Cárceles bonaerenses: “Se busca un orden a través de un cogobierno”

Pulso Noticias dialogó con Matías Romano, una persona privada de su libertad que sufrió múltiples ataques y torturas en la última represión cometida por el Servicio Penitenciario Bonaerense. Leé el mensaje que le envía al ministro de Justicia bonaerense Julio Alak y a las autoridades provinciales

Por Estefanía Velo

Matías Romano tiene 40 años, cuatro hijes y estuvo cuatro años en el pabellón universitario de la Unidad N° 9 de La Plata, hasta que el pasado 31 de octubre fue trasladado de manera injusta y violenta a la Unidad N° 28 de Magdalena. Allí estuvo casi un mes en buzón, sin poder acceder a sus estudios, hasta que lo llevaron a la Unidad N° 1 de Olmos.         

Los reclamos y la represión dentro del Servicio Penitenciario Bonaerense no son nada nuevo. Hace un año atrás, cuando asumió Axel Kicillof a la gobernación, había masivas protestas principalmente por el hacinamiento en el que viven. Este año la pandemia agudizó aún más esos problemas que muchas veces intentan taparse: la falta de atención médica, la falta de higiene y las morigeraciones de las penas fueron las reivindicaciones más importantes de este 2020.

Tras la suspensión de visitas por la COVID-19 y un amague por parte de las autoridades de reabrirlas, el último fin de semana de octubre se desató una feroz represión por parte del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) dentro de varias unidades penales. La represión fue la respuesta a las protestas que exigían la habilitación de las visitas. “Estábamos preparados esperando que llegue nuestra familia, lo más importante que tenemos, y ese mismo día nos avisaron que no las iban a habilitar”, cuenta Matías a Pulso Noticias.

La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) denunció torturas, uso ilegal de armas, represalias y hasta la quema de aulas universitarias por parte del Servicio Penitenciario durante ese fin de semana. El 20 de noviembre elevó un informe a las autoridades provinciales donde reportó que durante los días de la represión y los posteriores presentaron 1.580 habeas corpus individuales y 21 acciones de carácter colectivo, por lo que se estima que esa cantidad de personas fueron torturadas.

Reclamo de familiares en la Unidad 9. Foto Archivo: Nicolás Braicovich (Pulso Noticias)

Matías Romano es estudiante universitario de la carrera de Derecho, de Periodismo y de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Conocé a través de sus palabras lo que sucedió aquel día de octubre y qué análisis fue construyendo desde adentro de la cárcel.

¿Qué pasó ese fin de semana de octubre en el que reclamaban las visitas y fueron brutalmente reprimidos?

M.R.: Ese fin de semana todos esperaban visitas porque las autoridades penitenciarias ya habían aclarado que comenzaba el ingreso de las visitas. Muchas familias se habían preparado, muchos ya habían comprado lo que iban a compartir. Muchos esperanzados y esperanzadas esperaban ese momento alegremente después de la pandemia y de tantas situaciones vejatorias, como por ejemplo no ser incorporados a las libertades en tiempo y forma. Al suspenderlas, provocaron una amargura de ambas partes.

Además se conjugaron muchas cuestiones que terminaron estallando en muchos de los reclamos extremos por parte de las personas privadas de su libertad ante el desconsuelo total de no tener nada: no hay libertades, no hay cambios de regímenes, no hubo asistencia médica durante la pandemia y encima se burlaron de lo único que faltaba, del vínculo familiar, de las visitas. Una de las cosas más sagradas para el privado de libertad.

¿Cómo fueron tus días y los de tus compañeros del pabellón universitario los días posteriores a la represión?

M.R.: Fuimos trasladados a diferentes unidades con medidas de seguridad emprendidas con un informe falso que nos encuadraba a nosotros como posibles líderes de un motín y de la toma de la cárcel que generaría peligro para el personal penitenciario y nuestros pares. Bajo ese supuesto justificaron todos los males y nos reprimieron.

En realidad fue por la capacidad de demanda, por las denuncias reiteradas ante los incumplimientos y las irregularidades del servicio penitenciario que se comporta de esta forma. La verdad que tienen actitudes y comportamientos mafiosos que están totalmente fuera de la ley, que nosotros comprendemos y entendemos como personas con conocimientos alcanzados por los estudios universitarios.

Quedé alojado en buzón, en huelga, porque fuimos víctimas de los despojos de nuestras pertenencias de forma ilegal. Lo denunciamos al jefe de requisa y al personal que nos hicieron firmar papeles en contra de nuestra voluntad. Adulteraron los informes médicos diciendo que no teníamos ninguna lesión cuando había personas totalmente lastimadas que habían sido golpeadas brutalmente. Eran muy obvios los golpes que omitieron los informes, todo tipo de maltratos y vejaciones que pasamos en este lugar.

