El futuro incierto del Zoológico de La Plata

Foto: María Paula Ávila

Tras la muerte de Pelusa, el Municipio se debate qué hacer hasta que se logre la reconversión en ecoparque. Una buena cantidad de animales no podrán ser trasladados y pasarán sus últimos días en el predio ubicado en el Paseo del Bosque

Las puertas del Zoológico platense permanecen cerradas desde la muerte de Pelusa, pero todavía no se sabe hasta cuándo ni cuál será el plan a futuro de la Comuna en torno a la reconversión del predio ubicado en avenida Iraola y 52. Mientras tanto –en cautiverio y desolado– el hipopótamo espera una respuesta. También aguardan alguna señal la tigresa y el lobo marino, que todavía tienen la esperanza de poder ser trasladados a un espacio más amigable. Hay otros que no lo saben, pero van a morir ahí.  El león Nico, que a sus 22 años padece epilepsia, el tigre macho y dos chimpancés correrán la misma suerte que la elefanta emblema y que Dhara, la tigresa blanca que falleció el mes pasado a raíz de un problema en sus riñones.

Ellos no serán los primeros. Encerrados para el entretenimiento humano, en el Zoológico de La Plata el año pasado murieron trece animales: un antílope eland, un cisne australiano, un carpincho, un pecarí de collar, dos calacantes, tres muflones de Córcega y tres suricatas. También la leona Andy, que había llegado en 2005 y que fue la primera en su especie en tener tres cachorros durante su cautiverio en nuestra ciudad.

En este contexto, el subsecretario de Gestión Ambiental, lic. Germán Larran, dio a entender que la muerte de Pelusa podría llegar a acelerar el proceso de reconversión del Zoo en un ecoparque. Al respecto, Malala Fontán, activista de la agrupación SinZoo, dijo: “Esperemos que les haya tocado el corazón a los funcionarios y que se haga una transformación en serio. Ese tiene que ser el legado de la elefanta”.

Si efectivamente esto llegara a suceder en el corto plazo, la reconversión del Zoológico de la ciudad de Mendoza podría ser un buen modelo a imitar. Allí, en un proceso largo pero sin pausa, más de 2.500 especies están siendo reubicadas y hasta se promulgó un plan de adopción responsable para animales de granja que vivían en cautiverio. Lamentablemente, en otros casos de Argentina la experiencia resultó nefasta: en Bahía Blanca cerraron el espacio ubicado en el Parque Independencia, pero los animales fueron tirados en otros zoológicos donde continuaron con la misma vida miserable. En Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta también les mintió a los porteños cuando prometió extremar los cuidados de los 900 animales que quedaron con el cierre del Zoo.    

En nuestra ciudad el panorama parecería más alentador: más allá de algunas complicaciones que puedan surgir con algunos especímenes enfermos o longevos, “por la cantidad de animales que tiene el Zoológico de La Plata es sumamente fácil de reconvertir”, dijo Malala Fontán y agregó que “los que no puedan ser mandados a santuarios ni reinsertados en la naturaleza tendrán que quedar dentro del lugar, con los cuidadores con los que tienen vínculos, pero tienen que ser retirados de la exhibición. La exhibición y el cautiverio los vuelven locos”.

Un dato que aterra es que, debido al estrés que les provoca la condición de encierro, los animales terminan sufriendo zoocosis, una patología que para ilustrarla sobran ejemplos en este y en el resto de los zoológicos de Argentina: en La Plata, el leopardo y los tigres caminan absolutamente todo el tiempo por sus celdas, queriendo gastar algo de la energía que consumirían en condiciones normales. En el de Buenos Aires, que está cerrado desde hace dos años, un chimpancé está pelado porque se arrancó todo el pelo por los nervios y otro vomita. “La orca de Mundo Marino vive presa desde hace 25 años en una pileta donde apenas puede doblar su cuerpo. Está totalmente loca, va a terminar matando a alguien y ahí la van a matar”, aseguró Fontán.

A más de un siglo desde su creación, pareciera que los zoológicos avanzan hacia un nuevo paradigma. De hecho, aunque todavía quedan cientos de animales esperando su suerte, algunos ya fueron trasladados del predio del Bosque, como el caso de la familia de chimpancés que fue destinada a un santuario de Brasil, varios lémures y un búfalo, que fue a una estación de animales salvajes.

Más allá de que todavía no exista ningún comunicado oficial sobre el futuro del predio ubicado en el Paseo del Bosque, Malala Fontán cree que “hay que terminar con esto de una buena vez. Cerrarlo hasta la reconversión definitiva no creo que traiga ningún problema. La entrada era irrisoria, muy distinta a los 400 pesos que te cobraban en el de Buenos Aires hasta que cerró”.

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