Anaclararte: el inmenso recorrido artístico de una platense

Para las notas de fin de año, desde Pulso Noticias entrevistamos a Ana Clara Peés, nacida y criada en City Bell. Del maquillaje artístico a la murga, de la escuela pedagógica al Teatro Colón, del medio ambiente al feminismo, de La Plata al mundo

Por Ramiro Laterza

¿Cuál es la importancia del arte y la cultura en nuestra sociedad? ¿Cómo detenemos la destrucción del planeta? ¿Cuál puede ser el recorrido artístico y profesional de una mujer de 35 años nacida en City Bell?

Ana Clara Peés es diseñadora, maquilladora, vestuarista, murguera, feminista, entre otras características. Su recorrido pedagógico, artístico, cultural, callejero y político reúne prácticas que reflejan un sector político de La Plata. También los recorridos de una cultura alternativa y crítica de la que usualmente no se habla en las oficinas del municipio, pero que genera la riqueza simbólica de la ciudad.

“Anita” nació en el hospital de Gonnet. Su mamá y su papá la estimularon desde chica con el arte. Fue al Instituto Themis Speroni: una escuela “pedagógica”, una institución que propone una educación integral basada en la pedagogía Waldorf y Montessori: “Esto quiere decir que todas las materias abordadas en esta escuela son acompañadas integralmente con el arte”, nos cuenta ella en el comienzo de la entrevista con Pulso Noticias. Entonces, desde matemáticas, cocina, hasta huerta, todo está acompañado con danza, baile, música, pinturas, bordados. También -recuerda con orgullo- “caminatas y recreos largos donde podíamos recrearnos o jugar en el parque, subir árboles, hacer nuestra propia huerta, incursionar en plantas, animales”, describe, encomendada a poder resumir su vida recorriendo tiempos, espacios y decisiones.

“La verdad es que eso estimuló muchísimo mi vida. Fui -a dicha particular institución- desde los tres hasta los dieciocho años”. En Argentina hay alrededor de 40 escuelas de este tipo. “Conocí otras en el país y generamos redes, desde el amor y desde el arte”, recuerda sobre sus años de adolescencia. “Actualmente trabajo en estas escuelas y apoyo este tipo de educación que no es valorada nacionalmente”, agradece y expresa críticamente.

Su familia, durante esos años, también la llevaba a obras teatrales infantiles, Ana iba a talleres de plástica, de cerámica, entre otras cosas: “Siempre tuve conexión con el teatro, agradezco muchísimo a mi familia por el apoyo que me dieron a mí y a mi hermano”.

Pasada esa hermosa niñez y la primaria, ella también transcurrió la secundaria en la institución “pedagógica”, épocas donde comenzó a participar de grupos y colectivos artísticos y activistas en toda la zona norte de la ciudad: City Bell, Villa Elisa y Gonnet. Allí conoció un espacio para desplegar el arte pero desde un nuevo lugar, la calle: empezó a participar de la murga del barrio, desde donde se organizó el Festival de arte en la Calle, que se generó durante unos siete años consecutivos en esta zona norte de la ciudad, generando una red propia de artistas locales y callejeros.

En ese contexto Ana Clara terminó el secundario y para la nueva etapa “no sabía bien qué hacer, como la mayoría de las personas a los 18… me dejé llevar por lo que más me gustaba, el arte, pero también me gustaba muchísimo la funcionalidad de los objetos y de las cosas”, entonces se anotó en una carrera que parecía integrarlo todo: Diseño Industrial en la Facultad de Artes, UNLP…

¿Cómo seguirá la vida de esta egresada del colegio pedagógico y murguera de City Bell? ¿Qué futuro le tendrá preparada la ciudad y el mundo para desarrollar sus deseos y arte? ¿Cómo son las características de la carrera de Diseño industrial?

Todo se transforma

“La carrera me dio muchísimo conocimiento respecto a los materiales, a saber cómo manipular, cómo trabajar mediante la industria y la producción en serie”, comenzó a explicar “Anita”. “Se enseña algo que no es artesanal, algo que no es una pieza única, sino que seriada… es que así funciona un poco el mundo respecto al diseño y así las multinacionales y capitalistas tratan de vender los productos que se rompan, no tengan cambio y puedas comprar otro nuevo”, explica y agrega que eso la hizo ver que no quería terminar trabajando en una empresa de este estilo. Finalmente terminó la carrera, pero “un poco desilusionada con el mundo”, resumió respecto a las crisis y contradicciones de una carrera universitaria.

