Sanders se bajó, los demócratas vuelven a elegir candidato del establishment

El miércoles 8 abril, el senador por el estado de Vermont en Estados Unidos, Bernie Sanders, se bajó de su carrera presidencial diciendo que “no puede, en buena conciencia, seguir montando una campaña que no puede ganar y que interferiría con el importante trabajo que se requiere de todos en esta hora difícil”. Es así, que Joe Biden, ex vicepresidente en la era de Barack Obama, queda como único candidato de los demócratas para competir contra el presidente republicano Donald Trump en las elecciones de noviembre 2020

Por Lorena Mansilla*

Esta era la segunda vez que Sanders peleaba por la candidatura presidencial de los demócratas. En ambas oportunidades, el mismo partido le dio vuelta la cara. La primera vez, aunque Sanders presentaba muchas posibilidades de ganar la presidencia por ser una figura fuera del establishment, prefirieron a Hillary Clinton por su experiencia en la administración como Secretaria de Estado. Además, Clinton representaba una figura más acorde a los intereses de la cúpula del partido demócrata. Es decir, todo lo contrario a lo que los votantes esperaban en esas elecciones: un cambio en las desgastadas estructuras partidarias. Incluso gente que quería como presidente a Sanders, terminó votando a Trump por no representar la política tradicional. Y así es como Trump llegaba a la presidencia en 2016.

Este año, Sanders comenzó la carrera con una leve ventaja de popularidad, pero otra vez, no llegó. En primer lugar, cuando empezaron las elecciones a la interna del partido y Joe Biden ganó en Carolina del Sur, los otros precandidatos como Amy Klobuchar, conocida por no saber responder en una entrevista cuál era el nombre del presidente mexicano, Pete Buttigieg, el candidato millenial y abiertamente gay, y el multimillonario Mike Bloomberg, le dieron todo el apoyo y los votos a  Biden.

Otra pérdida de votos y de apoyo al senador de Vermont fue la presencia en la interna de la senadora de Massachusetts,  abogada y académica Elizabeth Warren, quien llevó adelante propuestas moderadamente progresistas como enfrentar la crisis climática, reducir los costos del cuidado de la salud y transicionar a mediano largo plazo hacia un plan de salud de acceso universal, entre otras. Ella era la candidata de, como decía el New York Times, “personas blancas, algunos ricos, progresistas, con educación universitaria y especialmente mujeres”. De hecho, la revista New Yorker llegó a titular una nota de opinión como  la que “vendía populismo para profesionales”. Al retirarse de la carrera presidencial, Warren no brindó su apoyo ni a Biden ni a Sanders, pero sin lugar a dudas le quitó una parte importante de votantes a este último.

No caben dudas de que Bernie Sanders comenzó a poner en boca de los estadounidenses, desde hace ya varios años, temas como salud gratuita para todas las personas (Medicare for all), el acceso a la universidad sin aranceles y la cancelación de las deudas estudiantiles; derechos universales que, en uno de los paises mas ricos del mundo, no están garantizados. Debido al alto costo de la salud y la educación, estas propuestas representarían un gran alivio para los sectores trabajadores. Pero la pregunta es, ¿por qué Sanders confió otra vez y se abrazó al Partido Demócrata para tratar de llegar a la presidencia con propuestas socialdemócratas en un país donde los partidos tradicionales han gobernado el país turnándose en el poder  con un régimen neoliberal desde los últimos 40 años?

Objetivamente, Bernie Sanders tenía las condiciones para hacer su propio partido o un partido de coalición, ya que durante estos años ha reclutado muchos simpatizantes, militantes, partidos de izquierda como el Democratic Socialists of America (DSA), intelectuales como Naomi Klein y hasta celebridades, como Susan Sarandon, que lo apoyaban. Pero lo imprescindible para poder rodar una campaña presidencial en Estados Unidos es el dinero, y Sanders lo obtenía de sus seguidores. Solo en febrero de 2020, recaudó 46,5 millones de dólares en donaciones, superando ampliamente las cifras que el resto de los candidatos habían juntado en ese mes.

