El fútbol y la oportunidad de una revolución

Putín y Maradona durante el sorteo de los grupos para el Mundial

A pocos días del inicio de un nuevo Mundial, algunas miradas están puestas en lo que podría ser una revolución contra el machismo, fundamentalmente contra la homofobia. A modo de protesta, veinte futbolistas europeos saldrían del closet

El Mundial Rusia 2018 albergará dos de los rincones más homofóbicos y machistas del mundo: el fútbol y la propia Rusia. Desde el “mundo futbolero” se pretende imponer que el fútbol masculino profesional es un deporte de machos. Esta idea se reproduce en las tribunas y en los medios de comunicación estrictamente deportivos, generando un consenso generalizado que marca que lo puto, marica, gay o “de nenas” es equivalente a la cobardía, al perdedor o a la falta de actitud. De este modo se naturaliza la idea de que el fútbol es un deporte para los hombres heterosexuales. Este tipo de discriminación impuesta desde el mercado, los medios y las tribunas produce miedo y autocensura en los jugadores que no se ajustan a la heteronorma. Producto de esta realidad es que en el ámbito del fútbol profesional masculino son casi nulos los casos de jugadores, directores técnicos, dirigentes o árbitros abiertamente homosexuales o bisexuales.

Por su parte, durante el mes de junio se cumplirán cinco años desde que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, firmó la Ley de Propaganda Gay, que prohíbe cualquier exposición de formas no tradicionales de la sexualidad, escudándose en la “protección de la niñez”. Pero esa ley no es la única medida nefasta, porque un año antes se prohibieron las Marchas del Orgullo LGBT en Moscú por el lapso de ¡100 años! Aunque la Corte Europea rechazó dicha prohibición, ese fue el primer avance para imponer la Ley de Propaganda Gay que, de todas maneras, también imposibilita cualquier manifestación pública de la diversidad sexual.

¿Cómo seguirá esta situación durante el Mundial? Para empezar, el año pasado, cuando se sortearon los distintos grupos para las selecciones clasificadas, la FARE, una red que combate la desigualdad y la discriminación en el fútbol, lanzó un comunicado donde anunciaba que se difundirá una guía para turistas LGTB que visiten Rusia durante el Mundial, para evitar comportamientos, como tomarse de las manos por la calles, que puedan provocar los ataques homófobos que son habituales en el país. Aunque suene terrible que exista una guía de ese tipo, igualmente podría ser de utilidad para evitar la violencia, pero todavía la FARE no difundió ningún tipo de guía o consejos.
Por otro lado, a causa de la situación homofóbica rusa, hinchas de Alemania e Inglaterra preguntaron a FARE si estará permitido llevar banderas del arcoiris a la cancha. En este sentido, Alexey Smertin, encargado de la Oficina Antidiscriminación de la Unión de Fútbol Ruso, respondió recientemente que estará permitido usar banderas LGBT durante el Mundial.

Una propuesta que también se difundió recientemente es la reproducida por el inglés Liam Davis, único jugador abiertamente gay en actividad en Gran Bretaña. Según declaró días atrás, en Europa se está preparando una jugada maestra: 20 jugadores de fútbol “saldrían del clóset” cerca del Mundial. Según Davis, quien estimula a jugadores profesionales a que visibilicen sus orientaciones sexuales, todo está listo para que eso suceda. Si finalmente se concreta, este Mundial hará historia, una victoria que tal vez para mucha gente podrá eclipsar al ganador de la Copa del Mundo.

Futbolistas que asumieron su sexualidad  

Son contados los casos de futbolistas que asumieron su sexualidad. Incluso a nivel mundial. Parece que ser gay no ayuda a construir la imagen de futbolista exitoso. Incluso, la mayoría sufrió consecuencias directas, lo que además ha alimentado la idea de esconder la sexualidad a las generaciones venideras.

