Control Urbano clausuró Laberinto Casa Club

Este viernes, personal de Control Urbano y la policía clausuraron Laberinto Casa Club bajo el argumento de que, pese a estar realizando una actividad bajo las medidas de cuidado y los protocolos vigentes, estaban incumpliendo las normas

Por: Radionauta FM

Desde el mes pasado, en la ciudad comenzaron a reabrirse actividades autorizadas por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Los bares funcionan tanto al aire libre como puertas adentro, en pleno centro y en la zona de diagonal 74.  

Este viernes, después de 8 meses, Laberinto Casa Club volvió a organizar una muestra de las clases de entrenamiento, cumpliendo todos los protocolos sanitarios vigentes. La policía y Control Urbano entraron violentamente a la casa y, sin motivos y sin una orden de un juez, clausurando el espacio. 

Cerca de las 20 y terminando la actividad, llegó un móvil de Control Urbano a la casa planteando que había una denuncia por ruidos molestos. Pidieron a quienes se encontraban ahí la documentación de habilitación física del lugar y amenazan con entrar, diciendo que si no los dejaban van a llamar a la policía. Desde la organización de Laberinto se les planteó que no es esa la forma en que debe proceder Control Urbano, desconociendo la lucha que llevan a cabo los espacios culturales platenses, cuya organización siempre propuso un canal para que las situaciones no se desarrollen de forma hostil. 

“Estas personas desconocían ese historial y siguieron amenazando con entrar. Les facilitamos la documentación en formato digital que requerían y nos ofrecimos a ir a buscarla en forma física. Después de una larga discusión, siguieron amenazando con entrar -lo cual no pueden hacer- y siguieron metiéndose en la casa generando una situación tensa. Plantearon irregularidades con el buffet, cuando la Ordenanza plantea que se puede tener un porcentaje del espacio destinado a un buffet. Nosotros conocemos la Ordenanza y estamos en regla. Después procedieron de manera irregular y, contrario al modo en que se maneja Control Urbano según lo estipulado y la forma habitual de proceder, les pedimos que se vayan porque no es esa la forma correcta de actuar, pero no nos permitieron la posibilidad de dialogar”, dijeron desde la organización del centro cultural. 

“Enseguida llegó un móvil policial y un inspector de control urbano que entró por la fuerza de manera violenta planteando cuestiones que no tienen nada que ver con el marco que nos da la posibilidad de funcionar con los derechos y exigencias de la ley que ‘regula’ a un espacio como el nuestro y dentro de este contexto. A partir de ahí se sucedieron situaciones irregulares y delirantes: plantearon que una botella de agua con una etiqueta de gin es una bebida alcohólica o que una bolsa de basura con latas es igual a que se venda alcohol en el espacio, cuando en el espacio no se encontró venta de alcohol. 

“Buscaban argumentos para demostrar que incumplíamos la habilitación del permiso ReBA. Revisaron matafuegos y protocolos de seguridad que tenemos en la casa y que están bien. Después inspeccionaron las habitaciones donde estaba la gente que había asistido a la actividad. Después de 3 horas de hostigamiento, nos labraron un acta en la que plantearon que la persona que firma es propietaria, lo cual es un error porque alquilamos el lugar y alegaron que estamos incumpliendo las normas de la cuarentena de la manera en que está planteada en este momento, lo cual también es un error. En el medio de la discusión habíamos ido a buscar la habilitación provisoria (en papel físico que reclamaban caprichosamente cuando las digitalizaciones hoy tienen la misma validez legal)  y se las mostramos, pero el acta la hicieron de la misma manera, sin tener en cuenta la predisposición por parte de la casa”, agregaron. 

Vecinocracia y disciplinamiento

Este año y  debido a la pandemia, Laberinto Casa Club, como muchos otros espacios culturales de la ciudad, detuvo la organización de distintas actividades culturales, sociales, talleres, muestras y eventos. Modificó su dinámica y funcionó, cumpliendo con los protocolos, como un espacio de organización solidaria para recibir y distribuir alimentos y productos de limpieza e higiene personal a los sectores sociales más golpeados por la cuarentena, como el colectivo travesti trans, que viene denunciando desde el inicio del ASPO múltiples violaciones a sus derechos: falta de acceso a los alimentos y ayuda económica y social  por no poder trabajar en pandemia, desalojos, falta de acceso a la atención de salud y medicamentos, así como también el incremento de ataques travaodiantes que se dieron en los últimos meses.

Laberinto es un espacio que se autogestiona y propone una organización solidaria y un espacio para que habiten las identidades sexuales disidentes. Tiene una proyección social y territorial, profundizada en la cuarentena en articulación con colectivos, como Venganza Afectiva, en coordinación con otros espacios culturales dentro de Fugitiva. En un contexto en que todos los espacios gastronómicos, culturales o de encuentro de la ciudad habitadas por una “normalidad” que no incomoda están funcionando a la vista de todos sin ninguna consecuencia, no se puede ver como casual el ensañamiento y la hostilidad con un espacio que busca una propuesta distinta y está habitado por identidades disidentes.  

Lo que ocurrió este viernes representa la forma en que los vecinos coordinan un operativo de vigilancia con el aval y en coordinación con las fuerzas represivas del Estado buscando disciplinar y amedrentar a los sectores históricamente vulnerados. Como recalcan desde el centro cultural: “Creemos que hay un estigma hacia estas identidades y que hay un canal que ha generado el Gobierno Municipal para que estas cosas tengan curso y que no hay una correlación con lo que planteamos hace unos años. Esto fue una práctica de hostigamiento, violencia y prepotencia y desconocimiento de parte del Inspector de Control Urbano, Bautista Edwin, quien no conocía la Ordenanza 11301 que regula los espacios culturales. Lo que observamos es un retorno de lo que sucedía hace unos años en contra de los espacios culturales y también es importante plantear que esto no le sucede a otros sectores que habitan parte de la ciudad. Esto les sucede a espacios que albergan identidades sexuales disidentes, a lesbianas, trans, travestis, putos, no binaries, marginades. Ya el espacio cultural como lo conocemos históricamente ha sido perseguido y estigmatizado.”

Esta clausura se da en el marco de la lucha contra el Código de Convivencia que impulsa el intendente Garro. Código que criminaliza el trabajo callejero, el arte, la cultura y a las disidencias sexuales. La clausura de Laberinto Casa Club no podemos leerla de manera aislada, es un combo que incluye armado de causa a la comunidad senegalesa, persecuciones a las juventudes que encuentran en el espacio público un lugar para expresarse, criminalización a las trabajadoras sexuales y manteras que encuentra en la calle su espacio de trabajo. 

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