“Yo era bastante chica, pero con un montón de conciencia respecto a la ecología, eso me dio muchísimo de sabiduría respecto a cómo trabajar con los materiales que tenemos a mano: madera, plástico, cerámica, vidrio, todo tipo de cartón y demás”, describió y resumió: “Pude ver que más allá de cuando se rompe o cuando algo no sirve más, puede reutilizarse transformándose en otra cosa”. Empezó así a relacionar la herramienta del diseño industrial, con la eco sustentabilidad: “Eso hizo un poco que me terminara enojando también con las propuestas de los profesores en ese momento”. Hoy, aseguró, la carrera cambió para bien, pero aquello fue alrededor del 2008 donde los diseños que proponían para la tesis y el final de la carrera eran, nada más y nada menos, sobre un cajero automático.

Eso fue un quiebre, allí reconoció que la carrera no era para ella y decidió volver a conectarse con su origen: la calle. Para eso, nada mejor que una actividad cultural emergente: el teatro comunitario. Ana Clara ingresó a uno de los pioneros, La Caterva, de City Bell. “Encontré un montón de gente queriendo decir un montón de cosas”, recordó.

¿Qué le puede aportar el teatro a una murguera y diseñadora? O mejor aún, ¿Qué le aportará Ana al teatro?

Respuesta: el trabajo colectivo

Ana Clara había encontrado sus pasiones en la murga y el teatro, pero siempre relacionado con la practicidad: pintaba los instrumentos, maquillaba a las murgueras, hacía las banderas, los disfraces de la comparsa. Con esa experiencia fue que intentó una nueva carrera relacionada a todo esto. Sin saber muy bien de qué se trataba, entró en la carrera de Maquillaje Artístico en la Escuela de Teatro: “Me encontré un mundo maravilloso, que también era integral, una escuela que me hizo acordar a la mía donde todo estaba integrado con la escenografía, la iluminación, los actores, el maquillaje y el vestuario y que nos recibíamos juntes haciendo una obra de teatro en conjunto”.

Terminó Maquillaje en 3 años y con uno más finalizó también como Vestuarista: “Me encantó e hizo que entrara en el mundo del teatro y en el mundo del trabajo colectivo más en profundidad, como forma profesional”. Pero…

¿Habrá otros caminos del arte para transitar en la vida de Anita? ¿De qué modo relacionará su pasión por los colores y la representación dramática con las ganas de cambiar el mundo? ¿Cuántos nuevos mundos se pueden conocer en el mundo?

De pronto, un amigo, una invitación disparatada de anotarse para ser becada en el teatro más importante del país. “Había muy pocas vacantes para el ingreso a la carrera de Caracterizador Teatral en el Teatro Colón, y ¡quedé!”, prosigue relatando Ana a Pulso Noticias, agradecida por la invitación a la entrevista. Fueron dos años y un montón de conocimientos nuevos, sobretodo relacionados directamente a la Ópera: “Me abrió un mundo nuevo respecto a los tiempos, al modo profesional de tratar de poner una peluca, en hacer un cambio en dos minutos, de que no haya ningún error en escena… además conocí a un grupo maravilloso de personas, cantantes, artistas de otro ámbito que es Capital”, reconoció Anita, quien se crió y nació en toda la zona norte de La Plata, camino Belgrano y los caminos hacia la Universidad y la escuela de Teatro. Pero no todo termina ahí…

La formación y la experiencia en el Teatro Colón abrieron muchas puertas. Comenzó a ser maquilladora de la Compañía Itinerante Teatral de Teatro de La Plata. Así siguió trabajando en ópera pero en La Plata y cada tanto vuelve a ser convocada desde el Colón para pasantías: “Está buenísimo porque yo amo La Plata y amo City Bell, si bien está cerca de Capital, ese no es un lugar que elijo para vivir… prefiero la tranquilidad de City Bell y el contacto con la naturaleza que tenemos acá”, resalta respecto a la histórica localidad rodeada de árboles y casaquintas.

