A un año de la muerte del cura Lorenzo, hoy Sidders reza en prisión

Mientras aún se investiga el presunto “suicidio” del excapellán penitenciario, el Arzobispado de La Plata se vuelve a sacudir con el caso del cura abusador Raúl Sidders. De Aguer a Tucho Fernández, las sotanas de la capital bonaerense no descansan en paz

Por Estefanía Velo y Daniel Satur*

Es difícil asegurar qué temas protagonizan por estas horas las cavilaciones del cura Raúl Sidders, mientras mira las paredes de su celda en la Alcaldía Roberto Pettinato de La Plata. Seguramente la ansiedad lo hace pensar en la posibilidad de obtener la prisión domiciliaria, que sus abogados ya pidieron al juez Carlos Crispo con la excusa de que la salud del sacerdote está maltrecha por carencia de vitamina B12. El juez aceptó, pero su fallo aún no está firme. Todavía debe esperar tras las rejas.

Quizás también esté pensando por estas horas en su viejo conocido y “colega” (curas, capellanes y abusadores de jóvenes) Eduardo Lorenzo. Hoy se cumple justamente un año de que Lorenzo apareciera muerto, con un tiro en el pecho en una pieza de la sede de Cáritas La Plata. Horas antes, la jueza Marcela Garmendia había ordenado su detención en el marco de una causa por abusos sexuales agravados y corrupción de menores. Los mismos cargos que pesan hoy sobre Sidders.  

Un año atrás, mientras los diarios anunciaban la muerte de Lorenzo, Sidders estaba preparando los diplomas de las niñas y niños del colegio San Vicente de Paul, donde fue mandamás por casi dos décadas. ¿Se le habrá cruzado entonces por la cabeza, mientras preparaba sus sotanas para las misas de fin de año, que él podría seguir los pasos de Lorenzo, si no muerto al menos preso? ¿Habrá pensado cuánto podría “salvarlo” el hecho de haber convivido por diez años con monseñor Aguer? ¿O que la directora general del Instituto, “Maruca” Cabrera -secretaria personal de Aguer y hoy de Tucho Fernández– activaría sus lazos para protegerlo? 

El arzobispo emérito Héctor Aguer junto al cura denunciado por abusos sexuales, Eduardo Lorenzo

“Ahora que Lorenzo está muerto, muchos descansan en paz”, dijo a estes cronistas hace un año el abogado Juan Pablo Gallego, representante de la querella contra el excapellán del Servicio Penitenciario Bonaerense. Mientras, el arzobispo Víctor “Tucho” Fernández y su auxiliar Alberto Bochatey, máximas autoridades eclesiásticas de La Plata, ajustaban los detalles para sacar el cuerpo de Cáritas y hacerle el funeral con una misa homenaje (como si la víctima de todo hubiera sido él). 

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La muerte violenta de Lorenzo condensó un largo 2019: comenzó con el cura totalmente impune y haciendo de las suyas en Gonnet y terminó con una orden de detención luego de que las pericias confirmaran que su personalidad psicópata y perversa era compatible con el criminal que describieron sus denunciantes. 

El año pasado, lo que había sucedido en una década se precipitó en meses, semanas, días. Lorenzo había sido denunciado penalmente en 2008 por los padrinos de León, un adolescente que describió vejaciones de las más diversas ocurridas durante los dos años previos en la parroquia Inmaculada Madre de Dios de Gonnet. Tanto fueron sus tormentos que tras el veloz archivo de la causa por parte de la fiscal Ana Medina, el joven tardó diez años para volver a poner en palabras lo sufrido y enfrentar a la “santísima trinidad” de la Iglesia católica, el Poder Judicial y funcionarios políticos.

El juez Alfredo Villata junto al cura Eduardo Lorenzo. Foto: La Izquierda Diario | Pulso Noticias

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León y sus padrinos, Julio Frutos y Adriana Lara, lograron hacer que Medina desarchivara la causa luego de que el doctor Gallego (que venía de meter preso al cura Julio Grassi) aceptara el patrocinio. El 21 de marzo se reabrió la investigación. Tres días después, el 24, el caso ya era noticia y monseñor Fernández no tuvo mejor idea que ir hasta la parroquia de Gonnet, compartir una misa y fotografiarse con Lorenzo, mostrando ante los fieles (“confundidos” por los comentarios del barrio) su pleno apoyo institucional al entonces capellán general del SPB.

Pero luego vendrían más testimonios, de víctimas de Lorenzo pero también de quienes sufrieron otros ataques de su parte. Hasta incluso miembros de la Iglesia decían que a León había que creerle, que no era un “pibito” que se había enojado con el cura y había inventado una fábula, -como decía el propio acusado-. Y así avanzaron los meses, los testimonios, las pruebas. Como también el encubrimiento del Arzobispado, negándose a colaborar con la querella y la fiscal y saliendo hasta donde pudo en defensa del cura pedófilo. 

