Historias de vida detrás de la venta ambulante en La Plata

Las calles de la ciudad se llenan de cientos de vendedores ambulantes que tratan de ganarse la vida ofreciendo productos para la venta. Cómo es vivir entre la crítica de un sector de la sociedad y su necesidad de subsistir en medio de la crisis

Una de las postales que se detienen en las retinas de todos los ciudadanos, es el creciente fenómeno del comercio callejero, los manteros, la venta ambulante y las ferias ilegales, que asolan por las calles de las grandes ciudades del país y que sirven para contener una enorme masa laboral informal que no encuentra un trabajo en el mercado formal, y que debe recurrir a estos emprendimientos para subsistir en medio de la recesión y el estancamiento que sufre la Argentina.

En las últimas semanas en la ciudad de La Plata se pudieron ver decenas de operativos por parte de inspectores de la Secretaría de Control y Convivencia Ciudadana en conjunto con miembros de la Policía Bonaerense para combatir la presencia de vendedores ambulantes en la vía pública, lo que originó hechos de violencia como los que se pudieron ver con los senegaleses que ofrecen sus productos en el centro platense.

Un relevamiento efectuado por la Cámara Argentina de Comercio (CAC) en las urbes de más de 500.000 habitantes, entre ellas nuestra ciudad, indica que en el pasado mes de mayo el comercio ilegal de productos en suelo platense sufrió un descenso del 67% comparado con mismo mes de 2017, producto más que nada del accionar oficial para favorecer al comercio legal por sobre el ilegal que no paga impuestos ni alquileres para sostener sus negocios.

De acuerdo a las autoridades, la mayor parte de la mercadería que se vende en las calles tiene una procedencia irregular, con un origen en talleres clandestinos, piratas del asfalto o el contrabando, que no pasan por el circuito legal, y que terminan perjudicando a quienes están dentro de la ley y las normas. Pero como suele ocurrir cada vez que se da a conocer estos datos duros de la realidad, detrás de ellos hay algo oculto que vale la pena sacar a la luz y contar.

En primera persona

Para adentrarse mejor en esta situación que ha despertado la atención de la sociedad, Pulso Noticias charló con distintos vendedores ambulantes que ofrecen su mercadería en las calles platenses, para conocer sus historias de vida y que cuenten qué los ha llevado a optar por un trabajo que muchas veces chocando con lo que dicta la ley, lo que los lleva a tener constantes roces con las autoridades. Vale consignar que todos ellos prefirieron mantener el anonimato y no darse a conocer por fotos o nombres completos, por temor a sufrir represalias por parte de las autoridades.

Teresa M. de 24 años de edad, se viene casi todos los días en tren desde Wilde para vender ropa en los diferentes parajes que hay en la ciudad de La Plata. Principalmente el localizado en plaza San Martín frente a Gobernación, para vender la ropa nueva y usada que trae en dos bolsos, siempre acompañada por sus hijos Martín y Silvia de 2 y 3 años de edad.

Esta joven madre nacida en Corrientes, se vino hace 7 años a Buenos Aires para tentar la suerte y ver si podía salir de la pobreza en la que estaba sucumbida en la provincia mesopotámica, “a los pocos meses que llegué me casé con mi marido y formamos una familia. Él hace unos años trabajaba de ayudante en un supermercado, pero se enfermó y sufrió una parálisis parcial en una de sus piernas y no puede caminar ni hacer fuerza, lo que le impide conseguir un trabajo constante”.

En ese sentido, detalló que la venta ambulante que ella hace a diario “significa que la poca que saco yo con estas ventas que realizo tengo que mantener a mi familia, y si no es por la ayuda que nos dan en el barrio con la comida del comedor o porque los amigos también nos ayudan, llegar a fin de mes es muy difícil”.

Lo más grave para Teresa “son los controles a los que nos vemos expuestos en forma casi semanal por parte de la Policía y de los agentes de la municipalidad que nos vienen a tratar como si fuéramos delincuentes comunes que estamos matando a la gente. Queremos ganarnos la vida, no es posible que nos saquen la mercadería, que tengamos que pagar si la queremos recuperar en las comisarías y todo esas cosas que nos están haciendo en los últimos tiempos”.

