a los victimarios en cárceles y de colaborar con una multiplicidad de emprendimientos colectivos, solidarios y personales, sucede el momento: “Cuando alguien nos llama por algún encuentro o de justicia restaurativa, nos ponemos a disposición y tenemos una red muy grande que nos ponemos a trabajar para lo que la víctima necesita, o de parte del victimario también”, describe sobre la metodología, como por ejemplo, el deseo del ofensor de hacerle llegar una carta a la víctima.

Como otro de los pilares fundamentales Diana agrega que “Nunca se revictimiza a la víctima”, como un juego de palabras clave: “Nunca nos olvidamos de ese cuidado, el paso a paso que quiere la víctima… porque la idea no es hacer sentir mal de nuevo a nadie, sino sanar”.

El 15 de abril del 2015 se incendió un galpón en la ciudad de Quequén, cuyo puerto agroexportador separa esta ciudad con Necochea. Allí se almacenaba Phostoxin, un fosfuro de aluminio que se utiliza para fumigar barcos y silos y que se activa con el agua. “Por una serie encadenada de hechos desafortunados, como por ejemplo que los desagües pluviales estuvieran conectados a las cloacas del barrio, sucedió que los vapores venenosos que debía llevarse la red de desagües, llegaran a la habitación donde dormía Melisa Núñez”, relata Diana, intervino como facilitadora en el juicio realizado. Esta joven de 19 años, oriunda de Corrientes, falleció poco después en el Hospital de Necochea víctima de este veneno.

Tras 3 años de juicio y la intervención de Víctimas Por la Paz, los hermanos propietarios del lugar, de apellido Cañada se reunieron con la mamá de Melisa y en el estrado se reconocieron como únicos responsables de lo que había pasado pero que “no habían tenido la intención de matar a nadie y que no sabían que podían provocar ese desastre”.

El día de la sentencia Mercedes expresó al portal Noticias de Necochea (NdeN): “Vengo a finalizar una etapa, esta es la forma de buscar justicia para que esto no vuelva a suceder en Necochea ni Quequén, que se tenga otro tipo de valores, y que no haya otro derrame tóxico ni otro depósito de productos prohibidos”. Desde Corrientes había viajado hasta Necochea por el fallecimiento de Melisa y, un año antes, había perdido otro hijo de 22 años en un accidente de moto.

A Graciela Barrera de Uruguay le mataron al hijo. Hoy es diputada nacional del “paisito”. Su actitud fue la de visitar las cárceles, entrevistarse con los internos y contarles todo lo que había pasado, cómo lo extrañaba y cómo se había destruido su familia. “Los internos la empezaron a querer un montón y a reflexionar sobre su propio accionar… ellos no eran los victimarios de Graciela, pero todo eso hace un movimiento de reflexión, que es lo que estamos queriendo lograr al fin y al cabo”, relata Diana.

En La Plata también tenemos un caso. Se trata de Pablo “Colo” Pérez, reconocido activista solidario de la ciudad. Su padre había sido asesinado en el barrio El Dique en un robo. Más de 10 años después, Pablo pateaba ese barrio donando ropa en una jornada solidaria y las casualidades hicieron que esas camperas que le iba a regalar a una familia desposeída, era la hermana de aquel agresor. El Colo no se reunió con el asesino de su padre sin embargo es otra víctima por la paz, y pasa su vida activando solidaridad en la ciudad. Su última aparición mediática fue el cartel que dejó en la puerta del espacio comunitario que participa: “Acá no llamamos a la policía, acá tratamos de ayudarte. Danos el arma y te pagamos el valor. Te ofrecemos un curso gratuito de capacitación laboral”.

Víctimas por la Paz tiene su propio libro que relata cada caso. Se publicó a fines del 2019 y se pudo presentar en Necochea y Tandil pero la pandemia detuvo la gira. “Es un libro que se merecía lo presencial, a pesar de que pudimos hacer buenas cosas en la virtualidad, pero son historias desgarradoras, no son fáciles de contar en un zoom como si fuera un cuentito… pero relatan cómo esa persona pudo transformar… son historias dolorosisimas pero también muy sanadoras”. Victimasporlapaz.org es el portal donde se encuentra más información y contacto.

Alcohol al volante, picadas de autos, robos, rugbiers, “quien mata tiene que morir”, “a vos porque no te pasó nunca”, el sistema, los medios, la cultura generalmente nos lleva al morbo, a la venganza, al punitivismo. Para concluir, Diana reconoce que se trata de “un tema súper sensible, todos los días aparecen en la tele, pero lo nuestro no es el efectivismo de la primera plana, sino que es un trabajo más consistente, sólido y que tiene que ver con algo del mediano y largo plazo, queremos generar cambios profundos y creemos que nuestra voz como víctimas es interesante, me pasó a mí, no me lo está contando nadie… no es una autoridad moral pero sí queremos que nos respeten que tenemos otra mirada, no todas las víctimas pedimos lo mismo”.

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