Una multitud marchó en Zárate para pedir justicia por Fernando

Cientos de personas se movilizaron por las calles de esa localidad, donde viven los acusados de haber asesinado a golpes al joven a la salida de un boliche en Villa Gesell. Siete de ellos ya fueron identificados por testigos en ruedas de reconocimiento

Vecinos de Zárate participaron este viernes de una marcha en pedido de justicia por el crimen de Fernando Báez Sosa, el joven asesinado en un ataque de un grupo de rugbiers de esa localidad a la salida de un boliche de Villa Gesell.

Con carteles que rezaban “Justicia”, “asesinos” y “Zárate no tiene miedo: hoy lloramos a Fernando”, los vecinos se movilizaron por las calles de la ciudad donde viven con sus familias los once detenidos. También hubo muestras de apoyo al remero Pablo Ventura, quien había sido incriminado por los acusados como quien le dio el golpe mortal al joven.

“Que vayan presos los culpables, duele mucho por la pérdida de este chico y estos papás que están sufriendo hoy. Les queremos demostrar que nosotros sufrimos también y que puedan sobrevivir a esto”, dijo una de las manifestantes en declaraciones.

Por su parte, el club Arsenal Zárate de Rugby, que decidió suspender “en forma provisoria” a los tres únicos socios del club involucrados en el hecho, explicó en un comunicado de prensa que no participaron de la marcha “para evitar que nuestra presencia pueda entorpecer de algún modo su normal desarrollo”. También pidieron no utilizar “las insignias o colores del club”.

Siete acusados fueron identificados

Fuentes judiciales indicaron que los testigos que participaron de las ruedas de reconocimiento identificaro a siete rugbiers como los que participaron del ataque tanto dentro como fuera del boliche “Le Brique”.

Máximo Thomsen, uno de los principales sospechosos de dar el golpe mortal, fue reconocido por dos de los tres testigos como una de las personas que le pegaron al joven Báez Sosa en la calle.

El otro implicado, Ciro Pertossi, también fue reconocido por uno de los testigos, que lo ubicó como atacante de uno de los amigos de Fernando.

La medida de prueba tuvo la particularidad de que varios de los reconocimientos fueron realizados de manera fotográfica, ya que algunos de los imputados, después de pasar seis días encerrados en un calabozo, perdieron el bronceado y se complicaba la conformación de las rondas.

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