A otros que salieron del Pabellón 4 fueron a la Unidad N° 1 de Olmos, les rompieron su computadora. A otro lo llevaron a la Unidad N° 35 (Magdalena) aislándolo, dejándolo por fuera de todo el circuito universitario impidiéndole que termine la carrera, tratándose de actos de disciplinamiento.

¿Creés que hubo un ataque direccionado hacia los estudiantes universitarios?, ¿por qué?

M.R.: Claramente hubo un ataque contra los estudiantes universitarios que quisieron canalizar de alguna forma este reclamo, o buscar que se escuche de forma legítima. Y en estas circunstancias me encuentro yo, dentro del Pabellón 4 de la Unidad N° 9 nosotros también quisimos traducir estos sucesos violentos, tratar de pacificar, de volcarlo jurídicamente e invocar a una mesa de diálogo en la que realmente nos hagamos responsables cada uno de la parte que nos toca dentro de este problema.

Nosotros, como privados de la libertad en representación de la población, nos hacemos cargo de la parte que nos ocupa para que podamos llegar a una conclusión y sea mucho mejor para toda la sociedad. El reclamo se lleva a través de la huelga que es una medida pacífica, legítima y no a través de la toma de medidas violentas y extremas que perjudican y no nos dejan salir del estereotipo. El poder siempre nos tiene de esa forma sometidos.

¿Cómo se resolvió esa situación post represión? ¿Se hizo presente algún funcionario del gobierno de la Provincia?

M.R.: Presentes se hicieron; resolver no se resolvió porque el sistema sigue igual y la impunidad se ha plasmado de tal manera que no han sido revertidos los traslados por ejemplo del Pabellón 4 de la Unidad N° 9, para los cuales no tienen justificación alguna, no hay nada que evidencie que ahí se cometió un acto de violencia. Sin embargo, no se ordenó el reintegro, no se anuló el informe, no se corrigió el personal penitenciario.

La presencia de los ministros existe, pero imposibilitados de todo poder ante el mecanismo y funcionalismo del ente penitenciario de estas conductas.

Reclamo de familiares en la Unidad 8, La Plata. Foto archivo: Nicolás Braicovich (Pulso Noticias)

Entonces planteas que el jefe máximo del Servicio Penitenciario Bonaerense, es decir la máxima autoridad del Ministerio de Justicia de la Provincia no puede resolver los problemas, ¿por qué creés que sucede esto en una institución con jerarquías bien establecidas?

M.R.: Desde mi lugar no se puede vislumbrar qué es lo que pasa. Uno piensa que, jerárquicamente, el ministerio tiene toda la autoridad para avanzar ante los atropellos de lo que hemos vivido, ante el despojo de nuestras pertenencias, torturas y demás, pero el ministerio no ha podido intervenir para que se retrotraiga esta medida.

Que se nos restaure al estado anterior al que nos encontrábamos: estudiando, cursando tres o cuatro materias, rindiendo libre de forma virtual, trabajando en el comité de resolución de conflictos, en los conversatorios por la paz social y justicia en las cárceles, buscando siempre expandir medidas pacificadoras hacia el resto de la población para poder llegar al diálogo y escapar de este sujeto violento en el que nos quieren colocar siempre para justificar todos sus males.

¿Cómo vivís esa violencia dentro del sistema penitenciario?

M.R.: Esto se ve claramente con la represión, con las medidas extremas que toman, porque desde los centros universitarios se nuclea la voz, es el bastión de resistencia, es aquello que no se coloca dentro del funcionalismo en el cual se quiere mantener la institución penitenciaria de alguna forma porque sabemos que no se cumple el fin de la ley.

Lo que se busca es un orden a través de un cogobierno y esto no está de acuerdo con que desde los centros universitarios se reclame el verdadero cumplimiento de la ley y se reclame al personal penitenciario el verdadero cumplimiento de las normas. Tampoco que se ejercite el reclamo de derecho, que esto se regularice, se blanquee y que cada uno se haga responsable de su parte y todos trabajemos en pos de un bienestar general. No quieren que se reclame.

Cuando uno se comporta civilizadamente dentro de un sistema que realmente está corrompido, lo que recibe son represalias de aquellos que no quieren volverse de los caminos que emprenden y satisfacen sus propios intereses. Eso se ve manifestado tal cual en las medidas represivas excesivas en el traslado de los chicos del Pabellón 4 de la Unidad N° 9 porque nosotros en ningún momento emprendimos ninguna medida violenta y salimos de traslado mediante un informe que justifica el traslado violento, donde nos redujeron a una cosa sistemáticamente durante largas horas sin saber qué iba a pasar con nosotros, haciendo recordar las prácticas militares y esto demuestra el grado de silenciamiento y de disciplinamiento ante cualquier medida legítima, pacífica y coherente.

