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martes 18-06-2024

Trump va por más del “sueño americano”

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Si Ronald Reagan fue un mediocre actor que llegó a la presidencia de los EE.UU. por el partido Republicano en 1980 para comenzar lo que se llamaría la “Revolución Conservadora”, 40 años después el discurso de proclamación de la candidatura a la reelección de otro republicano, Donald Trump, parece salido de una película de Hollywood, pero no de las mejores

Por Adolfo Rocha

Desde el ala sur de la Casa Blanca, que evidentemente considera propia – aparentemente fue la primera vez que este edificio público se utiliza para un acto partidario – durante una alocución de 50 minutos transmitida en vivo, Trump, quien cultiva una gestualidad mussoliniana, desgranó los ejes argumentales de su campaña electoral, que son los mismos de su gobierno durante los últimos 4 años.

“Volver a hacer América grande” y el “Excepcionalismo Americano” condimentados con una abundante porción de macartismo son los ingredientes básicos de sus líneas argumentales.  Permanentes invocaciones a valores tradicionales como el amor, la unidad, la familia, el patriotismo,  menciones a Abraham Lincoln: el tono discursivo nos hacía evocar emisiones de “La familia Ingalls” y  westerns protagonizados por John Wayne.

Ante una audiencia de dirigentes y militantes predominantemente blanca – y sin barbijos-  se deshizo en elogios respecto de su modelo económico de rebaja de impuestos para los ricos y repatriación de capitales. Mencionó las “amenazas” que representan  China y la inmigración latinoamericana para la economía estadounidense, que pretende seguir combatiendo con las mismas recitas: proteccionismo y xenofobia.

Nombró  más de 40 veces a su rival demócrata, Joe Biden, siempre para asociarlo a la supuesta “izquierda radical” y el “anarquismo”, que, según Trump, están detrás de todas las movilizaciones e incidentes desatados durante los últimos meses a raíz de alevosos asesinatos de afroamericanos cometidos por integrantes de las policías de distintos Estados.

Realizó una defensa  elogiosa y cerrada del papel de las fuerzas de seguridad y de sus integrantes, mientras buscó asociar a Joe Biden y a todos los demócratas con la idea de desestabilización, desorden, caos y “socialismo”, en el marco de los levantamientos antirracistas que sacuden al país. Si no fuera porque esta línea discursiva plagada de mentiras es operativa, funciona para una franja importante de sus votantes, podríamos decir que ligar a  Biden con esos adjetivos suena a un mal chiste de kermese televisiva.

Afirmó que la comunidad afroamericana era profundamente afectada por esta ola de inseguridad y que la misma nunca había sido reivindicada tanto como durante su gobierno. Hizo centro en las cuestiones sociales, poniendo énfasis en lo que fue siempre su caballito de batalla: la generación de empleo. En los hechos, hasta la pandemia la desocupación era tan sólo del 3%, ahora saltó a más del 12%, ante lo que prometió generar 10 millones de puestos de trabajo,  para afirmar después que la vacuna estadounidense contra el coronavirus podría estar lista antes de fin de año.

Reivindicó su política para Medio Oriente, en el marco de la lucha contra todas las “amenazas terroristas”, junto con  la “Space Force”: Fuerza Espacial de los Estados Unidos,  propuesta y nombre que tiene un aire a llamada “Guerra de las Galaxias”, un sistema de dispositivos satelitales para defensa y ataque intercontinental que propuso Ronald Reagan en los años ’80 del siglo pasado.

En resumen, un compendio de nacionalismo,  militarismo, particularismo identitario cultural y racial, con un planteo social jerárquico y conservador, basado en la mitología de la “grandeza americana” que construyó primordialmente la industria del cine estadounidense, particularmente luego de la Segunda Guerra Mundial.

Una utopía claramente reaccionaria, ya que mira hacia el pasado, no hacia el futuro. Una realidad temible, con serias posibilidades de seguir siendo gobierno 4 años más.

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