Por otro lado, el bipartidismo en Estados Unidos es muy fuerte. Hasta ahora, ningún otro partido en la historia del país ha tenido éxito masivo. Existen algunos como el Green Party o el Libertarian Party, pero no tienen ni la fuerza política ni la maquinaria que tienen los dos gigantes. A pesar de los intentos de armar una estructura similar a la del Labour Party de Reino Unido, esto nunca sucedió. Es que parte de las clases medias trabajadoras están conectadas profundamente de manera histórica al Partido Demócrata. La causa es que los más adultos recuerdan la implementación de reformas sociales, llevada adelante por los gobiernos demócratas, que han beneficiado a la clase trabajadora, y ese recuerdo ha quedado en el imaginario colectivo. Pero eso terminó en los 90 con la llegada de Bill Clinton a la presidencia quién protagonizó la reducción de programas sociales más grande de la historia de los Estados Unidos.

A su vez, jamás fue la intención de Sanders hacer algo por afuera del Partido Demócrata. Cuando él habla sobre realizar una “revolución política”, lo dice con la intención de hacerlo desde adentro del partido. Y pareció insistir en esa idea, cuando este miércoles, luego de la renuncia a su candidatura presidencial, dijo: “Permaneceré en la boleta electoral en todos los estados restantes y continuaré reuniendo delegados. Si bien el ex vicepresidente Biden será el candidato, debemos continuar trabajando para reunir la mayor cantidad posible de delegados en la convención demócrata, donde podremos ejercer una influencia significativa sobre la plataforma del partido … unidos, avanzaremos para derrotar a Donald Trump, el presidente más peligroso de la historia moderna de Estados Unidos. Y lucharemos para elegir progresistas fuertes en todos los niveles del gobierno, desde el Congreso hasta la junta escolar”.

Pero,  ¿podrá Sanders cambiar un partido que desde hace 30 años emprende una línea neoliberal muy marcada y con una mirada históricamente bélica, capitalista  e imperialista en todos los sentidos? ¿Se puede cambiar esta línea solamente con delegados en la convención de los demócratas? ¿Se puede intervenir fuertemente dentro de un partido donde sus mismos integrantes lo corren en las discusiones “por derecha” y lo acusan de “rojo y de socialista”, sabiendo que durante muchos años el establishment ha convertido a la palabra socialismo  en una expresión política negativa en Estados Unidos?

Un dato a tener en cuenta es que la palabra socialismo, para una parte de la sociedad, en especial la juventud, no tiene una connotación tan negativa. De hecho, algunos de estos jóvenes se acercan a las ideas socialistas. Sin embargo, gran parte de las personas que se identifican con el socialismo no votan, pues tienen la opción de no hacerlo ya que el sufragio no es obligatorio. Otros grupos han votado a Sanders y este hecho se refleja en que la mayoría de sus votantes tienen entre 25 y 50 años.

A pesar de que en este momento Estados Unidos está sufriendo la crisis sanitaria y económica más grande de su historia, con cientos de miles de personas infectadas y decenas de miles muertos por Covid-19,  con decenas de millones de desocupados pidiendo un subsidio de desempleo, con hospitales colapsados en ciudades como New York y New Orleans, con trabajadores migrantes que no van a tener ninguna ayuda del estado federal, y con una casi inexistente planificación de parte de la Casa Blanca ante esta pandemia y crisis del sistema capitalista, es probable que Donald Trump vuelva a ganar la presidencia.  Su popularidad, inexplicablemente en medio de este caos, sigue en ascenso. A su vez, parte del progresismo que vota a Sanders, probablemente no termine votando a Joe Biden.

Bernie Sanders, en su discurso, ha incitado a la organización popular, y algunos movimientos y sectores de izquierda han puesto mucho de su tiempo y de sus recursos en sostener su campaña. Resta ver en un futuro no muy lejano qué sucederá con esos espacios que han apostado ciegamente y han hecho mucho hincapié en la vía electoral de la mano del Partido Demócrata. Sin embargo, el filósofo, lingüista y  activista Noam Chomsky tiene un mínimo de esperanza en todo este suceso y dice: “El peor crimen que cometió Sanders, a los ojos del establishment, no es la política que propone; es el hecho de que fue capaz de inspirar movimientos populares, que ya estaban desarrollados y convertirlos en movimientos más activos con posibilidades de presionar más”.

Es claro que en el contexto en el que se encuentra metido Estados Unidos, los movimientos sociales tienen el desafío de trascender masivamente más allá del electoralismo.

*Corresponsal desde EEUU para ANRed

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