El primer antecedente recae sobre el año 1990, cuando el futbolista inglés Justin Fashanu admitió ser homosexual. Fue la primera vez que un jugador de fútbol profesional lo reconoció públicamente. La confesión tuvo consecuencias nefastas para él: se retiró del deporte por la presión de todos los que estaban a su alrededor y un año después, en 1998, fue acusado de abuso sexual en Estados Unidos por un joven de 17 años y, aunque la investigación fue abandonada por falta de pruebas, lo llevó al suicidio, debido a que ya había sido señalado como culpable del presunto delito.

No fue el único caso que recibió represalias por confesar su sexualidad. En el 2011, el jugador estadounidense David Testo reveló que era homosexual. Meses después, su equipo, Montreal Impact, no le renovó el contrato.

También, tras su paso por el Leeds United inglés, Robbie Rogers reconoció abiertamente su homosexualidad en 2013. El jugador estadounidense, incluso, recibió la felicitación de Barack Obama por la valentía de hacer pública su condición sexual en un mundo tan difícil como es el del deporte rey. Sin embargo, el centrocampista decidió retirarse repentinamente y con tan solo 25 años. Pocos meses después, uno de los mejores equipos de la MLS de Estados Unidos, Los Angeles Galaxy, decidió incorporarlo a su equipo, convirtiéndose así en el primer jugador abiertamente gay de la liga de soccer.

El futbolista Liam Davis, de 31 años, único jugador abiertamente gay de Inglaterra, en 2014 fue accidentalmente descubierto como homosexual por un periódico local. Para él fue una revelación, no un riesgo. “Ni una vez tuve un problema”, dijo. “El juego ha sido brillante para mí. Como sería para ellos”.

¿Y en Argentina?

La reciente publicidad realizada por una señal deportiva de cable nacional, emitida sólo por algunas horas y dada de baja debido al repudio que generó, puso nuevamente bajo la lupa el machismo y la homofobia reinantes en el fútbol argentino. En la aberrante edición de la misma, a modo de aclaración para Putín, se dejaba en claro que los hinchas y jugadores del fútbol argentino pueden abrazarse, compartir un vestuario o hasta darse un beso. Lo que generó que la propaganda fuera dada de baja de inmediato fue que el mensaje final daba la sensación de buscar “proteger” al argentino que tenga pensado ir a Rusia, para que no confundan su “chichoneo” con homosexualidad y lo metan preso por ello. Lo que salió como producto destiló una importante carga de homofobia no asumida, pero sobre todo un machismo de siglos, agazapado detrás de festejos de goles. El spot podría haber insistido con el chiste y terminar enrostrándole a Putin que, en nuestro país, los hombres no sólo se tocan y se revuelcan desnudos sino que, si quieren, también pueden caminar por la calle de la mano e incluso casarse. Pero la publicidad no estaba enfocada contra la homofobia, sino que estaba defendiendo un derecho exclusivo de un tipo de hombre.

La edición de la publicidad partió desde la base del mundo del fútbol argentino, que si tiene algo que lo caracteriza es la homofobia por la cual no hay ningún jugador “fuera del closet”, y que además en las últimas semanas estuvo más que sospechado de encubrir y promover situaciones de abuso sexual contra niños de las inferiores y prostitución infantil.

Por otro lado, un supuesto romance entre dos futbolistas de Newell’s generó revuelo en el año 2011. Del mismo habrían sido protagonistas el exdelantero de Boca Ricardo Noir y el exarquero de Vélez Sebastián Peratta. Pero, a pesar de que los jugadores negaron rotundamente el rumor y su homosexualidad, poco tiempo después abandonaron el club asediados por las burlas y los maltratos. Para peor, las carreras de ambos futbolistas se diluyeron.

¿Generará una visibilidad de estos conflictos la presencia en Rusia de hinchadas identificadas con los colores de la diversidad? ¿Será una nueva manera de combatir el tradicional machismo y la heteronormatividad del fútbol masculino? ¿Serán difundidas oficialmente en las transmisiones del Mundial esas manifestaciones o quedarán para la foto viral en las redes sociales? Se espera que esa visibilidad no sea respondida con violencia en las tribunas, y que no sea la única política para enfrentar toda la situación de persecución a la cultura LGBT en Rusia, incluyendo el apoyo de Putin a los campos de concentración y tortura de homosexuales en Chechenia, denunciados recientemente.

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