Lo vemos también en los incendios de los centros universitarios, lo vemos también en la quema de los papeles de la oficina de judiciales llevada a cabo por personas privadas de la libertad, inclusive recibidas de abogados en la Unidad N° 9, en donde quemaron todos los papeles en símbolo de victoria. En contra de aquellos que se comportan conforme a la ley, que la respetan y que reclaman de acuerdo al derecho, lo que tendría que ser avalado realmente es reprimido, acallado y es incendiado para mostrar estas prácticas como un símbolo de disciplinamiento a la población.

¿Cómo está la situación actualmente dentro de las cárceles? ¿Comenzaron con las visitas?

M.R.: Realmente soluciones no ha habido. Si bien se ha regulado el protocolo de visitas, la cárcel sigue funcionando de la misma forma, sigue reproduciendo y va a seguir reproduciendo violencia de esta manera.

Se puede vislumbrar pequeñamente una movilidad en cuanto a la incorporación de regímenes, o en cuanto al traslado hacia unidades que son de régimen más laxo o atenuados a quienes se encontraban privados de su libertad.

Tiene que haber un cambio en el sistema. Si todo es lo mismo y no hay un sistema de incentivo para aquel que se esfuerza y demostrarle a aquel que no lo hace que ese es el camino, entonces la solución del problema no se va a dar.

Unidad 23 del Servicio Penitenciario Bonaerense (Florencio Varela). Foto: Gabriela Hernández

Con tu experiencia dentro de la Unidad N° 9, ¿qué análisis hacés sobre el sistema penitenciario actual y qué creés que debería modificarse?

M.R.: Tiene que haber un cambio de paradigma. Hoy nos encontramos con sistemas de represión y tortura que reflejan los vestigios de la era militar de nuestro país y que todavía están encarnados en las fuerzas penitenciarias.

Hay que atacar fuertemente a estos aspectos, porque todo golpe ya es tortura y maltrato, no hay ningún justificativo para que las personas, más allá de que cometan actos que transgredan las normas, sean maltratadas como lo fueron. Eso tiene que ser erradicado, porque eso es una cultura y es una cultura represiva que viola la ley y que sistemáticamente es impune, que genera violencia y la reproduce, así que creo que es un camino largo al andar.

¿Qué mensaje le enviás al ministro de Justicia bonaerense, Julio Alak?

M.R.: El mensaje al ministerio, y que ha sido manifestado ya, es que escuchen. Que ellos se comprometan realmente con el sistema y no apañen estas conductas porque no pretendemos el mal de nadie pero sí el bien de todos.

El malestar dentro de las cárceles es sistemático por el incumplimiento de las leyes y por la cultura represiva en la que está imbuido el aparato penitenciario como corporación. Si realmente queremos un cambio, tenemos que empezar por aquellos que están en los lugares de responsabilidad.

El aparato ejecutivo penitenciario necesita un cambio de paradigma, un cambio cultural, que realmente haya organismos de control y que el sistema de la progresividad de la pena funcione en los establecimientos y no paralelamente que se permite un cogobierno que genere corrupción porque eso no beneficia a la sociedad como tampoco a ninguna persona privada de su libertad. Porque muchos que realmente se esfuerzan para capacitarse y capitalizarse reciben represión y disciplinamiento y cercenamiento a todos sus esfuerzos.

Si no hay un verdadero compromiso de parte del ministerio para poner la verdad sobre la mesa y para empezar a trabajar concretamente en esto, no va a haber una solución posible, le van a mentir a la sociedad. La reincidencia va a seguir aumentando y la violencia se va a seguir reproduciendo.

Por último, ¿qué mirada tenés sobre el accionar del Poder Judicial?

M.R.: Necesitamos un compromiso por parte del Poder Judicial porque de la manera que lo están haciendo es coadyuvar a que la violencia se reproduzca y a que cada vez el sistema sea más corrupto y la violencia mayor aún, degradando los tejidos sociales porque se vuelven violentos e irracionales, propugnando venganza sin comprender que esta problemática tiene un trasfondo complejo y necesita que realmente nos aboquemos profundamente a los cambios que están en los detalles más que en las leyes. Porque desde el Congreso no se va a solucionar nada, acá tienen que tomar un verdadero compromiso sincero, honesto y cambiar lo que tiene que cambiar y dejar de garantizar la impunidad si quieren realmente un bien para toda la sociedad.

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