Todos los que hablan de la ciudad de La Plata resaltan su diversidad cultural, pero hay muchas formas de entender el concepto y llevarlo a la práctica: existe la cultura para pocos, la cultura para muchos, el arte para la mera contemplación o un arte que promueva nuevas y mejores formas de vida.

“La Plata es un lugar cultural muy rico, sobre todo de artistas locales y los que vienen de afuera. También hay centros culturales que me han abierto la puerta para hacer un montón de actividades artísticas de las cuales estoy muy feliz por ello, y que han hecho que yo crezca”, agradece con compromiso. “Por otro lado, la murga me ha dado un montón en La Plata; es un grupo que ha luchado por el feriado del carnaval, hizo que el Encuentro Nacional de Murgas haya apoyado la Marcha Carnavalera por veintitrés años”, resumió y comenzó a mostrar la relación entre ciertas expresiones artísticas y la lucha: “Fue un trabajo colectivo de poder organizar una marcha para pedir un derecho que había sido quitado por la dictadura militar… el derecho a festejar y salir a la calle”, recuerda de aquellos años, y sabe que aunque este año la murga se vio un poco parada por la pandemia, queda mucho por delante.

Ahora vamos conociendo un poco más a Ana Clara Peés y recorriendo sus mundos y nuevas experiencias pero ¿cómo relacionar el maquillaje, la murga con el cambio social? En un mundo como este, ¿cómo luchar con alegría y esperanza?

Pinta tu aldea y pintarás el mundo

“El maquillaje entró como una excusa para poder vincularme mostrando un lenguaje distinto, pero con un montón de contenido social y que es parte de nuestra cultura”, logra resumir tras haber contado cómo fue llegando a esta necesidad de expresar su compromiso social con el ambiente a través de un lenguaje artístico. “Es la rama del arte que más me movió el mundo y la cabeza, el maquillaje, el movimiento, el baile…. y la verdad es que la murga me ha marcado muchísimo… yo creo que la murga en sí despertó todo esto y que también tiene que ver con mi familia, de haberme apoyado y haberme enviado a una escuela tan maravillosa como la que fui”, empieza a balancear Anita, uniendo todos los puntos.

Ella, además de estas participaciones y trabajos artísticos, también se dedica a la docencia. “Trato de que la educación tenga que ver mucho con el arte, me di cuenta que es parte mía también poder utilizar esa herramienta artística como para demostrar ciertas problemáticas mundiales y sociales”, relató.

Recordó así que aprendió con la murga tener una expresión de alegría pero que lucha y que da voz a cuestiones que se ven bastante tristes y difíciles de transitar. “Entonces yo con el maquillaje y los body painting se me ha dado mucho eso también: la gente puede observar con alegría y fascinación y hermosura y le encanta, y a la vez estoy transmitiendo algo… si bien no es una charla, no es un sermón que muchas veces la gente está cansada de poder observar las realidades un poco con tristeza y obviamente que tienen todo el derecho del mundo, el arte ayuda muchas veces a verlo desde otro punto y también transmitir esperanza. Mi idea también es eso, poder transmitir un poco de satisfacción, de gusto y de disfrute”.

Experiencia mundial con los cuerpos

“Tenemos derecho al placer y a observar un cuerpo desnudo también. Eso rompe un montón de esquemas culturales de otros lados”, expresa Ana Clara entrando al mundo del body painting. La semana pasada ella y otra artista platense fueron parte del Festival internacional de esta disciplina, tal como expresó esta nota.

Aún con hambre de experimentar y conocer más y nuevos mundos, Ana tuvo la oportunidad de conocer Colombia, Panamá, Uruguay, India y Turquía. Allí entendió que en Latinoamérica los cuerpos gozan de mayor libertad, “aunque hay zonas -del cuerpo- que obviamente no podemos mostrar como acá en La Plata -apunta y dispara- que nos ha pasado de tener los limitantes con la Municipalidad, de no poder hacer la exposición totalmente de cuerpos libres”. Pero asegura que hay un poco más de libertad que en Turquía y en la India donde “no tuve allí la posibilidad de maquillarme más que las manos y un poco el rostro, ya que si mostraba el pelo o los hombros, o tenía un short o pollera, no podía ni salir a la calle”.

