Radiografía de comedores: “Esta situación me hizo acordar a la inundación”

Ante la desidia estatal, las vecinas se organizan para garantizar un plato de comida y tejer redes para sobrellevar la cuarentena obligatoria en la periferia platense. Pulso Noticias recorrió dos centros comunitarios del barrio Altos de San Lorenzo; conocé sus reflexiones

Por Estefanía Velo
Fotos: Gabriela Hernández

Ya pasaron casi 20 días del decreto establecido por el presidente de la Nación sobre la medida de “aislamiento preventivo y obligatorio” para disminuir la propagación del coronavirus, sin embargo, se hace cuesta arriba cumplir dicho DNU en los barrios populares. Ahí donde el mango llega día a día, donde el agua potable no existe y los cables de luz penden de un hilo. Ni hablar de las personas adultas, que están en riesgo, o las mujeres o disidencias sexuales que conviven con su agresor, ¿están obligades a quedarse en su casa?

“Sabemos de algunos casos donde se viven situaciones de violencias y tenemos miedo a lo que pueda suceder”, cuenta Soledad integrante del Centro Comunitario “Expropiemos el Futuro” del Frente de Organizaciones de Lucha (FOL). Y agrega que escuchan gritos, peleas e intentan acompañarlas a pesar de los pocos recursos que tienen.

Para las activistas es muy importante generar un espacio de confianza y de apoyo: “Sabemos que hay vecinas que sufren violencia de género. Tratamos de invitarlas a que se acerquen al comedor a hacer tareas comunitarias, la idea es que puedan salir de ese lugar. No sabemos qué puede pasar en estos tiempos donde están encerradas”, relata Soledad con su ceño fruncido de impotencia.

Tanto el gobierno de la nación como el bonaerense difunden la atención telefónica de urgencia para atender casos de violencia de género, la denominada Línea 144, sin embargo las mismas trabajadoras del área nacional denunciaron el vaciamiento y la precarización laboral que atraviesan en esta situación de emergencia sanitaria y aislamiento obligatorio. “Muchas veces denuncian y es al pe…”, manifiesta Soledad.

A raíz de los reclamos de diferentes sectores del movimiento feminista y el aumento de los femicidios en los últimos días, el gobierno decidió este último domingo establecer un permiso especial para que las mujeres o personas de la comunidad LGTTBI que sufran situaciones de violencia de género puedan circular libremente.

Ante tragedias, apoyo mutuo

La imagen de pérdida y destrucción en las casas por la inundación quedó guardada en la memoria. Mientras termina de limpiar una enorme olla, Soledad dice que lo que está viviendo actualmente le recuerda al 2 de abril de 2013 y los días posteriores. “En aquel momento se perdieron muchas cosas, ropa, heladera, colchones. La cocina se ahogó, y ahí empezamos a hacer ollas populares para todo el barrio”, rememora.

Esa imagen se repite los fines de semanas, cuando la mayoría de los comedores no abren sus puertas y la falta de comida persiste. “Hay vecinos y vecinas que se organizan para poner un poquito cada una, y así hacen ollas populares”, comenta.

La necesidad de los más pobres se profundiza. El último viernes se evidenció la cantidad de personas que fueron a los bancos para cobrar sus jubilaciones, pensiones y asignaciones ya que para muchas de esas personas está siendo su única entrada económica en estas últimas semanas.

La cantidad de alimento de los comedores barriales no aumenta, pero sí las familias que se acercan a retirar su almuerzo y merienda. En ambos comedores se duplicaron los comensales. En el centro comunitario “Casa compartida”, ubicado en lo profundo de Altos de San Lorenzo -24 bis y 90-, están entregando comida a unas 50 familias; mientras que en Expropiemos el Futuro (89 y 17) a unas 40.

En este último, las y los integrantes del mismo además de contar con una guardería, también trabajan la tierra: tienen una huerta. De allí sacan algunas verduras para aportar a la olla y también venden plantines para juntar unos pesos, debido a que la mercadería que reciben por parte del gobierno son sólo alimentos secos.

A pocas cuadras de ambos centros comunitarios hay más comedores populares, pero se siente en el barrio que la comida no alcanza. “La otra vez fui al almacén y escuché como un hombre grande le decía: ´¿No tenés algo para darme?, algo para hacerle la cena a mis hijos, algo, no tengo nada´”, cuenta Soledad. Y lo repite con sus compañeras, quienes no se asombran de esa situación.

Aunque una de ellas manifiesta: “Nunca pensé que iba a tener miedo a que me falte algo, y ahora sí lo tengo. No sé hasta cuándo vamos a seguir así. Ya no tenemos casi dinero en casa”. Su marido trabaja(ba) en la construcción y ella limpia(ba) casas particulares, ambos cobran(ban) por hora.

Cuánto más… ¿y les niñes?

Las vecinas resaltan que hay mucho miedo por cómo seguirá todo en los próximos días y semanas. “Si las clases se reanudan después de las vacaciones de invierno, ¿qué vamos a hacer?”, se pregunta Gabriela. Tiene cuatro hijos pequeños (8 meses, 2, 4 y 8 años) y tiene que salir a trabajar. “¿Qué vamos a hacer con ellos? Tenemos que pagar una guardería o no podemos ir a laburar porque no abren las escuelas ni los jardines”, comenta.

Los rumores se hacen cada vez más realidad. “Los niños no son la prioridad”, dijo la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, cuando explicó la evaluación que está realizando el gobierno de estirar o no la cuarentena. En la quinta de Olivos continúan los análisis sobre qué sucederá después del 13 de abril.

Ya se sabe que las escuelas no abrirán la semana siguiente. No hay confirmación sobre cuándo será, y algunos docentes mencionan que puede ser después de las vacaciones de invierno.

Sumado a la incertidumbre laboral, las vecinas manifiestan las complejidades que atraviesan para realizar las tareas escolares con sus niñes. “Por suerte dejaron algunas fotocopias en el kiosco, porque mi teléfono no tiene internet y no puedo descargarme las cosas”, asegura Miriam, y agrega: “Ahora ella me pasa todo por Whatsapp e intentamos hacerlo ahí”.

La emergencia sanitaria por el coronavirus puso en evidencia los problemas estructurales que tienen desde hace décadas los barrios populares. Puso en evidencia que el sistema educativo no está preparado para ser virtual, puso en evidencia la desigualdad social. Ningún gobierno desde 1983 hasta la actualidad pudo revertir la pobreza ni dejar de endeudarse con el Fondo Monetario Internacional. Más allá de los colores partidarios todos los gobiernos han administrado (y administran) el Estado para sostener el sistema capitalista, el cual se basa en generar mayor ganancia para unos pocos, y mayor precarización de sus vidas para muchas otras personas.

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