Partidos históricos: Argentina – República Democrática Alemana

En esta entrega el partido correspondiente a la segunda fase del mundial Argentina 1982. Una camada que revolucionaría el vóley argentino. Un entrenador coreano que especificó un modo de preparación. Un joven Julio Velasco como asistente. El microestadio de Newell´s y el Luna Park colmados y cantos en contra del gobierno militar

Por Ricardo Baldoni

«La gente ya se iba de la cancha. Si perdíamos, íbamos a jugar del 9º al 12º puestos, en Catamarca. Desde ese partido quedó una frase que usamos hoy todavía: ‘Nos vamos a Catamarca‘ , para cuando algo sale mal». El relato que Eduardo Esteban Martínez brindó al diario La Nación tras cumplirse 25 años del bronce mundial, da cuenta de la importancia que adquirió la victoria frente a Alemania Oriental el 10 de octubre de 1982.

El mundial de vóley masculino 1982 se disputó en Argentina desde el 2 hasta el 15 de octubre. Allí la selección buscaba plasmar una idea de juego: Young Wan Sohn llegó al cargo de entrenador en 1975, como parte de un convenio entre Corea del Sur y la la Secretaría de Deporte de Argentina. Éste buscó formar un combinado de jugadores muy altos y muy jóvenes.

Impuso entrenamientos maratónicos -hasta seis horas seguidas-, de esa manera pretendía que sus dirigidos automaticen los gestos técnicos. Realizó una extensa preparación: se armaban con varios días de concentración donde llevó al equipo a Corea, China, Japón, Taiwan, Estados Unidos, Canadá, entre otros países, para adquirir roce internacional.

«Perdíamos, perdíamos y perdíamos», contó Hugo Conte en La Argentina Olímpica, un documental difundido por Canal Encuentro. «Sohn nos decía que pese a las derrotas había que seguir trabajando, que eramos jóvenes y que al Mundial íbamos a llegar bien. Le creímos». A falta de pocos meses para el comienzo de mundial realizaron una gira por Europa que duró 64 días y en la cual disputaron 48 partidos.

Como ayudante del técnico coreano, apareció un joven de 27 años recién egresado del Instituto Nacional de Educación Física que se desempeñaba como entrenador en Ferro, club donde obtuvo el torneo argentino de 1980 y 1981 y la medalla de plata en el torneo sudamericano. El joven, que jugó de chico en el Club Universitario de La Plata, era Julio Velasco y se desempeñaría junto con Martínez Granados como entrenadores asistentes.

La selección buscaba dar vuelta la página del vigesimosegundo puesto del mundial 1978. Y tenía con qué: una camada joven de voleibolistas asomaban con buenas participaciones en los torneos juveniles -campeón sudamericano 1980 y quinto puesto del mundial 1981- y buscaban dar el salto en la mayor. Hugo Conte, Waldo Kantor, Daniel Castellani, Raúl Quiroga, Esteban Martínez, Jon Uriarte, Alcides Cuminetti, Lenoardo Wiernes, Carlos Getzelevich eran parte de esa generación.

Y había llegado la hora del juego. Argentina disputó la primera ronda en Rosario, en el microestadio de Newell´s. En ese escenario compitió toda la primera ronda con un saldo de dos triunfos -Túnez y México- y una derrota -Japón-. En la siguiente fase, el seleccionado debía quedar entre los dos primeros del grupo G para acceder a semifinales.

Los primeros dos encuentros de la segunda fase fueron también en Rosario, con dos victorias muy disputadas ante Corea del Sur  y Canadá, ambos con marcador 3-2. De allí las acciones iban a cambiar de marco. De Rosario a Capital Federal: el nuevo escenario era el Luna Park y el rival era la República Democrática Alemana -tiempos donde persistía el muro de Berlín y la Alemania continuaba dividida luego de la división política post Segunda Guerra Mundial-.

El partido jugado el 10 de octubre fue un punto de quiebre para aquel grupo de jugadores que ambicionaban seguir con chances en el mundial. Alemania Oriental iba ganando 2-1 y tenía una ventaja de 14-11 en el tercer set -todos los parciales se disputaban a 15 puntos-. En caso de perder aquel partido, Argentina hubiera debido viajar a Catamarca a jugar a por el noveno puesto.

Sohn pidió tiempo muerto en ese momento decisivo del partido y realizó dos cambios: Uriarte por Wagenpfeil y Solari por Kantor.  «Entonces viene el saque de ellos, una mala recepción nuestra, la pelota parece que se va vendida al otro lado de la cancha, Gabriel -Solari- amaga recuperar esa pelota y a último momento saca la mano. El central rival se come el amago y ganamos el punto. Todos la llaman la Gran Weber, pero Solari se enoja porque dice que es la Gran Solari», recuerda Esteban Martínez, un integrante de aquel equipo.

Argentina logró dar vuelta ese cuarto parcial y en el quinto no iba a desaprovechar la chance de quedarse con el partido. El partido finalizó a la 1:30 de la mañana del 11 de octubre y resultó 3-2 con parciales de 7-15, 15-7, 8-15, 16-14 y 15-8, para alegría de las 15.000 personas que llenaron el Luna Park.

En ese mundial y en ese Luna Park, hubo cantos en contra de la dictadura militar que continuaba buscando en el deporte una base de sustentación como lo había hecho en el mundial de fútbol 1978. En un contexto de grave crisis política, económica y social, luego de Malvinas, el vóley argentino estaba gestando un motivo para que mucha gente, sea del ámbito deportivo o no, pudiese esbozar una alegría.

En ese mundial y en ese Luna Park, hubo cantos en contra de la dictadura militar que continuaba buscando en el deporte una base de sustentación como lo había hecho en el mundial de fútbol 1978. En un contexto de grave crisis política, económica y social, luego de Malvinas, el vóley argentino estaba gestando un motivo para que mucha gente, sea del ámbito deportivo o no, pudiese esbozar una alegría.

Fuentes: Diario Olé -Mauro Portela-, Diario La Nación -Ezequiel Fernandez Moores, FeVA, Julio Velasco 100 X 100 «El Gráfico». Fotos: Diario Clarín

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