Entonces allí valoró el concepto de libertad “más allá de las creencias y respeto por todas estas culturas”, y agregó que donde esa libertad aun no es posible hay que “seguir luchando y hacer posible que el arte sea una herramienta, un camino a un mensaje hacia un mundo mejor”.

Por eso, actualmente, agradece la expresión corporal que le permite el body painting y el maquillaje “por llevar a personas a la calle y poder demostrar, ya sea con performances, por artistas, por algún algún tipo de espectáculo, algún mensaje que nos haga sentir un poco mejor y mejorar el mundo por las situaciones en que vivimos”, expresa esta gran artista.

Durante los meses de pandemia Ana pintó unos 72 maquillajes en su propio rostro, en relación con diferentes efemérides relacionadas generalmente con el cuidado del medioambiente. “Quise demostrar que hay días que recordar y en este contexto de pandemia nos hemos encerrado muchísimo, literalmente, en nuestras casas, sin salir, entonces sobretodo poder ver que hay días que son importantes, porque durante el encierro está ocurriendo un ecocidio”, denunció. “Hay injusticias sociales que se vieron acalladas y este año no pudieron ser muy visibilizadas”, explica.

Así, Ana tomó el maquillaje como una herramienta para poder demostrar distintas problemáticas, transmitirlas y dar a conocer la conmemoración en ciertos días: “Yo también he aprendido un montón, he buscado, por qué la UNESCO, por qué la ONU reivindica ciertos días, por qué tenemos en Argentina días nacionales… y la verdad que me ha ayudado un montón, a ver y a cuidar un poco el océano, el mar, el aire puro, la tierra, el derecho a tener una tierra, a poder cultivar y a poder tener nuestro propio alimento”, relató cómo algunas de sus reivindicaciones más importantes.

Ana Clara comenzó a incursionar durante los últimos tiempos en el maquillaje natural. Cuenta que se lo enseñó una amiga “que es una maestra” y que empezó a producir sus propios maquillajes con plantas.

También Peés agradeció la potencia que otorgan las redes sociales, por donde ella puede expresar este trabajo: “Generaron empatía y difusión sobre estas cuestiones, me han acompañado muchísimo, he tenido vínculos con Esquel y su lucha contra la megaminería, Misiones, Córdoba, Perú”, cuenta demostrando su llegada internacional con el maquillaje artístico y político.

Como otro de los viajes con fuerte aprendizaje político, relató que el año pasado estuvo en el Amazonas, justo cuando hubo un inmenso incendio. “La verdad que después de lo que estamos viviendo este año es muy triste todo lo que se ha generado, la cantidad de especies de árboles, de vidas, de animales que hemos perdido y que muchas personas todavía no somos conscientes del grave error que estamos viviendo”, dice pero resaltando la importancia de estas redes internacionales respecto a que las mismas problemáticas “pasan acá y al otro lado del mundo”.

Cambia lo superficial y cambia también lo profundo

Para finalizar con la entrevista y el hermoso relato de vida, Ana Clara destacó que a partir de este 2020 tan difícil, “ha comenzado un cambio muy grande en donde hay decisiones políticas,  personales y colectivas que tenemos que ser conscientes para cambiar”.

“No es una pavada que tengamos el mundo prendido en llamas en una pandemia. Y cada producto que consumimos es una decisión política, tenemos que hacernos cargo de que todos nuestros actos son decisiones y que pueden afectar a la persona de al lado, y que no somos la única especie en el mundo” explicó y agregó que apuesta a un mundo que respete todas las vidas: “por eso trato de mejorar día a día, de difundir más allá del arte, ser un ejemplo respecto a consumir productos agroecológicos” mencionando los de la UTT; también de llevar los residuos a los puntos azules del grupo de Cartoneros de La Plata, de realizar eco botellas, eco ladrillos, y “tener conciencia de que todo lo que se compra, me tengo que hacer cargo de qué hago con esa basura”.

Otra de las temáticas que la atraviesa es el feminismo. “Es una ola que arrancó hace muchísimos años, antes de que yo naciera obviamente, pero que en los últimos años estuvo en boga, la sororidad con compañeras y el poder transmitirnos nuestros saberes”, resume.

“Todavía no es tarde, estamos a tiempo de poder elegir estas cuestiones, estas políticas que nos ayudan a cambiar un poco el mundo”, concluye.

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