Idéntica situación se encuentra viviendo Gustavo S. de 23 años, oriundo de la localidad de Berisso, quien le cuenta a Pulso Noticias que se viene todos los días al centro platense a recorrer por largas horas las calles de la ciudad para vender medias y ropa interior masculina. Con problemas de drogadicción que tuvo de joven que lo llevaron a estar casi un año internado para recuperarse de las mismas, esto le hace estar en constante tratamiento, lo que le impidió terminar la escuela secundaria y encontrar de esa manera un empleo de calidad.

Para el joven berissense, levantarse todos los días “es una lucha incesante, porque no sabemos qué nos va a pasar. A mi la Policía me ha incautado la mercadería ya en tres ocasiones en el último año, y a mí me cuesta ganar la plata para poder reponer las medias y los calzoncillos que vendo, complicándonos aún más la vida, por eso le huimos a la Policía, no porque tengamos nada que ocultar, sino porque nos sacan la mercadería o nos piden una coima para trabajar, sacándonos lo poco que podemos conseguir con las ventas”.

Esto ha llevado a que haya extremado la seguridad en la forma en que efectúa sus ventas. “Es tan indignante tener que estar mirando si viene la cana o no para desplegar el bolso con la mercadería. Nosotros no matamos a nadie ni cometemos ningún delito, solo queremos laburar tranquilos y si no les gusta lo que hacemos que nos den la posibilidad de conseguir un trabajo que nos sirva para mantenernos a nosotros y a nuestras familias”, sentencia Gustavo.

Un caso paradigmático vive Ricardo J. de 47 años, un vecino de la localidad de Lisandro Olmos, quien se viene todos los días al centro platense a extender los DVDs con los principales estrenos del cine. “Hace 4 años que estoy sin un laburo directo, lo que ha llevado a que me tenga que ganar la vida de la manera que pueda. Tengo 7 hijos, el más grande tiene 23 y la más chiquitita tiene 5, no puedo bajar los brazos, sino que tengo que juntar la plata para darles de comer y que no pasen necesidades”, le indicó a nuestro medio.

Ricardo relata que “nosotros para estar acá lamentablemente debemos dejar muchas veces una parte entre los policías para que nos dejen tranquilos y no se lleven la mercadería. Yo cuento esto, pero la verdad que si doy la cara tengo temor a que me pueda pasar algo, porque los agentes de tránsito o los oficiales nos conocen a todos, saben dónde vivimos, entonces es imposible que pueda mejorar nuestra actividad con esto detrás. Nos reprimen, nos piden coimas, nos sacan la mercadería, pero darnos un trabajo digno para todos nosotros, eso sí que jamás lo hacen quienes nos gobiernan”.

En otro apartado se encuentra Osvaldo R. de 31 años y vende todos los días en diferentes calles y reparticiones públicas pan casero relleno para ganarse la vida. Juninense de nacimiento y platense de adopción, hasta hace pocos meses atrás tenía un trabajo en un taller mecánico, pero la llegada de la crisis hizo que el dueño tuviera que “desprenderse” de sus servicios y se volcara a la venta callejera.

“Yo trabajaba de lunes a sábados 10 horas por día, pero mi jefe al no tener trabajo porque la gente trata de arreglarse ellos mismos los autos, me despidió y me las tuve que rebuscar como podía. No tengo estudios, no terminé la primaria, entonces la posibilidad de conseguir laburo se me complica más, por eso es que me las arreglo saliendo todos los días con la canasta en la bicicleta”, explica el muchacho que transita cuadras y cuadras platenses por día para ganarse su sustento.

Al revés de otros casos Osvaldo dice que nunca tuvo problemas con la Policía o los agentes del orden sino que por el contrario “siempre me he llevado muy bien y nunca vinieron a apretarme o algo por el estilo, como sí sé que les ha pasado a otra gente que vende en la calle. La realidad está dura, conseguir un trabajo es duro, más si no tenés educación como yo, pero es lo que hay y nos las tenemos que rebuscar con lo que tenemos”, sentenció.

Historias de vida que se repiten a diario en la ciudad de La Plata, con familias que deben subsistir con lo mínimo indispensable con lo poco que sacan de la venta ambulante, y que las autoridades políticas en vez de brindarles una respuesta a sus necesidades, los reprime atacando las consecuencias y no las causas de un fenómeno que se extiende con el crecimiento de la crisis económica y la falta de empleo genuino en la región.

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