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Cercado de acusaciones, Lorenzo ya no podía ser protegido por su sotana. Primero, el Arzobispado acordó con el Ministerio de Justicia provincial licenciarlo de su cargo en el Servicio Penitenciario. Luego, tras un escrache popular frente a la parroquia de Gonnet donde gobernó once años, decidieron sacarlo también de allí. Para mediados de noviembre ya había sido “aislado” en la sede central de Cáritas La Plata de 4 entre 49 y 50.

Quizás pensando en pasar una larga temporada recluido, el Arzobispado le armó una “suite” en la vieja casona del centro platense, tal como se lo confirmaron a quienes suscriben las mismas autoridades de Cáritas y como lo fotografiamos en una de sus salidas de paseo. A un año del fin de esa corta estadía de Lorenzo en la suite, ¿estará pensando el cura Sidders qué suite le tiene preparada el Arzobispado o ya arregló con Tucho transitar la domiciliaria en la casa de su hermana, en Pilar?

El 25 de julio de 2019 estes cronistas mantuvieron una extensa conversación filmada con Lorenzo. El cura aceptaba someterse a las preguntas de quienes habían sido acusades penalmente por él mismo de difamarlo e injuriarlo. Era una tarde fría y tormentosa en Gonnet. Nos recibió con la parroquia vacía, abierta de par en par y con una sola luz encendida. Durante las casi tres horas de entrevista, el psicópata y perverso mostró a pleno sus mentiras encofradas, sus actitudes violentas y sus vanas intimidaciones. 

Lorenzo habló largo y tendido. Respondió todas las preguntas, hasta contó anécdotas con otros sacerdotes amigos, “que tienen sus historias”, según la particular definición que usó para nombrar a Rubén Marchioni, a Fernando García Enríquez, a Néstor Sestakauskas y al propio Sidders.

Causal de muerte

A un año de haber sido encontrado sin vida con un disparo en el pecho, la causa por averiguación de causal de muerte de Lorenzo sigue abierta en la UFI 1 de La Plata, a cargo de la propia Ana Medina (casualidades de la vida, estaba de turno la noche del 16 de diciembre).

El cuerpo fue encontrado en el piso del dormitorio, con un agujero en la zona pectoral, sangre y un viejo pistolón calibre 32 a su lado. Los primeros en ver el cadáver fueron los abogados Gascón Coty (Alfredo y su hijo), los mismos con los que el cura mantuvo su última comunicación telefónica. Luego llegarían a la escena del crimen la Policía Bonaerense, la fiscal Medina, el arzobispo Fernández y el obispo auxiliar Bochatey.

Eduardo Lorenzo junto a monseñor Víctor “Tucho” Fernández

Sobre la mesa de la habitación, una nota esperaba ser leída con atención. Allí negaba todas las acusaciones contra él y denunciaba una gran confabulación para liquidarlo. Al final decía: “Todos mis bienes quedarán para mi médico y amigo personal Maximiliano Egea”. Según informaron fuentes judiciales a este medio, la pericia caligráfica determinó que la nota fue escrita de puño y letra por Lorenzo. Pero el expediente por averiguación de causales de muerte sigue abierto.

El abogado Gallego hoy patrocina a Rocío, la denunciante de Raúl Sidders. Consultado por este medio sobre el aniversario de la muerte de Lorenzo, aseguró que “es una muerte que –si ocurrió- no termina de resultar clara. Al momento de conocerse el pedido de detención el Arzobispado lo tenía aislado en Cáritas. Casualmente, al llegar las fuerzas policiales allí estaba también el Arzobispo”.

El letrado no puede dejar de hacer conexiones entre quienes integran una misma “sucursal” de Iglesia. “Al disponerse la detención de Sidders, éste estaba aislado por (el exobispo auxiliar de La Plata Nicolás Baisi, en una residencia que el Arzobispado de Puerto Iguazú tiene en Andresito, Misiones, una zona selvática inaccesible. Puerto Iguazú se transformó en una sucursal del Reino de Aguer y parece claro que ningún convocado por la justicia puede declarar o entregarse o morir, si no es con la venia de la superioridad”, concluyó.

Raúl Sidders seguramente recordará hoy a su conocido “colega” Eduardo Lorenzo. A diferencia del difunto, él no apareció muerto antes de ser esposado y trasladado a una dependencia carcelaria. Él se entregó por propia voluntad, viajando desde Misiones a La Plata y presentándose ante el fiscal Álvaro Garganta. Se ajustó a derecho, como se dice. Tal vez su declaración indagatoria (de la que hablaremos en un próximo artículo) haya servido para “acomodar” algunas piezas y ahora solo esté esperando el momento del juicio en alguna “suite” pactada con la “santísima trinidad” que todo lo arregla. Algo que Lorenzo no quiso, no supo o no pudo conseguir. La historia continua, el silencio se empieza a romper,

*Una producción de La Izquierda Diario y Pulso Noticias

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